jueves, 13 de febrero de 2014

LA AMISTAD Y LOS PERROS

DIEM MUNDIALEM AMICITIAE/ DÍA MUNDIAL DE LA AMISTAD

A Cleofás, último protagonista de las ideas de este texto


Por: Diego Demetrio Orellana


«Grata admirationem in cordibus nostris concitare debet vera amicitia/ Grata admiración en nuestros corazones debe concitar la verdadera amistad»

Siempre leales y cariñosos, graciosos y ocurridos, sinceros y considerados en las buenas y en las malas, los perros son animalitos que han inspirado válidos pensamientos sobre la amistad en el género humano, pues son dueños de cualidades únicas que con frecuencia no suelen ser posibles de encontrar en las personas y delinean, in essentia, lo que los humanos mortales esperamos, inter nos, de este bello sentimiento fraternal que alumbra la existencia con prístina luz y gozo supremo. Por ello, a los canes considéraselos in aeternum como los mejores amigos del ser humano y sus virtudes equipáranse a aquellas que débense de hallar en las auténticas amistades.



De la familia de los Cánidos, son de tamaño, forma y pelaje muy diversos, dependiendo de las razas, mas todos por igual apasiónannos ora por su estatura, ora por su lana, ora por sus colores y su peculiar lealtad para con el género humano. No importa que pertenezcan a razas que exhiben pedigrí o sean simplemente perros ordinarios o de la calle, tampoco cuenta que sean parte de especies rarísimas y poco conocidas en nuestro medio, ya que todos por igual son objeto de atracción para los humanos mortales in Terra nostra.



Sus formas de ser evidencian un especial abanico de personalidades diversas y, tal como los miembros de la gran familia humana que peregrina en la Tierra, existen aquellos que son extravertidos e hiperactivos frente a los timoratos, circunspectos e introvertidos, mientras ciertos canes son groseros, toscos y violentos en el juego, en contraposición a los delicados, suaves y gentiles, existiendo también los «perversos» o los «malvados» con los gatitos o aquellos «traicioneros» que nos muerden a las espaldas o que llegan a atacar a sus amos, actitudes que han sido parangoneadas con la felonía en los seres humanos, cuando -a costa de una actitud frecuentemente ingrata- decimos que alguien es como «el perro que muerde la mano de su amo», con la sustancial diferencia de que el perro lo hace porque en él hay solo instinto mas en el hombre existe conciencia y voluntad cuando traiciona y por eso la traición del amigo es imperdonable, no así el ataque de un can a su amo verdadero.


Pero también contamos con los perros de personalidad exploradora que lo indagan y lo husmean todo, junto a los sedentarios, perezosos y dormilones. Hay también los intrépidos que sorprenden ex admirationem por sus innatas habilidades para hacer inauditas cosas o insólitas travesuras, sin dejar de consignar a los aventureros y galantes con las hembras frente a los célibes y solitarios que parecen vivir, digámoslo así, lejos de las vanidades del mundo. También cuentan los sociables, confianzudos o amigueros y los huraños, desconfiados y refunfuñones. Ni qué decir tiene de los glotones y  tragones que contrastan in extremis con los melindrosos y desganados para el alimento. Y con sus particulares personalidades y temperamentos oblígannos a reparar en la sicología canina para encontrar en ella, a similis, naturales similitudes con los individuos de la especie humana.



En las Bellas Artes, plumas egregias de la historia hánles dedicado hermosos pensamientos y poemas en el mundo de las letras, a la vez que han sido copiosos los artistas que, ora desde la pintura, ora desde la escultura, ora desde la música, el cine o la fotografía, han logrado espléndidas obras maestras e imágenes que, sub specie aeternitatis, subliman el alma cuando las contemplamos en las múltiples facetas con las que estos animales atrapan nuestras miradas y alegran nuestras vidas.



En todas sus virtudes subyacen particulares razones por las que déjanse querer ex tota fortitudine, apasionadamente, mientras su compañía siempre placentera en todo instante, de momento ad momentum, los hace ipso facto indispensables compañeros para quienes cuidan de ellos con abnegación y esmero, en el ejercicio de una amistad sin dobleces.


Por eso, nadie nos puede seguir más incondicionalmente adonde quiera que vayamos que los perros, confiados siempre en que somos sus guías, sus protectores y amigos de la existencia, aunque por sus naturales dotes de exploradores son ellos mas bien los que conviértense para nosotros, en las largas caminatas y curiosas travesías, en perspicaces guías, tal si fuesen ángeles  que caminan cual almas melodiosas rumbo a ignotos destinos. Por más distante senda que transitemos en el tráfago de la vida siempre están dispuestos a seguirnos a todo trance, siendo providenciales e insustituibles acompañantes de tediosas excursiones, en las que gracias a su agudo desarrollo del olfato, por el que distinguen nuestros olores, son igualmente capaces de retornar a la casa cruzando largas distancias con solo apercibir nuestras huellas.


Por esta misma razón, los perros presienten nuestra llegada minutos antes de que ingresemos a la casa. Nos reciben halagüeños, juguetones e hiperactivos, a punto de no pedir más que una caricia cuando retornamos al hogar, mucho más si en nuestra cotidiana ausencia han permanecidos solos y expectantes del obligado regreso a la vivienda. Poseen una excepcional capacidad para sentirse felices por el mero hecho de saber que volvemos al hogar, mientras todo el tiempo tienen una gran disposición para refocilarse y una infatigable aptitud para el juego, obligándonos a brindarles nuestro tiempo con tal de que se sientan estimados. Sus ademanes y posturas, ora parsimoniosos, ora sandungueros, ora ensobinados, frecuentemente cáusannos gracia mientras enséñannos stricto sensu sobre la importancia del lenguaje del cuerpo, pues los gestos son los medios con los cuales comunícanse con los seres humanos.


Siempre dóciles a la máxima expresión, su inteligencia superior les permite aprender muchas cosas, desde las piruetas con las que vuélvense diestros y singulares actores para el escenario hasta los modales más delicados con los cuales conviértense, ad sollemnitatem, en animales educados, limpios y respetuosos, pues son versátiles y conocen las fronteras y los límites de lo que les está permitido en la armónica convivencia con sus amos.


En tanto suelen ser grandes actores, algunos perros in historia mundi han cruzado los trepidantes territorios de la inmortalidad sub specie aeternitatis. Rin Tin Tin es uno de ellos, exempli gratia, el perro actor de grandes filmes que dieron mucho de qué hablar en la primera mitad de la vigésima centuria y que representó a toda una familia canina, cuyos integrantes fueron estrellas de Hollywood. La popularidad de Rin Tin Tin hizo que llegara a estampar su huella en el Paseo de la Fama de Hollywood Boulevard ad gloriam aeternam.


Otros han trascendido como actores especialísimos en series televisivas como «el comisario Rex», en donde un pastor alemán es la estrella protagónica de inteligentes aventuras que aleccionan al más imberbe ciudadano y divierten al más serio e impérterrito personaje.


A similis, providenciales canes han sido perennizados ad gloriam aeternam como la perrita cosmonauta Laica, quien originalmente era una pequeña perra abandonada en las calles de Moscú. Justamente por sus condiciones de difícil vida callejera creíase que, junto con otros perros, podría enfrentar el rigor de un viaje espacial experimental en el Sputnik-2. Mas jamás esperóse su trágico final, pues, ab initio, al comenzar el viaje el pulso de Laika triplicóse e inquieta y nerviosa ladraba y comía de forma normal, pero Laika murió luego de 5 ó 7 horas de iniciada la misión, el 3 de noviembre de 1957, a consecuencia de las temperaturas y el pánico que la experiencia le produjo. No obstante, la perrita fue copartícipe de un hito especialísimo de la historia de la Humanidad pro mundi beneficio.


