martes, 4 de marzo de 2014

EL VADO: BALDÓN Y OPROBIO EN CONTRA DE SU HISTORIA


Santa Ana de los Ríos de Cuenca, 4 de marzo del año del Señor de 2014
In octava Dominica Quincuagesima

Lcdo. Orlando Pérez
Director de diario «El Telégrafo»
Guayaquil.

De mi consideración:


«IN HONOREM VERITAS CUM HISTORIA IN CONCHA»
«EN HONOR DE LA VERDAD CON LA HISTORIA EN CUENCA»


Hic et nunc, me dirijo a usted una vez más para hacerle saber que el pasado día 9 de febrero del año 2014 se ha publicado en diario El Telégrafo un reportaje sobre el barrio de El Vado, de Cuenca – Ecuador, el cual hállase atiborrado de errores en contra de su historia, lo cual es una vergüenza, por lo que es menester que llaméis la atención a vuestro representante en Cuenca, el señor Rodrigo Matute Torres, quien es el responsable de estas inaceptables infamiass en contra de la historia de Cuenca.

El Puente de El Vado, en un grabado del siglo XIX

PARS PRIMA. Ab initio, el reportaje comienza diciendo una cosa terriblemente falsa que la copiamos ad litteram: «El Vado, primer barrio que se levantó en Cuenca». No obstante, El Vado no es el primer barrio que se erigió en Cuenca, ab urbe condita, pues el 12 de Abril de 1557, día del nacimiento castizo de la tercera ciudad de la repùblica, estableciéronse tres barrios en el acta de la fundación firmada por el escribano Antón de Sevilla: las parroquias de San Blas y San Sebastián, creadas como barriadas de indios al oriente y occidente de la naciente urbe, y la parroquia de la iglesia matriz que, con el pasar del tiempo, sería El Sagrario, levantada como barrio de españoles.

Lo que conocemos hoy como barrio de El Vado fue forjándose paulatinamente in historia nostra. Es así que para el siglo XVIII se tienen ya datos documentales de la existencia de esta barriada nacida al amparo de una cruz colocada en uno de los humilladeros que fueron erigidos en la Cuenca colonial, en la parte meridional de la urbe morlaca, en donde ya para el siglo XIX e inicios de la vigésima centuria sería el centro de un barrio tradicional de Cuenca, por sus panaderías y sus talleres artísticos que han configurado una atmósfera especial a la zona, apud flumina Tomebamba/ junto al río Tomebamba.

Traza de la fundación de Cuenca, el 12 de Abril de 1557/ 
Según Octavio Cordero Palacios


ALTERA PARS. En otra parte del reportaje léese una inaudita barbaridad que la transcribimos ad peddem litterae: «Hablar del barrio El Vado es remontarse al 1557, el mismo año de la fundación de Cuenca. En ese entonces los conquistadores españoles al llegar a la llanura llamada Paucarbamba, ahora Cuenca, plantaron una cruz y desde allí se constituyó en el primer barrio de la ciudad».

Acabamos de demostrar en el acápite anterior que El Vado no fue el primer barrio cuencano, por lo que estas nuevas expresiones parecen redactadas a la manera de una fábula en la que, riddendio et solus riddendo/ riendo y solo riendo vemos llegar a los españoles, quienes plantan una cruz en El Vado y fundan la ciudad de Cuenca en 1557, lo cual es un absurdo, pues la historia de la Atenas del Ecuador no se forjó de manera tan estúpida, como nos la cuenta el señor Rodrigo Matute Torres que, al parecer, intenta pasarnos gato por liebre.

Por ello, riddendo semper cum laetitiae/ riendo siempre con alegría, sorprende leer estas afirmaciones falsas, ya que, in honorem veritas, los conquistadores españoles no llegaron a la llanura llamada «Paucarbamba» y plantaron una cruz en El Vado. La verdad histórica confirma que Gil Ramírez Dávalos, comisionado del Virrey del Perú y marqués de Cañete, don Andrés Hurtado de Mendoza, llegó a la ciudad de Tumipampa para fundar la ciudad de Cuenca, obedeciendo una provisión virreinal del 20 de septiembe de 1556.


Gil Ramírez Dávalos, fundador de Cuenca

Al auscultar el valle llamado también como «Paucarbamba», Ramírez Dávalos descubrió que ya habíase establecido en la zona un asiento castellano, aproximadamente unos 15 años antes, alrededor de 1542, con el capitán Rodrigo Núñez de Bonilla, que fue nombrado encomendero de los cañaris por parte de su amigo Francisco Pizarro, en el sector del Uzno, en donde habíase levantado una ermita católica y una cruz, en el actual barrio de Todos los Santos.

