martes, 21 de abril de 2009

CRÍTICA A UN ARTÍCULO SOBRE LIBROS DIGITALES/ DIARIO EL TIEMPO



Santa Ana de los Ríos de Cuenca, Octubre 19 del año 2008

In sollemnitate Dominica Mundialem Propaganda Fide


Señores

Diario El Tiempo

Ciudad.


De mi consideración:


Os escribo para saludaros y comentaros, hic et nunc, que no estoy de acuerdo con un artículo publicado en la edición dominical de diario «El Tiempo» del día de hoy 19 de octubre, al cual se lo ha intitulado «El libro digital reinará dentro de unos pocos años».


En la nota se habla de que el libro digital superará al tradicional en el año 2018, como soporte de lectura preferido, lo cual me parece una afirmación equívoca, de verbo ad verbum, aún a pesar de que para decirlo os hayáis basado en una encuesta realizada a 1.000 profesionales del sector. Basta con visitar las múltiples librerías que en el mundo existen para darse cuenta de que en los libros existe una sutil invitación cuando se los lee en sus lomos o en sus baldas como si nos dijesen: «cógeme», a fin de descubrir las innumerables cosas de la vida que, a través de sus páginas, aprendemos a diario.


Por otro lado, la comodidad que nos prodiga un libro clásico para ser transportado a donde sea y ser leído a la hora que podamos es algo que no podrá ser jamás suplantado por un libro digital, el cual dependerá mucho, ad contrario sensu, de los condicionantes técnicos que le son connaturales hasta para que puedan ser leídos siempre que la batería del aparato esté cargada.


En nuestros países del tercer mundo, en donde las personas no tienen una cultura de la lectura, si ya es difícil que la gente lea un libro clásico cuanto más difícil resultará que la gente lea un libro digital cuando muchos ciudadanos, in partibus infidelium, carecen aún de recursos económicos para comprar cosas digitales como los libros.


Solo en Ecuador, según encuestas de la SUPTEL, se sabe que apenas el 5 % de los ecuatorianos tienen Internet en sus casas, mientras que muchos ciudadanos acceden a la red desde sus lugares de trabajo o los típicos café nets, hechos que hacen que las circunstancias sean muy difíciles para pensar que, en una década, la situación cambie como para que las personas se dediquen a leer solamente libros digitales.


Permítanme deciros que el libro nunca morirá. Pasarán los años, abrirán y cerrarán las diferentes librerías o bibliotecas, nacerán nuevas tecnologías, pero la lectura sobre el papel seguirá. Y es que en la relación con los libros y quienes somos lectores empedernidos existe una alquimia entre los cinco sentidos, pues un libro se toca, se lee, se huele, se escucha el suave sonido del pasar de sus hojas. Inclusive se puede percibir un sabor y un regusto inolvidable frente a los libros que se depositaron, ab aeternum, en nuestra memoria.


Espero que esta humilde opinión de lector y hombre de letras os ayude a clarificar que lo expresado por vosotros en vuestro artículo no puede ser considerado como una declaración absoluta ante un asunto que es vivencial desde todo punto de vista y perspectiva.El libro nunca morirá, mientras haya lectores y libreros que lo amen con los cinco sentidos…


His cum affectibus vobis et grata recordationem,


Diego Demetrio Orellana

Concha, super flumina Tomebamba, die XIX, mensis octobris, currentis Anno Domini bismillesimo octavae, in sollemnitate Diem Mundialem Propaganda Fide.

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