Pero más allá de todo esto, lo curioso y excepcional con nuestros amigos, los canes, es que han sido inspiradores natos de preciosas obras creativas en el mundo escénico y hasta en los dibujos animados y en los cartoons han surgido personajes famosos que ilustran de profundis las peculiares cualidades de la raza canina, entre los que debemos citar a Scooby Do, Snoopy, Droopy y la tropa Goofy, entre otros. Particular encanto tuvo la película «101 dálmatas», de dibujos animados de Walt Disney, llevada al cine post factum, con sorprendente belleza.

Los perros son intuitivos en grado superlativo y debido a ello tienen el sorprendente don de percibir cuando estamos felices o tristes. Tal es el caso que comparten en cada instante nuestras alegrías y cuando nos absorbe la congoja o estamos abatidos por el infortunio, sub specie instantis, basta una de sus lamidas para hacernos sentir que no estamos solos, a la vez que cuando lloramos también lo entienden perfectamente y, aunque no tienen palabras para entablar un coloquio, con sus lamidas son hábiles para exteriorizarnos su solidaridad siempre fraterna in amicitia semper fidelis.

«Amicus certus in re incerta cernitur / Al amigo cierto se lo ve en la suerte incierta» decía el gran Cicerón en la antigua Roma y, aunque esta es una cualidad rarísima y exclusiva de los verdaderos amigos, es en los perros en donde quizás confirmamos in excelsis la veracidad de este célebre pensamiento clásico, puesto que una de las características esenciales de estos animalitos es acompañarnos no solo en nuestros gozos y alegrías sino también en las desgracias y tragedias que asáltannos en la existencia y así, cuando la suerte incierta nos visita son ellos los que nos demuestran que no estamos solos, gracias a su grata compañía. Qué mejor consuelo, cuando estamos tristes o solos en la vida, que el cariño de nuestro perro. Quizás por ello, a posteriori de experimentar la inefable solidaridad canina, Ben Williams consignó in scriptis el siguiente pensamiento: «No hay mejor psiquiatra en la Tierra que un cachorro lamiéndote la cara».



No importa que sus amos sean hombres o mujeres, ricos o pobres, negros o blancos, altos o pequeños, jóvenes o viejos, guapos o feos, los perros nos aman por igual sin miramientos ni discriminaciones. Y en esto hemos de ver en todo tiempo una capacidad de amor sin límites, una entrega incondicional a toda prueba, una prodigiosa manera de profesar cariño hasta las fronteras del sumo sacrificio y una auténtica sinceridad para mostrar aprecio, sin importar el «qué dirán» por el que muchas personas, como Nicodemo en los santos evangelios, tienen vergüenza para exteriorizar extra muros que son nuestras amigas, pendientes siempre del comentario ajeno o de las insólitas censuras del atrevido «correveidile» que créese con derecho para imponernos a las amistades o para incoarnos por llevarnos con tal o cual fulano, mengano o perecejo, al socaire del criterio propio que es el que debe regir, de vita et moribus, todas nuestras actuaciones en la vida.



Amigables par excellence, los perros tienen una especial condición para llevarse con todos, incluso con los gatos, a los cuales considéraselos como sus naturales «enemigos»; mas justamente porque este estereotipo es de aquellos que más hondo han calado en el imaginario colectivo vuélvese grato contemplar, a ojos vista, cómo los canes pueden desarrollar una admirable amistad con el mundo felino de los gatos in Concha et in mundum universum, dándonos múltiples razones para creer en esa infinita capacidad de brindar amistad con generosidad, lo cual, a contrario sensu, no es ciertamente una característica esencial del ser humano, muchas veces mezquino para prodigar afecto, aprecio y amistad sin condiciones.




Con el resto de criaturitas del reino animal los perros demuestran también una sorprendente capacidad de amor munificente y, por ello, están prestos para entablar amistad con muchas especies y razas de animales, con los que ejercen, inter nos, una ejemplar enseñanza de la importancia del darse a los demás, haciéndonos comprender la inmortal sabiduría del apotegma latino: «Unitas in diversitas/ Unidad en la diversidad», lo cual es siempre complicado de conseguir con los seres humanos en la Tierra si hemos de considerar que la lealtad y la amistad de los perros es de veras aleccionadora para todos los individuos de la especie humana, siempre proclives a las divisiones y rupturas que alteran la unidad, la armonía y la tolerancia con quienes son diferentes in communitate nostra.


Aunque en ocasiones les reprendamos tienen una admirable facultad para no ser rencorosos y aunque el castigo infringido les provoque cierto miedo o recelo siempre se nos acercan, post factum, demostrando una prodigalidad pocas veces vista en el género humano para brindar cariño. Así, su magnanimidad para querernos es algo con lo que siempre podemos contar en todo instante y circunstancia.


Jacarandosos, chuscos y jocosos frecuentemente nos hacen reír, ya cuando son cachorros y hacen travesuras o piruetas, ya cuando en su vida adulta exprésanse amorosos y mimosos con sus inopinadas manifestaciones de afecto, mientras, riddendo semper cum gaudium, nos sorprenden a diario con sus gracias o sus ocurrencias.

Tanto si están felices, serios o tristes cuanto si tienen hambre o sed sus actuaciones reclaman nuestra atención o vigilancia para descubrir lo que quieren y complacer sus deseos. Si están con miedo vienen a nuestro lado buscando protección, tristis et afflictis, particularmente cuando los tremebundos truenos, con sus rayos y centellas, o la bullanguera cohetería crispan sus nervios hasta los límites del paroxismo.


Dependientes como son in essentia oblígannos a cuidarles con las mismas atenciones con las que prodigamos afecto a un miembro cualquiera de nuestra familia. Así, debemos estar alertas a su alimentación, a su salud y a su adecuado abrigo haciendo que perduren en nuestra alma inolvidables experiencias. Cuidar de su aseo es una experiencia interesante que nos involucra más todavía con la raza canina y quizás por esto Franklin P. Jones expresó con apodíctica certidumbre: «Cualquiera que no sepa qué sabor tiene el jabón, jamás ha bañado a un perro».

Son los mejores naturópatas, puesto que cuando siéntense enfermos instintivamente buscan hierbas para mascullarlas y así curar sus dolencias sobre todo estomacales, por lo que hay una natural obligación de sus amos para proveerles siempre de herbáceas, a fin de que no se sientan abandonados en los momentos en que, sin la presencia de sus amos, deben per se masticar hierbecillas para así sanar sus males.


Sus aullidos son como advertencias ante las que debemos estar atentos y simulan voces tristes  y prolongadas con las que aseméjanse a los lobos. A veces, estos alaridos son los que preanuncian las desgracias, desastres y muertes sorprendiéndonos sub specie instantis con sus increíbles aptitudes premonitorias, que los acercan a lo paranormal, para presentir los infaustos sucesos y las fortuitas tragedias in universa Terra. Muchas ocasiones, no obstante, exceptis excipiendis, los tristes aullidos no son más que sus reacciones ante las fuertes alarmas de las ambulancias o las estrepitosas sirenas de los carros de los bomberos que les perturban ad súmmum.

Dicen que la gratitud es la tímida riqueza del que nada posee y qué verdad más verdadera podemos encontrar en este aspecto con nuestros amigos los perros, pues aunque nada tienen para darnos -por más pequeño obsequio que les brindemos- nos agradecen siempre con solo mover sus colas en señal de alegría contagiosa. Así, in veritas semper fidelis, nos enseñan que no son las cosas materiales las que débense esperar de las personas cuanto las auténticas expresiones espirituales que debemos cultivar en nuestra alma y que son las que de veras tienen eximio valor en nuestras vidas.