Rebus sic stantibus/ Estando así las cosas, Ramírez Dávalos cabildeó con Núñez de Bonilla y con todos los jefes cañaris de la región para fundar Cuenca y cumplir así el mandato del Virrey del Perú, quien deseaba que se fundase una ciudad homónima de su nativa Cuenca de España, ciudad de la que era Guarda Mayor. En consecuencia, la fundación de Santa Ana de los Ríos de Cuenca fue fruto de un consenso entre los españoles que ya habitaban en la villa fundada por Núñez de Bonilla y los jefes cañaris de la zona, por lo que no se puede aceptar la ligereza con la que se cuenta en el reportaje de El Telégrafo la supuesta forma como dizqué habría nacido el barrio de El Vado.

El puente de El Vado en la década de 1930/ Foto de Manuel Serrano


Por otra parte, la Cruz del Vado no fue la primera en plantarse en Cuenca, por parte de los españoles in illo tempore. La costumbre de los conquistadores era erigir humilladeros o cruces en las entradas o salidas de las urbes que fundaban en América y en Cuenca habíase establecido ya antes de El Vado, la ermita del Uzno que luego sería la capilla de San Marcos y en la actualidad es el templo de Todos los Santos. Allí los ibéricos plantaron la primera cruz del cristianismo en las tierras que habrían de constituirse in aeternum como la capital de la morlaquía.

La cruz de San Sebastián es de 1978, pero en ese sitio ya se la había colocado desde la época colonial y mucho antes que la cruz de El Vado.


También, estaba ya levantada la cruz de San Sebastián, parroquia de indios al occidente de Cuenca, desde los inicios mismos de su fundación castellana. Según las investigaciones de Víctor Manuel Albornoz, la cruz de El Vado fue establecida en el siglo XVIII, por el Cabildo cuencano, en el sector sur de la ciudad y para 1802 estaba ya establecida en el sitio en donde la contemplamos hasta hoy, pues alrededor de este año el río Tomebamba es bautizado como Julián Matadero, desde el humilladero de El Vado, por lo que las elucubraciones de vuestro periodista Rodrigo Matute son atentatorias a la verdad histórica de la capital azuaya y se han escrito con irresponsabilidad investigativa adversas veritas in historia nostra.



PARS TERTIA. Pero justamente, Matute escribe, con una capacidad imaginativa y fantasiosa, algunas ideas descabelladas que espantan a los lectores ad summum, tanto por la liviandad con la que son planteadas cuanto por la pobreza de datos históricos fidedignos y documentados. Así, Matute concluye sus devaneos sobre el humilladero de El Vado diciendo de verbo ad verbum: «En este sector uno de los lugares que lo caracteriza es la cruz, la que fue labrada en mármol. Según sus orígenes era símbolo de protección para los viajeros que tenían que cruzar las aguas del Tomebamba cuando estaba crecido».



Al respecto debemos señalar que la actual cruz de El Vado fue construida en el año del Señor de 1888, seguramente para reemplazar a otra que habría estado allí, de menor calidad y relevancia. Así consta en el respectivo pedestal, en donde grabóse el año de su fabricación, mientras resulta una verdad de perogrullo decir que fue labrada en mármol y que era símbolo de protección para quienes tenían que cruzar el Tomebamba.

La presencia de la actual cruz de El Vado, desde el año 1888, da cuenta de que este elemento, en la forma como lo conocemos, no tiene más de 126 años que es justamente el período histórico en el cual el barrio de El Vado llega a perfilarse como una de las barriadas tradicionales de la ciudad de Cuenca.



PARS QUARTA. Pero el periodista Matute va más de lo imaginable en este asunto y así llega a afirmar otra cosa inverosímil ad ovo usque ad mala cuando escribe: « Desde allí se puede apreciar la parte baja del río Tomebamba, llamado también Julián Matadero, nombre con el que lo bautizó el obispo de ese entonces, Andrés Quintián Ponte y Andrade, en el siglo XIX».

En este parágrafo existen algunas imprecisiones que, confrontadas con la verdad histórica, envían al abismo más profundo a las aseveraciones de Matute, pues el supuesto bautizo del río Tomebamba como Julián Matadero, no es de Monseñor Andrés Quintián Ponte y Andrade. A inicios del siglo XIX, en una de las más espantosas crecidas del río Tomebamba, por el año del Señor de 1802, el purpurado que gobernaba la diócesis de Cuenca era Monseñor Francisco Xavier de la Fita y Carrión, a quien suele atribuirse el bautizo del río Tomebamba como Julián Matadero, por lo que una vez más confírmase la negligencia del representante de diario El Telégrafo en Cuenca para escribir sobre asuntos históricos de manera documentada.

