domingo, 17 de abril de 2011

SEMANA SANTA


La Semana Santa es una de las más importantes tradiciones de la morlaquía y conviene rememorar los aspectos que entrañan intrínsecamente su significado e importancia.


Los orígenes de la «Semana Santa» o también llamada «Semana Mayor» se remontan a la época en la que los primeros cristianos empezaron a celebrar ocho días santos entre el Domingo de Ramos y el Domingo de Resurrección, para hacer un memorial de la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.


In illo tempore, existían serias disputas acerca de la fecha en la cual debía de ubicarse este ciclo sacrosanto, pero la Santa Madre Iglesia Católica, Apostólica y Romana encontró la manera más precisa para calcular la Pascua Florida de Resurrección, a base del calendario lunar y el equinoccio de primavera que acontece cada 21 de marzo, y en el Concilio de Nicea, del año 325, estableció la siguiente fórmula: «La Pascua Florida de Resurrección será ubicada, anualmente, el primer domingo inmediatamente posterior a la primera luna llena que caiga tras el equinoccio de primavera».


Como el calendario lunar dura 28 días, dicho plenilunio jamás cae en la misma fecha, razón por la que la Pascua es una fiesta móvil que suele localizarse tan temprano como el 22 de marzo o tan tarde como el 25 de abril de cada año. Este cálculo es llamado como la «epacta», palabra que viene del Griego y que se refiere al número de días en que el año solar excede al lunar común de doce lunaciones. Fijada la Pascua se establece el período de Cuaresma y la última semana de ésta se destina a la Semana Santa o Semana Mayor, la cual principia con el Domingo de Ramos, expresión que viene de la sempiterna lengua latina, en donde se conoce como «Dominica in Palmis»; por esta razón, este día es llamado, en muchos lugares, como el «Domingo de Palmas», en recuerdo de la entrada de Jesucristo a Jerusalén, cuando –según el relato bíblico- fue recibido con palmas y proclamado como Hijo de Dios.


Los habitantes de la morlaquía compran ramos para bendecirlos en las iglesias durante las misas del Domingo de Ramos, mientras la ceremonia más importante de ese día se realiza en la iglesia de San José del Vecino, de la comunidad mercedaria, en donde tiene lugar la «Procesión de Cristo Pobre», taumaturga imagen venerada en dicho templo por décadas. Miles de cuencanos suelen trasladarse hasta ese lugar para participar en esta tradicional ceremonia.


La Semana Santa culmina con el Domingo de Pascua Florida de Resurrección. Cabe indicar, que la Pascua era una de las fiestas más solemnes de los hebreos, quienes celebraban, a la mitad de la luna de marzo, la libertad del cautiverio de Egipto. La palabra nació como «pesah», que en Hebreo significa «saltear» o «pasar por alto», en alusión al hecho bíblico que cuenta, en el Libro del Éxodo, que el ángel exterminador enviado por Yavéh Dios salteó las casas de los judíos, cuyas puertas habían sido marcadas por orden divina.


El término pasó desde la lengua hebrea hasta el Griego, en donde se lo conoce como «Paska». Desde aquí, en la tradición grecolatina, se trasladó a la culta e inigualable lengua latina como «Pascha», pero en el Latín vulgar se convirtió en «Pascua» y fue este término el que heredó el Castellano, con todo un proceso de riqueza lingüística nunca antes visto.


La primera documentación del uso de esta palabra en nuestra hermosa lengua de Castilla data del año 1090, época en que nació justamente el Castellano, mas en los últimos siglos, se la ha utilizado también para designar, en la lengua castellana, a la Navidad. En otras lenguas romances no se tiene esta costumbre, excepto en el Italiano, en donde se utiliza la expresión «Pasqua minore» para referirse a la Navidad.


Esta es la razón por la cual, en nuestra cultura castellana, es común que los hispanohablantes digan: «Felices pascuas de Navidad» como un saludo típico de la época navideña, aunque es raro que digamos: «Felices pascuas de resurrección», quizás por ese carácter sagrado y de recogimiento que entraña, de profundis, la celebración de la Semana Santa, en la cual los días más importantes son los formados por el llamado «Triduo Pascual», que comprende el Jueves Santo, el Viernes Santo y el Sábado Santo.


El Jueves Santo se conmemora la institución de la Eucaristía y en los oficios de ese día se reserva el Santísimo Sacramento del Altar en un lugar que se prepara en la iglesia, el cual es llamado «monumento», a fin de que los fieles adoren a su Divina Majestad hasta las 3 de la tarde del Viernes Santo, hora en que se conmemora la muerte de Nuestro Señor Jesucristo.