En ellos vemos a la vez una excepcional virtud para compartir. En su modus actuandi podemos confirmar que son capaces de dar mucho más de lo que reciben, pues la generosidad de estos animales sobrepasa con creces toda la humana concepción de la praxis cotidiana del «dar y recibir», pero sobre todo la rara cualidad de dar algo sin esperar nada a cambio. Dicho lo cual, confírmase todo el tiempo cómo son capaces para compartir nuestras penas y dolores o las alegrías y gozos que la vida nos depara in haec lacrimarum valle.

Si enfermamos no se irán de nuestro lado y en esto hay una admirable condición para hacernos compañía, pues parece que hubiesen nacido para ser compañeros indispensables del ser humano y las historias que al respecto cuéntanse a través de los siglos y en todas las culturas son sorprendentes con ciertas mascotas que han imprimido una estela luminosa de su lealtad llevada a las fronteras del sumo sacrificio. Son por eso los compañeros ideales con los que podemos contar en todo instante y su fidelidad pruébase con frecuencia hasta la muerte, usque ad sanguinis effusionem/ hasta el derramamiento de sangre, si ello fuere menester. «Amicus fidelis» o «amigo fiel» es el perro y así, ad exemplum, han demostrado ser capaces de visitar la tumba de sus amos con frecuencia una vez que éstos han partido ad vitam aeternam.


Confórmanse siempre con la comida que les demos, sin protestar jamás como muchos de nosotros lo hacemos cuando algún alimento nos disgusta. Quizás no degustarán la comida ofrecida y así nos damos cuenta que no es de su agrado sin que hicieren muestra alguna de displicencia. Su cálida presencia es imprescindible cuando sus amos tienen hijos, pues éstos aprenden más fácilmente el respeto que deben guardar para los animales al aprender  tempranamente a convivir con ellos, toda vez que también adquieren conciencia para quererlos en la maravillosa vivencia que implica  poseer una mascota.



Al parecer, jamás impórtanles haber sido bautizados con ridículos nombres ni acompléjanse por cosas de este estilo, como en tantas ocasiones vemos a nuestro alrededor con los humanos mortales, ni demuestran disgusto por tal hecho. Ergo, siempre confórmanse con todo y nos aman por igual en cualesquier circunstancia, pues, ante omnia, solo requieren afecto y consideración por sobre todas las cosas.


De una capacidad sorprendente para desarrollar empatía con todos aquellos que prodíganles afecto son también criaturas que pueden mostrar antipatías incluso ante aquellas personas de natural sensibilidad para con los animales, por el mágico hecho de que la bioquímica -que permite la atracción y el rechazo entre los seres vivos- funciona perfectamente entre el reino de los canes y la raza humana y así, muchas de las veces, existen perros que «no nos pueden ver ni en pintura» si les caemos mal, por así decirlo, pues sienten un choque energético con quienes no les son afines y no tienen reparo alguno para ocultar sus antipatías, por lo que enséñannos que no son hipócritas, pues si no fluye en ellos afecto por nosotros no tienen por qué demostrar un falso sentimiento o una risa ficticia, como lo hacen los seres humanos acostumbrados siempre a vivir en un mundo de hipocresía y apariencias, en donde toda sinceridad a veces tiene cara de cinismo. Debe ser a causa de esta realidad de la vida canina que uno de los mejores conocedores de la naturaleza humana in universa Terra, Sigmund Freud, un día escribió: «Los perros aman a sus amigos y muerden a sus enemigos, casi al contrario de las personas, quienes tienden a mezclar amor y odio».


Pero asimismo, los perros son capaces de exacerbar sus sentimientos in extremis y muchas veces sus muestras de antipatía refléjanlos celosos con sus amos cuando éstos hállanse en compañía de sus amigos más queridos, ante los cuales los canes desarrollan una celotipia proclive incluso a las actitudes más agresivas y fieras de las que son capaces a nativitate. Igual cosa acontece, con nuestros amigos los perros, cuando demostramos afecto hacia otros animales en su presencia, viniendo a interponerse para que les tomemos en cuenta o para que nuestras caricias vayan dirigidas ex professo para ellos. Mas en todo esto existe autenticidad y esa es la más admirable cualidad que de ellos podemos resaltar cuando en el género humano las constantes faltas de originalidad constituyen un denominador común que esconde la vera effigies de una persona cualesquiera ante la que quizás deberíamos cuidarnos ad súmmum.



En ellos aprendemos el valor de los gestos más que con las personas, pues tan solo con la mirada nos enseñan a entenderles, con su alegría desbordante nos exigen que les prestemos atención, con sus ladridos febriles adviértennos del peligro o defiéndennos del enemigo o del adversario y con sus aullidos de dolor acongójannos cuando la enfermedad les acosa o la tristeza les oprime de profundis. Y en tanto no hablan nuestro lenguaje debemos ser observadores a cualquiera de sus gestuales manifestaciones con las que comunícannos sus deseos, ora cuando tienen hambre y sed y se les agotó sus raciones, ora cuando nos avisan algo de lo que ni cuenta nos damos, ora cuando solamente requieren afecto y sienten que les hemos dejado de considerar, de mimar o de prodigarles las debidas atenciones que levántanles su ego. Mas en todo esto contémplase una inteligencia superior que llévannos a columbrar que son tan perfectos, pues solo les hace falta hablar en nuestro idioma. Tan profunda es la verdad de esta realidad perruna que no es errático pensar en que la razón por la cual los perros tienen tantos amigos es porque mueven sus colas en lugar de sus lenguas. Y es que con la lengua los integrantes del género humano hacemos cosas graves todo el tiempo. Ya Pedro Calderón de la Barca, gloria cimera de nuestra excelsa lengua de Castilla, decía: «Huya de murmuraciones, /porque el veneno más malo /no es el que sueltan las víboras /sino el que vierten los labios».



Y es aquí cuando nos enseñan que son seres vivos con sentimientos y que poseen aptitudes para amar o sufrir. Por ello, las tragedias que a veces les toca vivir son igual de impactantes que para los seres humanos, ya cuando pierden a un ser querido, sea éste uno de sus amos o sea ya uno de sus cachorros, sea quizás la madre o el padre, llegando inclusive a la depresión, con terribles secuelas para sus vidas, cambiando para siempre sus conductas, modificando su personalidad, sumiéndose en la tristeza ad infinitum y dejándonos con la congoja de contemplar cómo un trauma psicológico es también algo del que no pueden escapar.



Igual cosa sucede cuando les toca vivir una desgracia, siendo víctimas de graves accidentes de los que sobreviven con las secuelas del efecto post traumático que marca sus vidas con el duro legado del dolor y el sufrimiento, experiencia de la que nos enseñan a aceptar que la existencia no implica solo gozo y alegría sino pesares y tristezas, por lo que el sufrimiento es de veras una escuela de formación cuando salimos de él y continuamos trajinando por la vida ad gloriam Dei et suam Divinam Providentiam.


El instinto primario defínenlos par excellence y la falta de raciocinio haránles no actuar nunca como personas racionales y en esto son igualmente grandes maestros que muéstrannos, como en una especie de «veritatis speculum» o «espejo de la verdad», que las primitivas reacciones son propias de las bestias, ya que sus enfurecimientos pueden llegar a atentar la vida de los humanos cuando vuélvense implacables fieras de peligrosos fauces, ante las que nuestra impotencia impídenos enfrentarlos apropiadamente. Por ello, jamás debemos abusar de su paciencia o incoarles hasta alterar su modus actuandi, mientras por ese sentido primitivo que les es innato demuéstrannos que son territoriales en grado superlativo, puesto que jamás atacan al adversario más allá de los límites de nuestras viviendas, dejando de ladrar en propiedad ajena. Así, son los precisos defensores del territorio en donde habitan y por eso representan ab aeterno los mejores guardianes para nuestras casas.