El barrio de El Vado, mirado desde la calle La Condamine.


PARS QUINTA.  Mas las fantasías de este reportaje no concluyen allí no más y así hemos de leer, ab irato, que Matute dice otra barbaridad en contra de la historia. La copiamos in scriptis: «Las tropas del general Eloy Alfaro disparaban sus armas con dirección a lo que hoy es el barrio San Roque, donde estaban las tropas del general Vega haciendo resistencia. Cuando los habitantes del barrio al conocer que las tropas de Alfaro ingresaban a la ciudad, preparaban y le arrojaban ceniza caliente, extraída de los hornos que funcionaban en el sector».

Esto es otro invento imperdonable, puesto que las luchas alfaristas nunca se dieron en El Vado ni Alfaro llegó hasta esa zona para combatir al general Antonio Vega Muñoz, en agosto del año del Señor de 1896. El viejo luchador venía por el norte y fueron los barrios septentrionales los que presenciaron estos combates, sobre todo en El Vecino, Verdeloma y El Cebollar, en donde hubo heridos y muertos cuando el general Alfaro entraba en Cuenca para someter a la entonces urbe conservadora al dominio liberal. Hecho totalmente distorsionado en este reportaje periodístico que llena de oprobio a la historia de un barrio tradicional de Cuenca, en un diario público que no puede permitirse que se escriban cosas infundadas como reportajes culturales con los que no se rinde homenaje a Cuenca sino mas bien se la ofende profundamente adversas historica veritas

Rodrigo Matute


Ad finem, es conveniente que llaméis severamente la atención a vuestro representante en el Austro, pues los reportajes dominicales que se están publicando en El Telégrafo sobre la  historia de Cuenca están mal investigados y constituyen, por desgracia, aportes nada serios a la verdadera historia de la capital de la morlaquía. A fortiori, por respeto a vuestros lectores y en reparación a la honra de la ciudad de Cuenca deberíais publicar en el diario público que dirigís las respectivas rectificaciones in honorem urbis semper amata et intemerata.

Agradeciéndole por su atención, suscribo de usted, señor director de diario «El Telégrafo», con un cordial saludo y mis sentimientos de especial consideración in nomine Iesu, Pontifex semper vivens ad interpellandum pro nobis.

Diego Demetrio Orellana

Datum Concha, mensis Martii, die IV, currentis Anno Domini MMXIV, in octava Dominica Quincuagesima.

lunes, 3 de marzo de 2014

EL VECINO: UNA HISTORIA LLENA DE INFAMIAS

Santa Ana de los Ríos de Cuenca, 3 de marzo del año del Señor de 2014
In octava Dominica Quincuagesima

Lcdo. Orlando Pérez
Director de diario «El Telégrafo»
Guayaquil.

De mi consideración:


«RESPECTUM ET REVERENTIA CUM HISTORIA IN CONCHA»
«RESPETO Y REVERENCIA CON LA HISTORIA EN CUENCA» 

Con fecha 23 de febrero, en la sección denonimada Región Sur de diario «El Telégrafo», publícase un reportaje sobre el barrio El Vecino de la ciudad de Cuenca, en el cual se han consignado imperdonables errores en contra de la historia de Cuenca, urbis semper admirabilis, por lo que me permito poner en su conocimiento los graves atentados cometidos, a fin de que se llame la atención a sus responsables y se publique una fe de erratas por respeto a vuestros lectores, que no pueden ser desinformados a causa de una irresponsabilidad investigativa que desprestigia a vuestro matutino.

Comunidad de mercedarios, a quienes nunca se les puede decir oblatos

San Pedro Nolasco, fundador de los mercedarios, 
según el gran artista español, Zurbarán

PARS PRIMA. El reportaje comienza con una aseveración falsa que la transcribimos in scriptis: «En este sector se levantó el primer monumento nacional dedicado a Nuestra Señora de la Merced… También existe el convento de la comunidad de los Padres Oblatos de la Merced de San José». Esta afirmación es equívoca y entraña una lamentable confusión puesto que no existe la comunidad de Padres Oblatos de la Merced de San José. La Orden religiosa que habita en el convento de El Vecino es la Orden de la Merced simplemente, fundada por San Pedro Nolasco y aprobada por la Santa Sede en el año del Señor de 1235. Los miembros de esta comunidad son los padres mercedarios, a quienes nunca podríaselos llamar como oblatos de la Merced de San José.