Precisamente durante la noche del Jueves Santo y hasta las tres de la tarde del Viernes Santo, los habitantes de la morlaquía realizan la «Visita de las siete iglesias», tradición que conmemora los siete estadios por los que Cristo pasó desde el momento en que fue aprehendido por los judíos en el Monte de los Olivos hasta su inmolación en el Gólgota.


El Viernes Santo, en las iglesias se reza el «Viacrucis», término latino que significa «Camino de la Cruz» y se refiere a las 14 estaciones vividas por Cristo, desde el instante en que fue aprehendido hasta su crucifixión y sepultura. La expresión eminentemente latina tiene una fuerte riqueza semántica en el Castellano, ya que, en sentido figurado, se la usa comúnmente para referirse a las múltiples dificultades que se presentan en la vida cuando se quieren alcanzar ciertos objetivos. Así, se dice, ad exemplum: «He vivido un terrible viacrucis hasta conseguir este certificado».


El mismo día Viernes Santo, a las 15:00, los cuencanos asisten a los templos para participar en la ceremonia de la «Adoración de la Cruz», en recuerdo de la muerte de Nuestro Señor Jesucristo. Por la noche, desde la iglesia de San Blas hasta la Catedral de la Inmaculada, se realiza una de las procesiones más largas del año, desde 1971, cuando el primer Arzobispo de Cuenca, Monseñor Manuel de Jesús Serrano Abad, suspendió la famosa «Procesión de los Pasos» que se realizaba el Martes Santo en la capital de la morlaquía. En algunos templos, en la noche del Viernes Santo, se oficia una ceremonia conocida como «El llanto de María», en recuerdo de la orfandad de la Virgen Santísima, luego de la muerte de su hijo.


El sábado, los fieles celebran la «Soledad de María» y por la noche la «Vigilia Pascual», que es la celebración litúrgica más importante. Los oficios empiezan en el templo, a oscuras, encendiéndose y bendiciéndose un fuego en el atrio. De ese fuego se prende el «Cirio Pascual», una enorme vela que simboliza a Cristo Resucitado. Acto seguido, los fieles encienden sus velas propias de la llama de este cirio. Llegados al presbiterio, se coloca el «Cirio Pascual» en el centro del mismo, junto al altar menor o al ambón y se encienden todas las luces del templo para cantar el «Exultet» o pregón pascual, antiguo himno alusivo a la noche de Pascua que proclama la felicidad de la Resurrección de Jesucristo. Se entona el «Gloria», que no se había cantado desde que comenzó la Cuaresma, junto con un largo repique de campanas. Continúan las lecturas y el Evangelio, la Liturgia Bautismal, en la cual se administra el bautismo a los niños y se cantan las Letanías de los Santos. Los fieles renuevan sus promesas bautismales y se los asperja con agua bendita. Viernes Santo, en las iglesias se reza el «Viacrucis», término latino que significa «Camino de la Cruz» y se refiere a las 14 estaciones vividas por Cristo, desde el instante en que fue aprehendido hasta su crucifixión y sepultura. La expresión eminentemente latina tiene una fuerte riqueza semántica en el Castellano, ya que, en sentido figurado, se la usa comúnmente para referirse a las múltiples dificultades que se presentan en la vida cuando se quieren alcanzar ciertos objetivos. Así, se dice, ad exemplum: «He vivido un terrible viacrucis hasta conseguir este certificado».

El Domingo de Resurrección o de Pascua es el punto culminante de la Semana Santa. Por otra parte, la Pascua Florida de Resurrección es la fiesta más importante de la Santa Madre Iglesia Católica, Apostólica y Romana, ya que con la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo es cuando adquiere sentido la fe católica, al triunfar sobre la muerte y abrir las puertas del Cielo a los creyentes que celebran la derrota del pecado y de la muerte. En la Resurrección del Señor encuentran la clave de la esperanza cristiana. En la misa dominical se enciende el «Cirio Pascual», que representa la «Lumen Christi» o «Luz de Cristo» resucitado, que permanecerá prendido hasta el día de la Ascensión, cuando Jesús sube al Cielo. La Gastronomía de la Semana Santa es muy peculiar en la morlaquía, con el famoso plato de la «fanesca». Se trata de una sopa de vegetales, con granos de cereales y pescado seco y salado, que se suele acompañar con leche. Se sirve tradicionalmente en el período de la Semana Santa. Los ingredientes varían de uno a otro lugar del país, pero como regla general, además de no llevar carne, debido a la abstinencia observada durante estos días, contiene doce ingredientes vegetales, en clara mención a los doce apóstoles. Se hierve todo hasta adquirir una consistencia claramente espesa.