En tanto son criaturitas muy dependientes de los seres humanos, los perros enfréntanse a duras circunstancias cuando las personas no tienen sensibilidad para brindarles las debidas atenciones y así el sufrimiento canino es de veras grave, sobre todo con los llamados perros callejeros que viven peripecias y avatares sin cuento en su lucha por la supervivencia. Crueles los amos que los abandonan y los someten, ex abrupto, al mundo inhóspito de la calle, en donde pueden encontrar incluso la muerte, ora por un accidente fortuito, ora por un envenenamiento maldito, ora por los propios peligros que representa para ellos vivir a la intemperie sine protectionem.


Mas son estos canes los que más transmítennos enseñanzas de su infinita capacidad de amor sin límites y su solidaridad fraterna pues son gratos ad infinitum con quienes, conmovidos por sus especialísimas circunstancias de no tener dueño, bríndanles ayuda en cada barrio o permanecen alertas a sus cuidados. A tal punto hay tanta verdad en esta experiencia con los canes que Mark Twain, con su gran capacidad observadora, escribió un día ad litteram: «Si recoges un perro hambriento de la calle y lo haces próspero, no te morderá; esa es la principal diferencia entre un perro y un hombre». Así, Deo gratias, estos animales vuélvense, gratis et amore, excepcionales guardianes de una barriada cualquiera ante la insólita presencia de un extraño. Pero siempre hállanse a su alrededor una mano generosa que les ayuda ya que el Señor, Providentissimus Deus, no abandona jamás ni a los lirios del campo, ni a las aves del cielo ni a toda criaturita de la creación que refleja, admirabilis et singularis, la maravilla obra de sus manos.


Pero nada hay más gratificante ad infinitum para una alma sensible que alimentar a un perro hambriento, experiencia que refleja el alto grado de nobleza que un ser humano puede tener. Por ello, a contrario sensu, no es entendible cómo ciertos degenerados seres pueden maltratar a estos animales, prodigándoles castigos infamantes o terribles sacrificios que solo permítennos constatar la insensatez a la que puede llegar un miserable que ha perdido el mínimo principio de dignidad consigo mismo y con los demás, puesto que «quien maltrata a un animal no demuestra buen natural».

Cual mater amabilis et admirabilis una perrita es siempre una madre ejemplar y sus gestos maternales son toda vez una ocasión para pensar en ese instinto maternal que vuélveles magnánimas ad summum a las perritas que viven la experiencia de la procreación in veritatis splendor siendo modelos para muchas mamás in humani generis. Por eso, a fortiori, debido a estas y otras tantas vivencias cuántas enseñanzas recibimos diem per diem con cada uno de estos animalitos que conviven con el hombre in vita nostra.



En fin, son estas y otras tantas experiencias vividas con los perros a lo largo de la humana existencia lo que nos han hecho pensar siempre que son de veras los mejores amigos del género humano, pues como decía Andy Rooney: «El perro promedio es mejor persona que la persona promedio», toda vez que solo cuando se ha vivido con sensibilidad hacia estos animales podemos decir que los perros no son todo en nuestras vidas, claro está, pero la hacen más completa ad bene placitum in cordibus nostris.


DIEGO DEMETRIO ORELLANA

Datum Concha, apud flumina Tomebamba, currentis Anno Domini MMXIV, in Diem Mundialem Amicitiae.

domingo, 9 de febrero de 2014

LA ORQUÍDEA ONCIDIUM EXCAVATUM: ¿UN FRAUDE PARA LA HISTORIA DE CUENCA?

Santa Ana de los Ríos de Cuenca, febrero 9 del año del Señor de 2014

In sollemnitate Sancte Franciscus Febres Cordero, Fratrum Scholarium Christianarum

 

Dr. Paúl Granda López

Alcalde de Cuenca

 

Señores concejales y señoras concejalas del cantón:

Dra. María Cecilia Alvarado

Ing. Juana Bersosa Webster

CPA.  Ruth Caldas

Dra. Norma Illares Muñoz

Sr. Julio León Ullaguari

Dr. Lauro López Bustamante

Dra. María José Machado

Crnel. Ángel Montero Sánchez

Dr. Jaime Moreno Martínez

Dr. Wilson Muñoz

Dr. Carlos Orellana Barros

Dr. Tarquino Orellana Serrano

Ing. Joaquín Peña

Lcdo. Lauro Pesántez Maxi

Ing. José Luis Rodríguez

Lcda. Monserrath Tello

 

Ing. Fabián Carrasco Castro

Rector de la Universidad de Cuenca

 

Dr. Carlos Cordero Díaz

Rector de la Universidad del Azuay

 

Rvdo. Padre Javier Herrán, SDB

Rector de la Universidad Politécnica Salesiana

Ciudad.

 

De mi consideración:



«VERITAS SIT VISIBILIS IN HISTORIA NOSTRA»

«LA VERDAD DEBE SER VISIBLE EN NUESTRA HISTORIA»


Como muy bien lo sabéis, el pasado 3 de noviembre del año 2013, en la sesión solemne del Cabildo con motivo del centésimo nonagésimo tercer aniversario de la Independencia de Cuenca, el Ilustre Concejo Cantonal declaró a la orquídea Oncidium excavatum como «FLOR DE LA MORLAQUÍA», hecho totalmente desapercibido en los habitantes de Cuenca, que no sentimos ninguna sintonía con tal declaratoria, ya que esta orquídea no representa -en nuestra realidad histórica- una flor que las antiguas y presentes generaciones de cuencanos la consideremos como un ícono emblemático de la región.

 

Sorprendidos y engarbullados por esta engañifa, no es entendible la ligereza con la que actuásteis, desde el Ilustre Concejo Cantonal, para declarar equívocamente a esta especie floral como símbolo emblemático de la morlaquía, habiendo flores con más méritos para ser escogidas como íconos de la ciudad, las cuales ni siquiera fueron tomadas en cuenta.

 

Eduardo Sánchez Sánchez 
y su obsesión por la Oncidium excavatum

Ergo, es pertinente analizar, sine ira et studio, los endebles justificativos con los que habéis tomado esta decisión errada, pues los argumentos esgrimidos para la declaratoria no son convincentes y carecen de veracidad, requisito esencial de toda investigación científica seria, por lo que están planteados como sofismas con los cuales nos han tomado el pelo, en un documento que no tiene rigor científico ni metodológico, de autoría del Dr. Eduardo Sánchez Sánchez, orquideólogo de la localidad, y patrocinado por la Universidad de Cuenca, con el apoyo de la Universidad del Azuay y la Universidad Politécnica Salesiana, cuyas máximas autoridades deberían meditar, in honorem scientia, que si se avalan investigaciones de pésima calidad no resulta extraño que los centros universitarios hayan bajado de categoría en la última calificación de la SENESCYT.


 Dormilonas en un jardín cuencano

 El laurel, habitante ilustre de los huertos cuencanos

El sauco blanco o Sambucus nigra, también llamado Tilo en la morlaquía, 
en una casa de San Sebastián.

¿Quién no conoce a la Madre Selva de nuestras huertas cuencanas, 
apud flumina Tomebamba?

 

Prima facie, los fundamentos de la declaratoria son anodinos desde todo punto de vista, por lo que consignamos in scriptis las siguientes reflexiones con las que habrá de verse que nos pasaron gato por liebre con este asunto, quedando mal el Concejo Cantonal de Cuenca y las universidades auspiciantes, por haberos dejado sorprender con esta triste propuesta sin sustento científico ni histórico, mientras no se planteó jamás auscultar, ad referendum, el pensamiento de los ciudadanos del cantón, que nunca fuimos consultados para la debida escogencia del símbolo arquetípico que nos represente ante la historia y el mundo.