Iglesia de la Merced de padres oblatos

P. Julio María Matovelle, fundador de los padres oblatos

Puédese inferir entonces que el autor del reportaje, que es el señor Rodrigo Matute Torres, ha confundido, ad absurdum, a la Congregación de Padres Oblatos, fundados por el P. Julio María Matovelle, los cuales habitan en el convento de La Merced, de la calle Borrero y Honorato Vázquez, que nada tienen que ver con la Orden de la Merced de San José de El Vecino y que desde el año del Señor de 1887 ocupan la iglesia y el convento que, en la época colonial, pertenecieron a los padres mercedarios, los cuales salieron de Cuenca en 1887 debido a un rescripto del Santo Padre Pío IX, por el que todas las comunidades religiosas que no contaban con más de ocho frailes debían cerrar sus conventos y salir de la ciudad de Santa Ana de los Ríos de Cuenca.


 Cuenta la Historia que, in diebus illis, para esa época los padres mercedarios no tenían personal y por ello abandonaron la urbe y sus posesiones fueron entregadas al P. Julio María Matovelle, para que en ellas se estableciese la Conregación de Oblatos por él creada. En el año 1938, a los 50 años de estar asusentes, los padres mercedarios retornaron a Cuenca por gestión directa de Monseñor Daniel Hermida Ortega, quien una vez que los frailes llegaban de regreso, al no poder entregarles sus antiguas posesiones ocupadas por los padres oblatos, tuvieron que aceptar la iglesia de San José de El Vecino, en donde levantaron el convento de la Orden de la Merced como una réplica del convento máximo de los mercedarios en la capital de la república.

Esta es la historia que, al parecer, el señor Matute desconoce y que le ha hecho confundir para escribir que los mercedarios son oblatos de la Merced, equivocación tamaña del reportaje de un barrio tan tradicional de Cuenca, como es El Vecino.
En El Vecino nunca estuvieron los mercedarios en la época colonial. En la Colonia, en este sector hallábase una capilla llamada de San Cristóbal

ALTERA PARS. Más abajo, en el reportaje, puede leerse otra barbaridad que nos hace columbrar que el periodista confunde la historia de los mercedarios con los oblatos cuando escribe ad peddem litterae: «Fue un 2 de abril de 1712 que se estableció en este sector el Convento de la Merced, teniendo como principal gestor al padre Fray Pablo de Santo Tomás, quien fue el primer comendador, según textos del libro Rostros de los barrios de Cuenca, del periodista Adolfo Parra Moreno. Sin embargo, este convento fue cerrado el 12 de julio de 1887, cuando el sacerdote  Aparicio del Castillo fue vicario provincial, pues se decía que los religiosos tenían inconvenientes en trasladarse hacia el centro de la ciudad, debido a que había caminos peligrosos».

Verdadero sitio en donde los mercedarios estableciéronse en la Colonia

Lo dicho es falso, a maxima ad minima, ya que en el sector de El Vecino nunca estuvo establecido el convento de La Merced, desde el 2 de abril de 1712. En el Libro «Los mercedarios en Cuenca», de autoría del P. Luis Octavio Proaño, OM, se da cuenta que el 12 de mayo de 1712 llegaron a Cuenca los primeros mercedarios, con Fray Pablo de Santo Tomás ala cabeza, pero nunca para establecerse en San José de El Vecino sino en la esquina de las actuales calles Honorato Vázquez y Antonio Borrero, en donde levantaron el convento de La Merced y su iglesia, ahora en poder de los padres oblatos, por lo que la confusión de Matute es gravísima, tanto más cuanto que cita a Adolfo Parra Moreno como una fuente, haciéndonos ver que el libro «Rostros de los Barrios de Cuenca» está mal realizado, pues allí contiénense estos espantosos deslices en contra de la historia de Cuenca.

Por otra parte, el 12 de julio de 1887 no es la fecha en que se cerró el convento de La Merced de Cuenca, que no hallábase en San José de El Vecino, puesto que en el libro Los mercedarios en Cuenca, ya citado ut supra, el historiador de la Orden mercedaria, P. Luis Octavio Proaño, dice exactamente in honorem veritas: «La existencia del rescripto nadie lo sabía en Cuenca hasta el episcopado del Ilmo. Sr. Miguel León, quien sacó a lucir, cuando el P. Aparicio del Castillo, Visitador de la Orden de la Merced, vino a llevar para Quito al único religioso mercedario que quedaba en Cuenca; el obispo Miguel Leóin presentó al Cabildo Catedralicio el rescripto, que le facultaba  la clausura del convento de La Merced, lo que ocurría el 16 de mayo de 1887».