La música de la Semana Santa es también fundamental, pues en Cuenca se cantan en los oficios de Semana Santa, varias canciones compuestas por músicos cuencanos. Algunas de ellas son anónimas y se conocen por siglos, con admirables cadencias de melancolía y fuertes influencias de los sonidos musicales de nuestros aborígenes, en una preciosa amalgama de intercambio cultural, sólo entendible dentro del magnífico proceso de mestizaje.


DIEGO DEMETRIO ORELLANA


Datum Concha, mensis aprilis, die XVII, reparate salute Anno Dominicae Incarnationis bismillesimus decimus ac primus, in sollemnitate Dominica in Palmis.

martes, 12 de abril de 2011

OSMARA DE LEÓN: UNA SINGULAR DAMA DE LA MORLAQUÍA

OSMARA DE LEÓN: UNA SINGULAR DAMA DE LA MORLAQUÍA

Por: Diego Demetrio Orellana

Todos los habitantes de la morlaquía la conocen y la consideran como una cuencana de alma, vida y corazón. Es Osmara de León, la bailarina de los pies desnudos, como alguien la llamó alguna vez. Acaba de partir a la Casa del Padre en la madrugada del 9 de abril, en vísperas del V Domingo de Cuaresma del año del Señor de 2011. Su sentida muerte deja en luto eterno a Santa Ana de los Ríos de Cuenca, urbe adoptiva de esta excepcional mujer de larga y rubia cabellera, de piel blanca y labios siempre coloreados de rojo intenso, a la cual es justo y necesario rendirle un homenaje de admiración, respeto y gratitud por su gran labor cultural para la «Atenas del Ecuador», pues su existencia ha sido un apostolado a favor de la danza, área en la que tiene el privilegio y el mérito de ser pionera e iniciadora de la actividad en la capital de la morlaquía, constantemente amada por ella, in honorem artis.

Santa Ana de los Ríos de Cuenca - Ecuador

Su figura era inconfundible desde todo punto de vista, pues sus características esenciales la hacían dueña de una sorprendente personalidad, ya que era de aquellos personajes de porte distinguido que brillan con luz propia e irradian respeto desde toda perspectiva, mucho más cuando era un privilegio contar con su amistad, pues Osmara rendía tributo a la lealtad y apreciaba a las personas reconociendo sus valores y cualidades, ante omnia, por sobre todas las cosas.

Lo que más llamaba la atención, para quien tenía la oportunidad de escucharla, era su sonrisa siempre inherente a su persona, junto a su voz meliflua y melodiosa, con fuerte y acendrado acento español, mientras irradiaba bondad y sencillez e incitaba una delicada ternura debido a su extremada sensibilidad, que le permitía captar, in extremis, las cosas más profundas de la vida. Despierta y vivaz, de conversación agradable, ocurrida y chispeante, sus coloquios eran capaces de terminar en risas, destacándose una hermosa manera de reírse de todo lo que era capaz de producir hilaridad.


Capilla ardiente in memoriam Osmara de León, Cuenca - Ecuador

Eterna caminante por las calles de la urbe, su ruta diaria era el trayecto que iba desde su casa, en la calle Luis Cordero, entre Gaspar Sangurima y Vega Muñoz, hasta el Conservatorio de Música «José María Rodríguez», centro de su actividad cultural, luego a la estación radial de Ondas Azuayas, sitio en donde desarrollaba una importante labor comunicacional. Y así, diem per diem, era común encontrarla en su cotidiano recorrido y compartir unos instantes con su amable compañía. También, una ruta común que la seguía con particular devoción era su peregrinación a la iglesia de María Auxiliadora, templo a donde acudía con frecuencia para escuchar la Santa Misa, pues sus sentimientos religiosos eran fuertes como ciudadana católica, apostólica y romana.

Su verdadero nombre era Carmen Estrella Villamana Bretos y nació en La Habana (Cuba), el 16 de julio de 1928. Era hija de una pareja de españoles cuyos nombres de pila tenían como patrono a San Antonio de Padua, pues habían sido bautizados como Antonio Villamana y Antonia Bretos. Dicen que la madre era una cantante con voz de ópera, aunque nunca se dedicó al arte; mas el destino -que tiene siempre insondables misterios- habría de hacer que la hija de este matrimonio descollara como una destacada bailarina de danza clásica y ballet, la cual tenía para sí múltiples talentos, entre los que sobresalían, exceptis excipiendis, sus grandes capacidades para la ejecución del piano, su sensibilidad para coger la pluma y sus innatas condiciones para el teatro, cualidades que complementaban la principal actividad a la que dedicó su vida: la danza.