 

PARS PRIMA. El documento de marras intitúlase «FLOR EMBLEMÁTICA DE LA MORLAQUÍA EN LA CUENCA DE LAS AGUAS» y -como ya se dijo ut supra- es de autoría del orquideólogo Eduardo Sánchez Sánchez, quien en la página 7 de la mencionada publicación escribe una inadmisible falacia que la transcribo de verbo ad verbum: «El Oncicium excavatum es una orquídea que creció en los Andes occidentales del sur del Ecuador y por ende fue Cuenca la ciudad seleccionada por esta especie abundante y generosa que florece casi todos los meses del año, siendo su mayor temporada entre abril y junio, es decir al salir del período andino lluvioso e inicio del período frío y soleado al iniciarse el invierno austral…».

 

Ab ovo usque ad mala/De principio a fin, lo dicho por Sánchez es falso puesto que jamás, en Cuenca y la región, esta orquídea ha sido profusamente cultivada, ni sus habitantes la hemos conocido como una especie paradigmática de nuestras campiñas o de los jardines morlacos. Por eso, causa sorpresa e hilaridad que esta afirmación de Sánchez háyase tomado como justificación para que la Oncidium excavatum sea declarada como un símbolo de Cuenca, mientras resulta mentira decir que nuestra urbe ha sido escogida por esta especie como su hábitat natural. A nadie nos consta que así sea, ni que florezca casi todos los meses del año. Los cuencanos nunca lo hemos constatado, por el mero hecho de que jamás hemos visto que esta planta haya sido común en nuestra zona.



 

Lo que sí es cierto es que la orquídea Oncidium excavatum crece profusamente en sitios tales como Yunguilla, Nabón y El Progreso, localidades que no pertenecen al cantón Cuenca y que representan, a contrario sensu, hábitats naturales para esta especie, por lo que, a fortiori, debemos columbrar que nunca ha sido ni es una flor común de la capital de la morlaquía.


Tìpico altar de mayo a la Virgen María en Cuenca
Mercado 10 de Agosto, en donde la orquídea Oncidium excavatum brilla por su ausencia

 

ALTERA PARS. Más abajo, en la misma publicación, léese otro invento audaz que jamás háyase oído en nuestro medio. Lo copiamos ad litteram, tal como lo consignó Sánchez: «Esta orquídea estalla en floración amarilla dorada y manchada de marrón, tan popular en nuestro entorno que hasta los vecinos de Loja la conocen como la ‘morlaca’ y los habitantes andinos occidentales le bautizaron como ‘mayo’, coincidiendo con el mes mariano en el cual programan festejos a la Madre del Salvador y arman altares, arcos y decoraciones tapizadas de esta orquídea, que muestra una inflorescencia robusta, axilar de usualmente 40 a 50 cms…».

 

Riddendo et solus riddendo, cabe preguntarse: ¿si los cuencanos nunca hemos visto a esta orquídea como típica de la zona, cómo es que los lojanos la bautizaron como morlaca? Ergo, tal afirmación es capciosa y, a fortiori, no es cierta, puesto que si los propios cuencanos no identificamos a esta especie como elemento singular en nuestra historia es imposible que los vecinos de la provincia del sur hayan dado semejante nombre a una flor nunca vista, de manera copiosa, en las campiñas azuayas.



 Arreglo floral cuencano a la Dolorosa del Colegio «San Gabriel», en donde la orquídea Oncidium excavatum brilla por su ausencia.


Por otra parte, conviene preguntar al Dr. Sánchez, quien hábilmente acomoda sus expresiones para evadir, seguramente, que le emplacen vis a vis en sus temerarias afirmaciones: ¿quiénes son los habitantes andinos occidentales que bautizaron a esta orquídea como mayo? ¿no deberíamos ser los cuencanos los que pudimos calificar con tal nombre a esta especie nunca vista en nuestra zona? ¿desde cuándo los cuencanos o los azuayos somos habitantes andinos occidentales?

 

Pero como abyssus abyssum invocat/ el abismo clama al abismo, una falta acarrea otra y así, Sánchez no se queda allí con su astucia y su grave desafuero agrávase cada vez más cuando, dejando en el aire ciertas formas veladas al redactar sus falacias, llega a aseverar que la razón por la cual esta flor llámase «mayo» débese a la condición católica de Cuenca, ciudad mariana par excellence, en donde el culto a la Santísima Virgen María ha sido una de las características esenciales de la personalidad de los habitantes de la morlaquía. Y así, para que el pecado sea mortal, Sánchez afirma -sin aspaviento alguno- que en Cuenca se arman, durante el mes de mayo, altares, arcos y decoraciones tapizadas de esta orquídea, lo cual constituye una mentira que cae al más profundo abismo sub specie instantis cuando empezamos a pensar que, en nuestras filiales muestras de afecto a la Madre del Salvador, nunca hemos tapizado de esta orquídea ni altares, ni arcos florales ni decoraciones de ninguna especie.


Altar a la Dolorosa del Colegio, en mayo del año del Señor de 1988, en donde se ven gladioles, rosas, margaritas y nunca la orquídea Oncidium excavatum.

 

La verdad sea dicha en este punto: en todas las épocas de nuestra historia, cuando los ciudadanos de Cuenca, varones y mujeres, hemos preparado homenajes a la Virgen María, durante el mes de mayo a ella dedicado, las flores más utilizadas para diseñar decoraciones surgidas gracias a la piedad mariana, adornando altares y haciendo chagrillo y arcos florales para las procesiones con la sagrada imagen, han sido las rosas o las retamas, entre otras, por lo que habríamos de preguntarnos: ¿no será que las retamas, de flores amarillas y exuberantes en la morlaquía, han sido confundidas con la orquídea Oncidium excavatum por el Dr. Sánchez? Si así fuera, ¿no sería imperdonable que un orquideólogo confunda la retama con la orquídea a la cual dice él que llámasela «Mayo» o «Morlaca» en nuestro medio?


La Madona de la Sabiduría
Sedes Sapientiae/ Universidad de Cuenca

 

Las rosas para la Santísima Virgen en Cuenca, ciudad mariana par excellence, han sido muy tradicionales en mayo in honorem Sancta Maria, Mater Christi. Por esta razón, la Universidad de Cuenca, de la que el Dr. Sánchez es docente, publica desde el año del Señor de 1904, en cada mes mariano, el folleto intitulado «Rosas de Mayo», con el cual ríndense homenajes literarios a la Madona de la Sabiduría, la virgen paradigmática del alma mater cuencana, a la que venérasela con especial afecto en el campus universitario desde la época en que el Dr. Honorato Vázquez Ochoa era rector de la Universidad de Cuenca, a inicios del siglo XX, quien jamás refirióse, en sus poesías marianas, a la orquídea Oncidium excavatum para rendir veneración a la Madre del Señor, Mater Dei et Mater Nostra.


Honorato Vázquez y Miguel Moreno, autores del libro «Sábados de Mayo»

 

Ad exemplum, el famoso libro «Sábados de Mayo», publicado en 1877, que es una de las obras cimeras de la poesía mariana de todos los tiempos en la capital de la morlaqurirumba, típica  DE LA MOAS AGUArraoencial para toda investigaciñon va, que el Ilustre Concejo Cantonal de Cuenca se haya dejadoía, de autoría de los poetas Honorato Vázquez Ochoa y Miguel Moreno Ordóñez, no contiene en ninguna de sus páginas referencia alguna a esta orquídea como flor con la que los cuencanos hemos venerado a la Santísima Virgen, lo cual prueba hasta el hastío la burda falacia de Sánchez para pretender justificar lo injustificable y lograr, a mansalva, que el Ilustre Concejo Cantonal de Cuenca se deje sorprender para declarar a la Oncidium excavatum como flor emblemática de la morlaquía adversas historica veritas.