Iglesia de la Merced, cuyo convento ciérrase el 16 de mayo de 1887

En consecuencia, podemos comprobar que el periodista Matute nuevamente invoca un dato falso cuando dice que el convento de la Merced fue cerrado el 12 de junio de 1887, cuando el historiador mercedario, P. Octavio Proaño, OM, señala que fue el 16 de mayo de 1887, mientras el P. Aparicio del Castillo, según Matute es Vicario provincial, cuando es el Visitador de la Orden de la Merced según el P. Proaño, fuente más creíble por cuanto trátase de un religioso historiador de los mercedarios, miembro del Instituto de Estudios Históricos de la Orden de la Merced sede de Roma y Cronista de la Provincia Mercedaria de Quito.

Afirmar que desde El Vecino al centro de Cuenca 
los caminos eran peligrosos para los mercedarios 
que allí nunca vivían es una falacia inadmisible.

Pero lo más grave de esta penosa historia es que Matute afirma que la razón por la que el convento de La Merced fue cerrado en 1887 débese a que «los mercedarios tenían inconvenientes en trasladarse hacia el centro de la ciudad, debido a que había caminos peligrosos», lo cual es una mentira envuelta en un absurdo, ya que ni el convento mercedario del siglo XIX estaba en San José de El Vecino, ni los caminos para llegar al centro de la urbe eran peligrosos para religiosos inexistentes en dicho barrio cuencano, por lo que aquí podemos ver cómo habéis hecho tabla rasa de la historia de esta barriada tradicional de Santa Ana de los Ríos de Cuenca, con viles inventos que deberían ser rectificados en el Telégrafo por un elemental deber de honestidad intelectual y respeto para con vuestros lectores.

Iglesia de San José de El Vecino

PARS TERTIA. En otra parte del reportaje, quid pro quo, el periodista Matute, por seguir convencido que los padres mercedarios estuvieron en El Vecino en la Colonia, dice otra cosa no relacionada con la verdadera historia del barrio de El Vecino. Lo copiamos ex integro: «El 21 de julio de 1938, cuenta el libro, la curia nuevamente les brindó la posibilidad a los padres mercedarios para que ellos sean quienes administren el barrio San José de El Vecino»

Aquí  tenemos una nueva imprecisión, puesto que la Arquidiócesis de Cuenca recibió nuevamente a los mercedarios en 1938, gracias a las gestiones de Monseñor Daniel Hermida Ortega, obispo in illo tempore, pero no para que vuelvan a San José de El Vecino, en donde nunca estuvieron, sino para que en esta zona crearan una parroquia eclesiástica. Tanto es así que el P. Carlos Vintimilla, OM, a quien Matute ha entrevistado, dice en otro acápite del reportaje: «Como vinimos nosotros, El Vecino se hizo parroquia. Antes tenía una capilla pequeña. Todo  era pequeño, pero importante, porque por aquí se llegaba y se salía a Cuenca».

PARS QUARTA. No obstante, el reportaje tiene un nuevo dato erróneo cuando Matute escribe ad litteram: «Precisamente es en 1946, según Vintimilla, que se levanta el Convento de la Merced al mando del padre Cristóbal Arrobo, secundado luego por su homólogo Pedro Armengol Villafuerte. Por el cuarto centenario de la fundación de Cuenca, el 12 de abril de 1957, se construyó el primer monumento nacional dedicado a Nuestra Señora de la Merced, en el parque Joel Monroy, obra que fue inaugurada el 25 de diciembre de 1960».

Convento de mercedarios en El Vecino

Monumento Nacional a la Virgen de la Merced
inaugurado el 12 de Abril de 1957

Aquí nuevamente existen algunas equivocaciones. En primer lugar, el iniciador del convento de la Merced de San José de El Vecino no es el P. Cristóbal Arrobo sino el P. Alfonso María Argoti, OM. Para evidenciarlo con claridad citamos nuevamente al P. Luis Octavio Proaño, en su libro «Los mercedarios en Cuenca», en donde se dice: «El P. Alfonso María Argoti, OM es el iniciador del monumental convento. Al P. Constantino Bucheli, OM le sucedió en la administración del convento el P. Alfonso Argoti, OM, quien sabedor de la donación de un terreno de la curia y contando con la simpatía de la que gozaba el P. Cristóbal Arroba y del entusiasmo que le caracterizaba, consultó con la autoridad competente sobre la posibilidad de iniciar la edificación del nuevo convento, cuya área era suficiente para desarrollar un proyecto encargando a un profesional levantar los planos. El P. Argoti sabía que el barrio de El Vecino era antiguo y se le ocurrió construir un convento de arquitectura colonial. Viajó a Quito con el arquitecto para que conociera nuestro convento máximo y con el modelo a la vista hizo levantar los planos, en menores dimensiones del convento máximo y presentó al Definitorio Provincial, el mismo que, luego de felicitar al P. Argoti, le autorizó financiar la obra para que inicie la fábrica».