Siendo niña, se radicó con sus padres en Zaragoza y Barcelona y, a fortiori, su cultura hispana la tenía profundamente marcada de maxima ad minima. Mas los inicios de su carrera artística hubieron de partir en México, lugar en donde acuñó el nombre artístico de Osmara. Se dice que un periodista italiano le dijo alguna vez que su nombre de pila daba la idea de castañuelas y gitanas y que no iba con su baile exótico. Por ello, buscó un nombre artístico que se convertiría, post factum, en su carta de presentación para toda la vida. Uno de sus ídolos en la danza era la bailarina estadounidense, Isadora Duncan (1877 – 1927), cuyo estilo de baile lo adoptó, pues estaba inspirado en la Grecia clásica y dejaba adivinar el cuerpo, entreviendo las piernas desnudas y los pies descalzos, vistiendo el tutú en el ballet clásico.


Isadora Duncan (1877 - 1927)

Así brilló en varios escenarios de México, Cuba, España, Venezuela, Argentina y Estados Unidos. Al Ecuador llegó en el Carnaval del año del Señor de 1951, en una gira como solista de danza. Sin embargo, jamás imaginó que en estos lares habría de quedarse, in æternum, debido a que se enamoró del afamado pintor cuencano Ricardo León Argudo, hoy en la eternidad, quien asistió a su primer espectáculo en Guayaquil. Se casaron en Quito y Osmara interrumpió su gira que debía de terminar en Venezuela y México.

Llegó a Cuenca, urbe en donde vivía Ricardo, la cual le embelesó hasta los límites del paroxismo y se convirtió, mutatis mutandis, en su patria adoptiva, aprendiendo a amarla con un admirable espíritu cívico, virtud que la hace una valiosa ciudadana y sensible mujer. Quizás por ello, Osmara solía decir siempre, en sus entrevistas: «Me enamoré de Cuenca y de mi esposo, de este valle privilegiado diferente a toda América».

Obra paradigmática de Ricardo León Argudo

Su presencia en la urbe no fue fácil si se ha de considerar la serie de penalidades que tuvo que sufrir a causa de su actividad: la danza. Parecía que la ciudad no estaba preparada para aceptar a una mujer extranjera enseñando danza clásica a las niñas y señoritas de la morlaquía, debido a la fuerte preponderancia de los prejuicios religiosos de una sociedad en la que todavía, a cuestas, la Iglesia Católica Romana ejercía una todopoderosa influencia como para no aceptar, in libertas et ratio, una labor de esa naturaleza.

La primera academia de danza de Osmara se llamaba «Semblanzas Morlacas» y su esposo le pintaba los escenarios para las presentaciones de fin de curso. Con 25 alumnos, entre los que estaban cinco músicos y 20 bailarinas, ganó un concurso nacional que la catapultó al Congreso Hotelero en Miami. Esa fue la primera aparición de Osmara representando al Ecuador y ganando el tercer lugar en el año de 1952.

A pesar de ello, los comentarios que circulaban en Cuenca frente a la pionera labor de Osmara son dignos de constar en el Libro de los Guiness. Ad exemplum, se decía que ella había venido a traer un adelanto que iba a producir una desmoralización en la juventud y que el ejercicio del ballet era peligroso, pues afectaba incluso a la virginidad de las muchachas.

Iglesia del Santo Cenáculo, centro de la actividad pastoral del P. Aurelio Aulestia, S.J.

Uno de los más adversos opositores a Osmara fue el reverendo padre Aurelio Aulestia, S.J., de la Compañía de Jesús, quien era párroco de la iglesia del Santo Cenáculo y editaba hojas volantes en contra de la bailarina. El fanático religioso jesuita iba por las casas cuencanas llevando a la imagen de la Dolorosa del Colegio «San Gabriel» y, ab irato, se presentaba diciendo: «Vengo a hablar en nombre de la Dolorosa, su hija está en la escuela de danza de Osmara; por favor, sáquela de allí…».