 Típicas flores de un jardín cuencano


 El chiri siqui, con sus sencillas flores, es un trébol negro de los huertos cuencanos

La nívea presencia de los cenesios en las huertas de Cuenca


PARS TERTIA. El parágrafo de Sánchez que nos hemos permitido analizar concluye con una aseveración de carácter científico que resulta desconocida para los entendidos y eruditos en la materia y deja ciertas inquietudes que permiten descubrir ipso facto sus mentiras, cuando dice in scriptis: «La clasificó el botánico inglés John Lindley en 1838».


Típico jardín cuencano: Calle Benigno Malo, 
antigua casa del Dr. Emiliano Crespo Astudillo y Lola Toral Vega


 Las azulinas, hermosas flores de los espacios verdes cuencanos

 Los granizos y su nívea belleza en las huertas cuencanas

La colorida petunia en un jardín de la morlaquía

 

Aquí caben las siguientes preguntas lógicas por las que puédese inferir que se nos está engañando de forma atroz: ¿si la orquídea es endémica de Cuenca, será cierto que el botánico John Lindley estuvo en nuestra ciudad en 1838 y la dejó clasificando con el nombre de Oncidium excavatum a una orquídea nunca vista como flor común cuencana en todos los tiempos? ¿por qué, en las biografías de este científico nunca refiérese que estuvo en el Ecuador y menos en Cuenca in illo tempore? Ex ungue leonem, he aquí otra arista por la que compruébanse una vez más las engañosas afirmaciones del orquideólogo Sánchez. Y sus falacias bajan al más profundo abismo de la desgracia cuando comprobamos, ad aperturam libri, que ni siquiera en los Estudios Botánicos de Luis Cordero Crespo, libro escrito a fines del siglo XIX, hállase registrada esta orquídea como flor común de la morlaquía.


Huaillug en Cuenca

Flor del Huaillug

Huaillug en el Palacio de Justicia de Cuenca

 

PARS QUARTA. En la página 12 de la publicación consta otra falacia expresada por Sánchez, stricto sensu: «Se trata de una orquídea de tamaño intermedio (flores), que prefiere el clima fresco, es usualmente epífita; esto significa que crece sobre árboles nativos (Haillug, Nogal, Cholán, etc. pero se ha adaptado a toda especie introducida».

 

Quid pro quo, en este parágrafo existen varias imprecisiones. En primer lugar, no existe ningún árbol llamado Haillug en nuestra comarca. Al parecer, Sánchez confunde al Guayllug o Huayllug, una especie arbórea propia de nuestra zona, de preciosas flores rosáceas, mas nunca ha vístose que la Oncidium excavatum se desarrolle en sus troncos como afírmase taxativamente en el texto inmediatamente precedente. Tanto más cuanto que este árbol está presente en céntricos puntos de la urbe, como las afueras del Palacio de Justicia, en las calles Sucre y Luis Cordero, donde la orquídea brilla por su ausencia.

Típico nogal cuencano en el puente El Centenario

 

En segundo lugar, esta orquídea jamás crece de manera parásita en el Nogal, el Cholán o el Huaillug y aquí vemos otra invención atrevida sobre la Oncidium excavatum, ya que tanto el nogal o tocte, como el fresno o cholán y el guayllug son de veras árboles muy comunes en la morlaquía y los cuencanos no hemos visto jamás que en sus troncos habite esta orquidéacea, como sí hemos visto, a contrario sensu, a las bromelias o huicundos que suelen crecer espontáneamente sobre éstas y otras especies arbóreas de la tercera ciudad de la república, sin que nadie las coloque o las siembre, siendo éstas las verdaderas plantas epífitas de muchos árboles cuencanos.


Nogal en un huerto cuencano/ 
Casa de Lulú Torres de Aguilar

En el caso del Nogal trátase de una especie vegetal peculiarísima para la morlaquía, a punto que su presencia configura una singular atmósfera en el paisaje natural de la región. In stricta veritas, el nogal americano, también llamado «tocte», encuéntraselo en diversos puntos de la urbe y es una planta leñosa que desarróllase mejor en las orillas de los ríos y prefiere los suelos fértiles, húmedos y abonados. En las campiñas morlacas ha sido un espécimen común desde la época de los cañaris, para quienes representaba un árbol mítico venerado con singular afecto.

En el nogal crecen espontáneamente huicundos o bromelias, 
pero nunca orquídeas Oncidium excavatum

Es así entonces, una especie autóctona y su presencia en América Latina hizo que fuese bautizado como nogal americano. Su nombre científico es Juglans Neotropica Niels o Juglans Regia y pertenece a la familia Juglandaceae. La densidad de su follaje es espesa y el tronco es leñoso, erecto, gris, con grietas profundas y no ha sido un hábitat natural para la Oncidium excavatum. Sus hojas son verdes y oscuras en el haz y más claras en el envés y su fruto es una drupa carnosa, con una sola semilla, el «tocte», redondo, muy fisurado, con piel de color verde cuando está tierno.

Esplendorosa fronda de un nogal en Cuenca

Mas siendo como es un árbol autóctono de nuestra tierra, si fuese cierto lo que Sánchez afirma, la Oncidium excavatum sería muy familiar en Cuenca, pero como nunca se la ha visto asociada a los nogales la vil mentira del orquideólogo aparece desnuda a capite ad calcem/ de la cabeza a los pies. Mucho más cuando son las bromelias o los huicundos las verdaderas plantas epífitas de los nogales, como lo vemos en la imagen que ilustra este parágrafo ad effectum videndi.

El nogal crece incluso junto al fresno, como en esta imagen, sin que exista la orquídea Oncidium excavatum en ninguno de sus troncos/ Huerta de la casa del maestro Víctor Arévalo Vázquez.

Pero digamos además que la época en que se cosecha el conocidísimo tocte, ha sido siempre el período de vacaciones escolares, entre julio y septiembre, y los habitantes de la morlaquía jamás hemos visto, ni en sueños, que sobre este árbol crezca la Oncidium excavatum. Si así fuese, para intentar dar la razón a Sánchez, todos quienes fuimos estudiantes un día deberíamos recordar a esta orquídea integrada in aeternum con el nogal y como esto no sucede, las afirmaciones de nuestro doctor Sánchez son como si se dijese, ad ignorantiam, que Mozart o Beethoven nacieron en Cuenca y son personajes epónimos de la morlaquía.

Fresno o cholán en el parque de San Sebastián

 Fresno o cholán apud flumina Tomebamba

Como puede verse, en los troncos del fresno crecen huicundos o bromelias, nunca la orquídea Oncidium excavatum

Pero el orquideólogo va más allá de lo esperado cuando dice que la orquídea crece igualmente en los troncos del fresno o cholán, de exquisitas flores amarillas y que hállase en muchas partes de Cuenca, lo cual tampoco es cierto pues en estos árboles -propios de parques, parterres y jardines- jamás se la ha visto como planta epífita o parásita in Concha, apud flumina Tomebamba.

Llegar a aseverar cosas que son fácilmente deleznables por cualquier cuencano que se pone a meditar en estos aspectos que me permito visualizar, coram populo, es una insolente manera de burlarse de nuestra inteligencia. Y eso no lo podemos permitir.

Coloridas flores de un jardín cuencano


La malva pectoral en un huerto cuencano

La llorona con sus sencillas y diminutas flores, 
así llamada a una familiar trepadora de nuestras huertas y jardines in Concha.