Así entonces, debemos concluir que el P. Alfonso María Argoti es el iniciador del convento de la Orden de la Merced y no el P. Cristóbal  Arrobo, quien en el texto del P. Luis Octavio Proaño fue un colaborador de Argoti y nada más. Por otro lado, el monumento nacional dedicado a Nuestra Señora de la Merced no fue inaugurado en 1960, pues en la misma obra de historia mercedaria en Cuenca a la que nos estamos remitiendo en este análisis se hace constar que dicho monumento inauguróse el 12 de Abril de 1957.



PARS QUINTA. Más abajo, Matute escribe otras imprecisiones: «En 1941, comentó Vintimilla, Miguel Merchán, médico cuencano, viajó hacia Lima, Perú, y se encontró con una estampilla del denominado Cristo Pobre, la que trajo a los padres mercedarios a Cuenca, diciéndoles que sería de suma ayuda para los más necesitados. Dijo que él  dará de comer a los pobres, expresó. Después se logró realizar una escultura  del santo traído de Perú, con la ayuda del decorador Manuel de Jesús Ayabaca. Dicha figura, por iniciativa del padre Angelino Hurtado, se encuentra al lado izquierdo del presbiterio, fabricado con madera y cubierto con  láminas  de oro. Por las fiestas del Cristo Pobre, el Viernes Santo se realiza una procesión por diversas calles del barrio, con cientos de devotos, quienes con plegarias y cánticos veneran a quien considera su salvador».

En primer lugar, no se trata de Miguel Merchán, quien era ingeniero, sino de Nicanor Merchán Bermeo, que era médico. En segundo lugar,  no es un santo traído del Perú sino la efigie de Nuestro Señor Jesucristo en la advocación de Cristo Pobre. En tercer lugar, no es el decorador sino el escultor Manuel de Jesús Ayabaca. En cuarto lugar, los hechos son del año 1941 y no en 1943 y sucedieron de otra forma, pues Matute escribe barbaridades al transcribir las entrevistas que realiza como fuentes de sus penosas investigaciones.

Escuchemos nuevamente, acriter et fideliter, al P. Luis Octavio Proaño, OM, historiador mercedario, en su famoso libro «Los mercedarios en Cuenca»: «Las visitas dominicales que el P. Bucheli le dispensaba al Dr. Nicanor Merchán, cuando los domingos concurría a su domicilio a oficiar la misa, fue el origen para fomentar la devoción del culto a Cristo Pobre. El Dr. Merchán conoció en la ciudad de Lima la imagen de Cristo Pobre y admiró el culto que gozaba en medio del pueblo y pensó que muy bien se podría implantar esta misma devoción en Cuenca y en la iglesia de San José, idea que le comunicó al P. Bucheli. Éste acogió entusiasmadamente la propuesta. El Dr. Merchán sugirió la idea de acudir a la habilidad del escultor Manuel Jesús Ayabaca, que gozaba de gran renombre como escultor por las obras realizadas a lo largo de su vida. Constantino Bucheli. La obra se contrató el 26 de agosto de 1941 por seiscientos sucres».
Iglesia de San José de El Vecino, en una fiesta de Cristo Pobre

PARS SEXTA. Casi al final de este bárbaro reportaje, Matute escribe otra falsedad que la copiamos ex integro: «Por las fiestas del Cristo Pobre, el Viernes Santo se realiza una procesión por diversas calles del barrio, con cientos de devotos, quienes con plegarias y cánticos veneran a quien considera su salvador». Sin embargo, esto es otra cosa errónea, pues la fiesta de Cristo Pobre, en San José de El Vecino, no es el Viernes Santo sino el Domingo de Ramos, in Dominica in Palmis, cuando cada año y por la noche, realízase una procesión multitudinaria por las calles de Cuenca con la taumaturga imagen por la que existe una gran devoción de los habitantes de la capital de la morlaquía a través de los tiempos.