Aunque parezca un asunto de Rippley, muchas niñas fueron retiradas de la escuela de danza. Osmara contaba siempre que «la Iglesia iba a excomulgarla por considerar que su baile era inmoral, que atentaba contra la integridad y la salud de las niñas». Así, 41 estudiantes fueron retiradas de su academia pero su pasión por la danza no fue amilanada en grado sumo. Su esposo, el pintor Ricardo León Argudo, la animó a seguir con la tarea y ergo, subvencionaba de su bolsillo el funcionamiento de la actividad. Él ha sido la razón de su vida y la causa por la que se quedó para siempre en esta ciudad. Y mientras vivió, el amado esposo representó el gran soporte para la labor cultural que ha desarrollado desde hace más de cinco décadas.

Contra viento y marea, la enseñanza de la danza y el ballet continuó, de vehementi, y anualmente presentaba un precioso espectáculo de las danzas de su escuela. La bailarina estaba siempre convencida «que lo nuevo siempre causa resistencia» y así, con mente amplia y tenacidad, siguió adelante con su pionera labor, a pesar de haberse quedado con apenas nueve niñas, entre las cuales estaban esmeradas alumnas que no dieron su brazo a torcer y permanecieron firmes en la escuela. Entre ellas, cabe mencionar a Lía y Gladys Arias, hijas de Esther de Arias; Ruth Galarza Gómez, hija de Rosario Gómez, una de las personas que más la apoyó, de manera incondicional, incluso acompañándola adonde el obispo de la Diócesis, quien se había unido a la campaña en contra de ella.

Era pues, Obispo de Cuenca, in illo tempore, Daniel Hermida Ortega y, lleno de fanatismo y pasión enfermiza, había enviado una carta pastoral a las iglesias cuencanas para advertir que la danza era pecaminosa, pues en su calidad de nonagenario no podía comprender esta labor cultural y creía que las niñas que, en los espectáculos de Osmara, se vestían con telas transparentes, mostrando las piernas, no debían matricularse en la escuela de danza creada por ella, mientras había lanzado anatemas en contra de Osmara para excomulgarla de la Iglesia.

El hecho es singular, pues Osmara contaba que, a fin de aclarar el asunto, fue a la Curia para hablar con el obispo, ad efectum viddendi, portando un certificado médico de un connotado galeno de la urbe, en el que se manifestaba que la danza y el ballet no eran peligrosos para la virginidad de las niñas.

Ingresó a la casa episcopal en compañía de las dos amigas solidarias nombradas arriba y, cuando ingresaban al despacho de Hermida, Osmara decidió prudentemente no presentarse ante el purpurado para que no se asustase, no así sus amigas, una de las cuales llevaba una blusa de manga corta.

Cuando una de las damas le manifestó que venían a hablar sobre Osmara de León, el anciano obispo –al escuchar tal nombre- levantó su bastón y la expulsó de su despacho episcopal manifestando que «para venir a hablar con un representante del Señor se viene mucho más discreta y modestamente vestida».

Los prejuicios eran de tal magnitud que en las escuelas y colegios se ponían letreros que manifestaban que «la señorita o niña que esté matriculada en la escuela de danza de Osmara no tiene cabida aquí y no tiene matrícula».

La anécdota no sería completa sin precisar que, previo al incidente con el obispo Hermida, Osmara habló con Miguel Cordero Crespo, Vicario de la Diócesis, el cual tuvo un trato más cordial, pero en cuanto a los prejuicios era similar al purpurado, llegando a sugerirle que si Osmara llegara a volver a enseñar la danza, que no volviera a hacer eso de mostrar las piernas de las niñas. Sugirió además que las alumnas deben utilizar túnicas largas y nada transparentes y que no debían alzar las piernas.

Obviamente, Osmara no podía seguir esas sugerencias y manifestó al Vicario, in veritas semper fidelis, que no podía ofrecerle cambiar las técnicas de la danza en algo ridículo y su actividad continuó hacia adelante, pues la destacada bailarina solía decir convencida que «si uno sabe que va por el camino recto y que los demás no lo saben, hay que enseñarles a que conozcan y esa fue mi meta y mi lema».

Cuenca - Ecuador, S.A.

Pero lo que no pudieron los prejuicios de la morlaquía casi lo logra el fallecimiento de su madre, en el año del Señor de 1959, hecho que la dejó triste y la alejó de la danza y el ballet por algún tiempo. Para motivarla, el entonces rector de la Universidad de Cuenca, Carlos Cueva Tamariz, le pidió que abriera una escuela de danza en 1962 y así, pro mundi beneficio, fue la gestora de la creación de la Escuela de Danza del Conservatorio de Música «José María Rodríguez», lugar en donde fue por décadas maestra de ballet clásico y en los últimos cinco años solo en teoría.