PARS QUINTA. Mas como si todo esto fuera poco, en esta triste investigación, Sánchez aún nos tiene reservadas más invenciones que ofenden a nuestra inteligencia y así, en la página 13 leemos in extenso la siguiente barbaridad redactada con gazapos gramaticales y notables errores de precisión semántica: «Su hábitat está representado por las ramas de los árboles, las grandes rocas, los taludes de carreteros en alturas comprendidas entre 2.400 hasta los 2.700 m.sn.m., es decir la altura morlaca de 2.500 metros es la ideal y por ello esta humilde y bella orquidácea, que no exige nada sino solamente que le permitan adornar nuestros jardines, crece abundantemente y se desarrolla con mucha generosidad haciendo gala de su florífera presencia que le ha ganado el concepto de común, ordinaria en comparación con los híbridos gigantes que abundan en calles y mercados, sin considerar que las especies son la matriz de este inmenso mundo de orquídeas fruto de la mano humana, que partieron de las especies de la naturaleza para mezclarlas y generar miles y miles de híbridos que inundan los mercados internacionales».

                                                                Pensamientos y clavelinas en un jardín cuencano        

Al respecto habremos de decir que por más que Sánchez se esfuerce en hacernos creer que la Oncidium excavatum supuestamente es una flor común de Cuenca, no logra convencernos que en efecto así lo sea y como toda mentira deja siempre un hilo por donde desenróllase el ovillo, en este aparatoso parágrafo, con graves errores de redacción, el orquideólogo hace escapar una confesión por la que permítenos entender que la Oncidium excavatum es una orquídea que podría desarrollarse profusamente en Cuenca, haciendo patente que esta flor no es común de la morlaquía mas podría serlo si se la cultivara aprovechando la altura de la capital azuaya.

Amor constante: flor común de los jardines cuencanos


El geranio runa y los manzanillones: habitantes únicos de los huertos y jardines morlacos

Mas, Sánchez declara luego, ex informata conscientia, que «la Oncidium excavatum solamente exige que le permitan adornar nuestros jardines», lo cual prueba que jamás ha existido en las campiñas azuayas, ora como planta epífita o parásita, ora como especie común de quebradas, valles y espacios verdes, mientras concluye el farragoso texto haciéndonos notar que el mundo de las orquídeas es nuevo en nuestro medio, pues surgió hace no más de tres décadas y las especies hoy existentes en nuestra región solo se las cultiva bien en invernaderos, en los que Sánchez es experto logrando híbridos de singular belleza que comercialízanse en los mercados internacionales, a precios prohibitivos que hacen que los ciudadanos comunes y corrientes de la capital azuaya ni siquiera podamos comprarlas, mientras cuando se las consigue se lo hace como una rareza y no como la adquisición de una planta común de las campiñas morlacas.

Estrella de Panamá en un huerto cuencano





 Dormilonas, flores comunes de nuestros jardines en Cuenca


Los perritos en las murallas de un huerto cuencano en Verdeloma

PARS SEXTA. Esta penosa investigación que hállase pletórica de falsedades concluye en la página 14 con un capítulo intitulado IDENTIDAD, el cual para nada aporta conclusiones contundentes en un trabajo investigativo que no tiene pies ni cabeza y, como no podría ser de otra manera, ad absurdum, en este epílogo hilarante Sánchez escribe más cosas abstrusas, falsas e infundadas junto a unas aseveraciones absurdas, imperdonables en un investigador botánico que mas bien demuestra ignorancia supina y tenebrosa, mientras el crítico lector concluye que la Oncidium excavatum no es una flor emblemática de la capital azuaya y se nos ha tomado el pelo para lograr su declaratoria como emblema paradigmático de Cuenca, urbis semper amata et intemerata, a la cual debemos respeto y no oprobio con esta declaratoria de una flor que para nada es un elemento icónico de la comunidad cuencana ad futuram rei memoriam.

Típicas rosas de cerco en Cuenca

Hermosa atmósfera de un jardín en un huerto cuencano: 
el geranio y la dormilona, entre la sinvergüenza y la pena pena.




AGAPANTOS O VARA DE JOSÉ, EN CUENCA

Pero copiemos las temeridades que Sánchez expresa en la conclusión de su triste investigación, con la advertencia de que el texto es farragoso y no posee precisión semántica, por lo que algunas frases aparecen mal redactadas y abstrusas, ofendiendo a nuestra maravillosa lengua de Castilla:  «Cuán  importante resulta tener identidad y declararla como emblema de la ‘Morlaquía’ a un árbol o una flor para nos represente y pueda estar presente en estandartes, escudos, frescos, tantos detalles de diseño publicitario y hasta en estampillas de correos con el fin de promocionar a nuestra Cuna Patrimonial, hoy que su nombre cruza las redes de la comunicación electrónica y se la destaca más que nunca como destino turístico y de habitáculo para personas que se han tomado nuestras cas y parques ampliando fronteras y vínculos tan fáciles en un siglo de ágil intercambio. Por lo anotado, un grupo de naturófilos y amantes de la Cuenca de las Aguas o Paucarbamba (llanura de flores), considerando que la flor de Amancay no es nuestra (Astromelias) fue utilizada por el poema para hacer rima con Yanuncay. Es así que por iniciativa de la Universidad de Cuenca y con el apoyo de la Universidad del Azuay y de la Universidad Politécnica Salesiana se ha creído pertinente solicitar a la Ilustre Municipalidad de Cuenca se considere la solicitud de ‘declarar flor emblemática de Cuenca‘ al Oncidium excavatum por su alta representatividad en la gigante familia de las orquídeas, tan popular en Ecuador como país andino y ecuatorial, posición estratégica como patrón de biodiversidad y cofre de riqueza turística».


Esplendorosas conchas en los jardines morlacos


 La azucena amarilla de los jardines y huertos cuencanos 

Otra liliácea de singular belleza en Cuenca

Exceptis excipiendis, más allá de los errores gramaticales en la redacción de estas conclusiones, la identidad de un pueblo no se mide ex professo por una declaratoria como ésta ni como consecuencia de aquello un objeto cualquiera debe estar en estandartes, frescos, escudos, sellos de correos y diseños publicitarios, como tampoco por esto nuestra ciudad habrá de verse promocionada urbi et orbi.

Amancay, de la familia de las Amarilidáceas, nunca de las Astromelias

Pero, ex admirationem, Sánchez vuelve a mentir al decir que la flor del Amancay no es nuestra, cuando es más nuestra que la orquídea, ya que su propio nombre viene del Quechua: Amancay, a la vez que no es una astromelia como afirma el orquidéologo sino una amarilidácea, circunstancia que denota un notorio caso de ignorancia supina, pues es inadmisible que un entendido en orquídeas y plantas no sepa que el Amancay es una flor de la familia de las Amarilidáceas y nunca de las Astromelias.


Amancay: que en el pasacalle Chola Cuencana es una metáfora 
para los bolsicones de las cholas cuencanas.

 

Ad márginem, por otro lado, al aseverar que la palabra Amancay fue utilizada por el poema solo para hacer rima con Yanuncay incurre en una ofensa tanto para nuestra incomparable lengua de Castilla cuanto para el poeta Ricardo Darquea Granda, autor de la letra del pasacalle Chola Cuencana musicalizado por Rafael Carpio Abad, que es uno de nuestros emblemáticos himnos, puesto que no es el poema sino el poeta quien utiliza la palabra para rimar y solo un pésimo versificador hace uso de los términos castellanos a fin de tan solo rimar. Evidentemente, este no es el caso de Darquea, quien resulta injuriado con esta afirmación de Sánchez, en tanto el poeta era un creativo bardo que cum clara lux, al utilizar el nombre del Amancay y lograr con él rima consonante con Yanuncay, hizo una bella metáfora poética para las cholas cuencanas que vístense con polleras coloridas que de veras se parecen al capullo del Amancay, el cual ábrese esplendoroso tal como si fuese la pollera tradicional de nuestras cholas.