Rodrigo Matute Torres

Es necesario, señor director de El Telégrafo, que se llame la atención al representante que tenéis en Cuenca, el periodista Rodrigo Matute, causante de estos atropellos, mientras vuestro diario debe pedir disculpas a Cuenca por este tipo de reportajes periodísticos que han ofendido a su historia. Las cosas mal investigadas, cuando trátase de asuntos históricos, deben ser reparadas por elemental respeto a vuestros lectores y por honestidad intelectual ante una labor periodística siempre sujeta a imperfecciones. Agradeciéndole por su atención, suscribo de usted, señor director de diario «El Telégrafo», con un cordial saludo y mis sentimientos de especial consideración in nomine Iesu, Pontifex sancte, innocens et impollute.


Diego Demetrio Orellana
Datum Concha, mensis Martii, die III, currentis Anno Domini MMXIV, in octava Dominica Quincuagesima.

domingo, 2 de marzo de 2014

San Sebastián: una historia mal contada



Santa Ana de los Ríos de Cuenca, 2 de marzo del año del Señor de 2014
In Dominica Quincuagesima

Lcdo. Orlando Pérez
Director de diario «El Telégrafo»
Guayaquil.

De mi consideración:



«IN HONOREM VERITAS CUM CONCHA IN HISTORIA AEQUATORIANA»
«EN HONOR A LA VERDAD CON CUENCA, EN LA HISTORIA ECUATORIANA»

Con bombos y platillos, en los últimos días se anunciaba, en diario «El Telégrafo», que el domingo 2 de marzo se publicará, en el medio de comunicación, la historia de 4 barrios tradicionales de Cuenca, concluyendo con San Sebastián, parroquia de vieja data ubicada al occidente de la capital de la morlaquía.

Sin embargo, oh Sancta Simplicitas, sorprende leer las terribles equivocaciones históricas en las que habéis incurrido al contar la historia de esta tradicional barriada de la ciudad de Santa Ana de los Ríos de Cuenca, así como las cosas relativas a los barrios de El Vado, El Vecino y Las Herrerías, aparecidas en los últimos domingos del mes de febrero del presente año 2014.



Ad effectum videndi, en la página 40 de la edición del día domingo 2 de marzo del año 2014, sección Región Sur, copiamos enseguida las barbaridades escritas en contra de la historia de San Sebastián: «… a San Sebastián le consideraban una parroquia de indios, título que le dieron desde la época de la Colonia. En ese entonces, la plaza se encontraba rodeada de piedras rústicas y era el sitio para los diferentes festejos, uno de ellos era el 21 de enero, cuando celebraba la fiesta de su patrono San Sebastián. En una de estas fiestas, en el siglo XVIII, el francés Juan Senierges, integrante de la Misión Geodésica, fue asesinado de manera cruel por un pretendiente de Manuela Quezada, una hermosa mujer que capturaba las miradas. Desde ese entonces el sector se convirtió en un sitio de soledad porque fue relegado al olvido».

En el parágrafo transcrito existen una serie de imprecisiones y confusiones intolerables en un investigador periodístico que revístese de seriedad, pues es falso que el médico francés Juan Seniergues haya sido asesinado cruelmente en una fiesta de San Sebastián, el 21 de enero, en la época colonial. La verdad histórica señala que Senierges fue herido mortalmente en Cuenca, el 29 de agosto de 1739, en la plaza de San Sebastián, durante una corrida de toros, y murió el 2 de septiembre del mismo año, en un contexto de amores pasionales mezcladas con influencias políticas del alcalde Sebastián Serrano de Mora, padre de la esposa de Diego León, quien había sido enamorado de Manuela Quezada, apodada la cusinga, por la cual el médico Senierges mostraba interés, mientras el fanatismo del Vicario eclesiástico de Cuenca, Juan Jiménez Crespo, incidió para que, a verbis ad verbera, una turba enfurecida acribillara al médico galo de infausta suerte, en una fiesta de Nuestra Señora de las Nieves, paradigmática imagen de este tradicional barrio, a la que los parroquianos le han rendido veneración hasta los actuales tiempos, mientras es falso que el cruel asesinato haya sido cometido por un pretendiente de Manuela Quezada, puesto que el verdadero causante de la muerte fue la turbamulta que, azuzada por Nicolás de Neira y Villamar, abalanzóse sobre el médico hasta dejarlo malherido. Cabe indicar que Neira, era uno de los amigos de Diego León, quien era el viejo pretendiente de Quezada, apodada la Cusinga, quien tenía animadversión por Juan Senierges, al haberse confirmado que entre su querida y el médico galo surgió por aquellos días una atracción especial que sería causa para la terrible tragedia.