Otra de las facetas de Osmara fue la comunicación, la cual la ejerció desde que llegó a Cuenca. Empezó con cuñas publicitarias en emisoras como La Voz del Tomebamba, Radio Popular Independiente y Radio Hermig. Después, hizo radionovelas y radioteatro. La obra que recordaba con especial predilección era «El fantasma» porque hicieron capítulos en vivo, in situ, con efectos y público en la emisora Ondas Azuayas. Después, se involucró como presentadora de noticias y programas culturales en la misma estación radial, en donde tenía una radiorevista que la mantenía con una admirable devoción hasta octubre del año del Señor de 2010. Asimismo, desplegó una importante actividad en la televisión, en donde fue también pionera como destacada presentadora de programas televisivos.

Entre los reconocimientos recibidos a lo largo de su vida están: las preseas Vicente Rocafuerte y Fray Vicente Solano, al mérito educacional, laboral y artístico. El 12 de abril del año 2011 estaba por recibir la presea «Santa Ana de los Ríos de Cuenca», pero la muerte se la adelantó tres días antes del homenaje.

Por todo ello, la ciudad le debe a ella el desarrollo de la danza clásica, así como del ballet y hoy, ad initium tertio millenio, Osmara de León es un personaje respetado de la urbe, a la cual ha entregado sus mejores energías y desvelos. Requiescat in pacem.

Diego Demetrio Orellana

In Concha, apud flumina Tomebamba, ad initium mensis aprilis, die X, reparate salute Anno Dominicae Incarnationis bismillesimus decimus ac primus, in vesperas V Dominica Quadragesima.

REINA HERMOSA DE FUENTES Y FLORES

Por: Osmara de León

Artículo escrito por la egregia bailarina, para la revista «Tres de Noviembre», edición No. 169, noviembre de 2007. Número extraordinario por los 450 años del natalicio hispano de la capital azuaya, en el Año Jubilar de la Fundación Castellana de Santa Ana de los Ríos de Cuenca.

Qué bellas palabras y qué definición tan exacta del poeta… Hablar de Cuenca es hablar de historia, belleza, paisaje, cultura, fe, amor y armonía…

Cuando conocí esta bendita tierra, hace más de cincuenta años, era una ciudad tímida, recoleta, aislada, guardando un tesoro colonial en sus perfiles y derrochando hermoso paisaje…

Cuenca era una ciudad de proverbial cultura y bellas tradiciones, celosamente guardadas por sus moradores, gente de elevado espíritu y exquisita educación…

Llegué accidentalmente, por mandato del destino, pero me quedé para siempre… Cuando la vi por primera vez, me pareció como si hubiera retrocedido en el tiempo…

Sus templos, sus palacios coloniales, sus jardines, sus cristalinos ríos que cantaban en un paradisíaco valle perfumado de eucaliptos, retamas y rosas… Bosques alfombrados de fresco verdor… y un cielo azul, tan azul que parecía tachonado de turquesas…

Después de haber recorrido América fue como un descubrimiento… El impacto fue emocionante… Había derroche de poesía, literatura, música… Lo único que faltaba era la danza y esa fue la tarea que Dios me encomendó, aunque hubieran las dificultades que siempre acompañan a lo desconocido…

Aquí encontré también el amor y mi matrimonio con el consagrado artista pintor Ricardo León Argudo. Fue la culminación de una gira artística que debía terminar en Venezuela y México. En aquel entonces, tuve la oportunidad de conocer dignísimas damas de Cuenca, de singular belleza y estirpe, que me favorecieron con su cálida amistad… También, distinguidas personalidades del mundo del arte y la cultura cuencanas: Remigio Romero y Cordero, Eduardo Muñoz Whiley, el gran miniaturista al que debo un bello trabajo de mis danzas, a César Andrade y Cordero, que me honró con su bella poesía «Estirpe de la danza», a Rigoberto Cordero y León, entusiasta colaborador, en la literatura, de las presentaciones de danza… Al Dr. Víctor Gerardo Aguilar, Rector del colegio «Manuel J. Calle», que me encargó mi primer trabajo en el sector educativo de la ciudad, a Francisco X. Salazar, con cuyo apoyo se conformó un grupo folklórico de niños que ganó en Quito el premio en el concurso «El niño de las Américas», organizado por la esposa del Dr. José María Velasco Ibarra…