Asesinato de Senierges:
Plano reconstructivo de los hechos, por Carlos María de la Condamine

Por otra parte, es falso que el barrio háyase convertido luego en sitio de soledad relegado al olvido, pues el barrio de San Sebastián fue siempre un lugar de mucha importancia para la comunidad cuencana. Tanto es así que, en la propia época de la Independencia de Cuenca, el 3 deNoviembre de 1820, la torre de San Sebastián fue como una fortaleza desde donde el presbítero José María Ormaza arengaba al pueblo convocándole a luchar por la Independencia, pues la plaza de San Sebastián fue escenario fundamental del movimiento libertario in diebus illis.


En otro parágrafo se dice: «La iglesia de San Sebastián es una de las más antiguas que tiene Cuenca. El frontis es de comienzos del siglo XIX y la actual reconstrucción de la nave data de la época actual».

Esto es falso, pues la iglesia de San Sebastián no es de las más antiguas que tiene Cuenca, pues ha sido remodelada muchas veces a lo largo de los tiempos. Sólo la célebre torre es colonial, pues para la época de la Independencia era el centro desde donde se disparaba a los regalistas y se arengaba al pueblo a que luche por su libertad, como lo cuenta el gran historiador cuencano Octavio Cordero Palacios en sus Estudios Históricos de la capital de la morlaquía, un clásico de la historia de la ciudad cargada de alma.



Más abajo, al hablar de la Casa de la Temperancia, hoy convertida en el Museo de Arte Moderno, dícese equívocamente: «Al respecto, el libro Guía de arquitectura, de Miguel Moreno…». El dato es erróneo, de capite ad calcem, de la cabeza a los pies, ya que esa famosa Guía de Arquitectura fue realizada por la extinta arquitecta María Augusta Calle Medina, con el auspicio de la Junta de Andalucía, en el año del Señor de 2002, mas nunca por Miguel Moreno, quien fue un eminente poeta que jamás escribió sobre arquitectura y menos sobre el barrio de San Sebastián, cuyo parque está dedicado a su memoria desde el año del Señor de 1936, como consta en el monumento a él erigido en el centro de este bello espacio citadino, en donde puede leerse: «A Miguel Moreno, 1936».



Ad concludendi, al hablar de la restauración de la vieja Casa de la Temperancia, hoy Museo Municipal de Arte Moderno, al final del reportaje léese: «En 1778, el Banco Central del Ecuador y la Municipalidad de Cuenca iniciaron la gestión del proyecto…» .Sorprende ver que existe aquí una equivocación de 200 años, pues en 1778 no existía el Ministerio de Salud ni la Municipalidad de Cuenca, por lo que el desliz de digitar mal las cifras del año 1978 es imperdonable y deviene en una negligencia inaudita en un reportaje periodístico mal elaborado que desinforma a los lectores.



No está demás indicar que el reportaje señala que una de las fuentes consultadas ha sido la actual directora del Museo de Arte Moderno, la ciudadana Janeth Molina Coronel, quien demuestra al parecer, según el reportaje, que no conoce nada de la historia del barrio de San Sebastián ni del propio Museo de Arte Moderno, hoy en sus manos. 

Resulta cuestionable que, por el arte de birlibirloque, ciertos personajes que no tienen solvencia en el mundo cultural cuencano se hayan parapetado en la camioneta de la Revolución Ciudadana y hoy ejerzan cargos culturales para los que no se hallan capacitados, olvidando que «Quod natura non dat, Salamanca non prestat/ Lo que natura no da, Salamanca no lo presta».






Al parecer, el autor de reportaje es el señor Rodrigo Matute Torres, por lo que muy bien sería de llamarle la atención puesto que las historias de los cuatro barrios tradicionales de Cuenca que se han publicado en vuestro diario en los últimos domingos son infamias irreverentes en contra de la historia de la capital azuaya, que no puede ser alterada irresponsablemente con reportajes que empañan el respeto que se merece la ciudad «Atenas del Ecuador», dueña de una admirable historia in patria nostra.

Agradeciéndole por su atención, suscribo de usted, señor director de diario «El Telégrafo», con un cordial saludo y mis sentimientos de especial consideración in nomine Iesu, Pontifex in aeternum perfecte.


Diego Demetrio Orellana
Datum Concha, mensis Martii, die II, currentis Anno Domini MMXIV, in Dominica Quincuagesima.