Detalle del frontis de la llamada casa Jerves - Calero

*

Al Dr. Carlos Cueva Tamariz, con cuyo nombramiento fundé la escuela de danza del Conservatorio de Música «José María Rodríguez». En esa época, el grupo folklórico «Semblanzas morlacas» representó al Ecuador en Miami y ganamos distinguido premio internacional…

Conocí también al Dr. Rafael Sojos Jaramillo, Rector del Conservatorio, genial compositor que nos dedicó una obra del ballet sobre una leyenda jíbara escrita por Mary Corilé, la inmensa poetisa… Carlos Ortiz Cobos y Francisco Torres Oramas… cuya música ilustró bellas danzas autóctonas… y tantos y tantos destacados caballeros, escritores, músicos, poetas, literatos de alcurnia que dieron a Cuenca el nombre de «Atenas del Ecuador»…

La Cuenca de aquel entonces cultivaba el clan familiar primordialmente y era emocionante y tierno expectar el desfile, en Semana Santa, de numerosos grupos familiares, acompañados de sirvientes y empleados, para dirigirse a rezar las siete iglesias inundando las calles de devoción y fe...

Basílica de la Morenica del Rosario

Las familias que contaban con 10, 12 o 15 hijos eran cuna de nobleza, cultura, religiosidad y respeto… Cuenca ejemplar… Cuenca admirable…

Cuántas noches recorrí las orillas del río Tomebamba, embelesada con el poético murmullo del río donde rielaba una luna de plata… Esas noches en comunión con la naturaleza, llenas de misterio, de hadas, de elfos, de brisa acariciante...


Esas noches en las que parecían emerger de las torres de los templos, ángeles y santos que bendecían la ciudad mientras las altas cúpulas erguidas y eternas la defienden como sagrados centinelas...

Cuenca permanecerá incólume al paso de los siglos porque es una ciudad protegida por Dios… Su atracción y misterioso encanto prevalecerán por siempre…

Reina hermosa de fuentes y flores…


viernes, 1 de abril de 2011

ABRIL


La palabra es castellana pero su etimología viene de la inmortal lengua latina, ya que los habitantes de la antigua Roma le llamaban «Aprilis» en dicho idioma, padre nutricio de nuestra hermosa lengua de Castilla.


En el viejo continente, por otra parte, es el mes en el que se consolida la primavera, pues la floración en las campiñas es sorprendente y los tonos multicolores de las flores producen estupendos paisajes, que han inspirado -in honorem lingua nostra- bellas composiciones literarias para este bendito mes, por parte de destacados hombres y talentosas mujeres de pluma a lo largo de la historia.

En Santa Ana de los Ríos de Cuenca, así como en todo el Ecuador, abril es un mes considerado como lluvioso en grado superlativo. Por eso, los dichos populares asociados con este mes son profusos en relación a la lluvia.


El más famoso de todos es, quizás, aquel que dice: «En abril, las aguas mil». Sin embargo, debido a la versatilidad de la lengua castellana, la sabiduría popular ha dado a este dicho una serie de variantes, entre las que cabe citar algunas expresiones: «Abril, para ser abril, ha de tener aguas mil», o también: «En abril, lluvias mil». Inclusive, hasta en la Madre Patria España se acostumbra decir: «En Abril, aguas mil», lo que pone en evidencia la riqueza semántica de la lengua de Castilla para definir a las cosas y traspasar las fronteras, allende los mares, a fin de comunicar esencialmente los asuntos más profundos de la cultura popular.


Iglesia de San Francisco, Cuenca - Ecuador, en una tarde de abril

*


Los antiguos habitantes de la morlaquía tenían curiosas costumbres en el mes de abril. Ad exemplum, como las lluvias eran exuberantes y las tormentas, en ocasiones, se volvían tremebundas y preocupantes en sumo grado, nuestros abuelos, creyentes como eran, creían que las mismas podían ser aplacadas quemando ramos benditos en los momentos en los que los pertinaces aguaceros hacían de las suyas por estos lares.



Para ello, mientras se quemaban los ramos, una jaculatoria muy conocida por los cuencanos de todas las épocas se rezaba con devoción: «Una voz oí en el cielo/ de su Divina Majestad/ válgame la cruz del cielo/ y la Santísima Trinidad/ Jesucristo aplaca tu ira/ tu justicia y tu rigor/ y por tu preciosísima sangre/ misericordia Señor, de este miserable pecador».


La fe de los habitantes de Cuenca era de tal magnitud que se creía que este ceremonial era de veras efectivo contra las tormentas, no sólo de abril sino de todo el año; de allí, la centenaria costumbre de bendecir los ramos en Semana Santa para guardarlos en cada una de las casas cuencanas para ser utilizados en el mal tiempo, costumbre que aún se conserva en muchos hogares de la «Atenas del Ecuador» y que reivindica, per se, señas indelebles de identidad para la morlaquía, considerada, in aeternum, como un hecho singular de la cultura ecuatoriana.


GIL RAMÍREZ DÁVALOS
ANDRÉS HURTADO DE MENDOZA

*


Para los cuencanos, abril es el mes del natalicio castellano de Santa Ana de los Ríos de Cuenca, pues el Lunes Santo 12 de abril del año del Señor de 1557, el capitán Gil Ramírez Dávalos fundó la urbe, cumpliendo el mandato del Marqués de Cañete y tercer Virrey del Perú, Don Andrés Hurtado de Mendoza, Guarda Mayor de la ciudad de Cuenca de España, quien quiso que una urbe que fuese homónima de su nativa Cuenca de Castilla fuere fundada en tierras americanas, in illo tempore, recién descubiertas por la corona ibérica.


20 de abril de 1906

El milagro de la Dolorosa del Colegio «San Gabriel»

Quito - Ecuador

Asimismo, para todos los ecuatorianos, abril es el mes de la Dolorosa del Colegio «San Gabriel», pues el 20 de abril de 1906, siendo las 20:15, la epónima efigie mariana del colegio jesuita de la capital de la república, de cincuenta y dos centímetros de largo por cuarenta de ancho, movió los párpados, a la hora de la cena.




El proceso canónico instaurado para validar el prodigio da cuenta de que, en ese instante, en el comedor del internado de la Compañía de Jesús de Quito, en la mesa más cercana al cuadro de la Mater Dolorosa, colgado en la pared a 180 centímetros del suelo, se encontraban tres niños de los que habían hecho recientemente la Primera Comunión: Jaime Chávez Ramírez, Carlos Herrmann y Pedro Donoso Lasso. El P. Roesch, S.J., Prefecto del Internado, llamó a Donoso a una mesa contigua. Entonces, Jaime Chávez Ramírez, de 11 años de edad, dirigió su mirada a la Santísima Virgen y lleno de espanto vio, sin poder dudar, que la Dolorosa movía los párpados, los abría y los cerraba de manera intermitente. Creyó el muchacho que era una impresión suya y, asustado, se cubrió los ojos con las manos. Luego, dominado aún por el temor, dijo a Carlos Herrmann, de once años y medio: «Ve a la Virgen». El amigo la miró y vio el mismo prodigio. Ambos niños se arrodillaron entre la mesa y la banca y rezaron… La noticia corrió entre los internos del colegio «San Gabriel», que eran 36 en total, quienes reaccionaban con curiosidad y devoción. Los muchachos estaban entre 10 y 17 años… y, post factum, el milagro se hizo famoso urbi et orbi.



Pero abril, no obstante, es también un mes que ha provocado múltiples dichos populares en la Madre Patria España, en donde los habitantes de Castilla utilizaban una serie de expresiones populares para referirse a este mes. Muchos de esos dichos han pasado a nuestro continente sin mayores problemas y han sido utilizados como ejemplos de la riqueza semántica del Castellano para definir el tiempo y expresar las características esenciales del mes de abril.


«Marzo y abril la vieja al veril»


«Abril que sale lloviendo, a mayo llega riendo»


«Abril no se llama abril, sino ¡Ah, vil!»


«Llueva abril y mayo aunque no llueva todo el año»


«En abril la helada, sigue la granizada»


«Harás quesos mil en el mes de abril»


«Injerta en abril y a los tres años cogerás uvas mil»




«La abeja y la oveja, en abril dejan la pelleja»


«Para Santa Catalina, el gallo con la gallina» (29 de abril)


«A fines de abril, en flor la vid»


«En abril, la flor empieza a lucir»


«Abril no es padre que es compadre»


«Si por San Jorge hiela, no cogerás muchas peras» (23 de abril)


«En abril pone la perdiz»


«Abriles y yernos pocos hay buenos»


«Tu perejil siémbralo en abril»


«Abril saca la espiga a relucir»


«Las mañanitas de abril son buenas para dormir»


«En abril grande o chica la espiga ha de salir»


PAX VOBIS IN IESU, PONTIFEX FIDELIS ET MISERICORS,



DIEGO DEMETRIO ORELLANA In Concha, apud flumina Tomebamba, ad initium mensis aprilis, in vesperas IV Quadragesima