Amancay o flor del Tres de Noviembre, en los jardines de la UPS

Digamos a fortiori que para los habitantes de la morlaquía la flor del Amancay ha sido tan icónica, in aeternum, que justamente fue bautizada, con la sabiduría popular, como la «flor del Tres de Noviembre», debido a que por esa época, fecha de la Independencia de Cuenca, el Amancay estalla en floración, hecho más que suficiente para probar cuánto esta bella especie floral imbricóse en nuestra cultura morlaca y seguramente éste debió ser uno de los aspectos en que fijóse el poeta para componer la letra de la Chola Cuencana, ya que su intenso color rojo es de veras una sugestiva invitación a pensar en el bolsicón de las cholas cuencanas y puédese deducir que por allí habrá surgido la metáfora del poeta Darquea en su alusión al grande capullo de esta amariliácea.

Amancay, en la cultura hispana llamado también Cáliz de Cristo

Y es esta flor roja, con manchas blancas, la que justamente en Cuenca fue bautizada como Amancay por los habitantes de la capital de la morlaquía es el Hipeastrum, en la Botánica, de la familia de las Amarilidáceas y ha sido cultivada ampliamente no tan solo en la urbe sino ampliamente en San Joaquín, parroquia rural del cantón Cuenca, de reconocida fama por la siembra de flores, mientras en la cultura hispana, allende los mares, esta especie ha sido conocida también como cáliz de Cristo, lo cual prueba cómo las plantas imbrícanse en la cultura de los pueblos de profundis y llegan a ser íconos arquetípicos de una comunidad cualquiera, lo que no ha acontecido con la orquidéacea de nuestro Dr. Sánchez.



El  Amancay o Tres de Noviembre es llamado, en la Botánica, Hipeastrum, de la familia de las Amarilidáceas, nunca de las Astromelias


El Amancay es tan común que hasta en los balcones cuencanos es posible hallarlo in veteris urbis
como en esta casa de la calle Bolívar. Barrio del Santo Cenáculo.

 

In urbis nostra, la «flor del 3 de Noviembre» ha sido profusamente difundida por botánicos y jardineros locales como Nicanor y Ernesto Lobato, quienes la cultivaron todo el tiempo y la sembraron copiosamente ora en los jardines morlacos, ora en parques y parterres, ora en espacios públicos en los que su presencia ha sido preponderante, mientras su nombre ha inspirado para la creación de la marca de fideos y tallarines «Amancay», tanto como para bautizar incluso a un medio de comunicación local de circulación quincenal en Santa Ana de los Ríos de Cuenca.

Amancay amarillo, de la familia Liliáceas, en Cuenca

 Amancay blanco, de la familia Liliáceas, en un huerto patrimonial


Amancay blanco, de la familia Liliáceas, en Pumapungo, en las afueras de la antigua Casa de Ejercicios San Ignacio de Loyola de los beneméritos padres jesuitas en Cuenca. 

 

No obstante, en la Botánica, más allá de estas apropiaciones culturales, existen algunas especies de Amancay, pero en Cuenca se conocen cuatro: la roja, que es la propia flor del Amancay que inspiró al poeta y que es aquella que los cuencanos llaman «la flor del Tres de Noviembre», junto con otra variedad blanca, con tintes rojos, menos común pero hermosa par excellence, así como también existe el Amancay blanco y el Amancay amarillo, que son liliáceas comunes en la región andina y en la capital azuaya han existido siempre en parterres, jardines y en las orillas de los ríos, constituyendo flores comunes de la morlaquía imposibles de confundirlas con las astromelias.


 Hermosas astromelias en Cuenca, imposibles de confundirlas con el Amancay


Ad hominem, digamos entonces que las astromelias, que representan otra especie de hermosas flores, son muy diferentes al Amancay como puede verse en la imagen, siendo plantas que en las últimas dos décadas han formado parte de los jardines de nuestras viviendas y son muy comunes para adquirirlas en la Plaza de las Flores, exclusivo espacio para la comercialización de plantas en Santa Ana de los Ríos de Cuenca.



 La verbena, típica flor de los cerramientos en Cuenca


 El bouquet de novia, especialísima flor en Cuenca

Bouquet de novia: detalle de su hermosa flor en Cuenca

Rebus sic stantibus/ Estando así las cosas, resulta sorprendente que las tres universidades más importantes de la capital azuaya hayan sido sorprendidas para auspiciar y avalar esta triste investigación que por todo es deficiente, nada verídica ni científica y en la que ocúltanse probablemente protervos intereses de un cultivador de orquídeas que buscó la declaratoria de la Oncidium excavatum, al parecer, para quedar bien con el Festival Internacional de las Orquídeas que realízase justamente en las fiestas novembrinas de la capital azuaya, evento en el que cada año Sánchez tiene un papel protagónico y que ha resultado un negocio próspero para sus organizadores en los últimos años.


Flor de cactus rojo, muy familiar de nuestros jardines in Concha

Cactus rojo en un típico huerto cuencano

 Flor de cactus blanco, común especimen de un huerto cuencano 
en una casa de San Sebastián


 Flor de cactus blanco, entre un formidable helecho macho

en una casa de San Sebastián


 

PARS SEPTIMA. La cuestionada investigación desmerécese más todavía cuando en la página 12 publícase un poema dedicado a la orquídea, de autoría del Dr. Luis Guillermo Sánchez Orellana, padre de Eduardo Sánchez Sánchez. Este detalle deja entrever una falta de ética en este trabajo, mientras resulta sorprendente confirmar que en el libro oficial de las Bodas de Diamante del colegio «Rafael Borja», publicado en septiembre del año 2013, dos meses antes de esta declaratoria, hállase un artículo del Dr. Bolívar Sánchez Orellana, tío de Eduardo, quien sugiere que la retama sea reconocida como símbolo iconográfico de Cuenca, lo que permítenos inferir -sin que esto fuere una elucubración injusta- que el Dr. Eduardo Sánchez Sánchez tomó la sugerencia de su pariente, le robó la idea y manipuló a las universidades auspiciantes para granjearse el aval académico con el cual apareció ante el Concejo Cantonal y sorprendiéndoos a todos vosotros logró vuestro apoyo, dentibus albis, para declarar a una orquídea y no a la retama como flor emblemática de la morlaquía, quien sabe debido a qué oscuros fines.


 Chorritos de luz, típica flor cuencana 
que dio origen a un pasillo del mismo nombre por Rafael Carpio Abad

El porotillo, habitante infaltable de nuestras campiñas, cementeras y jardines


La buganvilla, preciosa flor de los huertos y jardines en Cuenca


Esta actitud es tan cuestionable y pone sobre la mesa la vera effigies de Eduardo Sánchez Sánchez y por eso se dice en nuestra maravillosa lengua de Castilla: «en el país de los ciegos el tuerto es el rey». Ad concludendi, es inaudito cómo pudisteis haberos dejado sorprender para que mutatis mutandis os pasen gato por liebre burlándose ad infinitum de vuestra inteligencia, en un hecho audaz que no tiene precedentes en el Concejo Cantonal de Santa Ana de los Ríos de Cuenca.

 

 Los ojos de Susana, inconfundibles flores de Cuenca 
en sus amplias campiñas, en sus ríos, en sus huertos y jardines.

Comunes atmósferas de flores en Cuenca


El ensueño, la típica trepadora de las huertas de Cuenca, 
ciudad de fuentes y flores ad gloriam Dei.

Jardín de las carmelitas descalzas, en donde nunca han vístose orquídeas Oncidium excavatum, desde 1682, cuando llega a Cuenca la Orden del Carmelo.


Así entonces, in veritas semper fidelis, la Oncidium excavatum no ha sido jamás una flor de la morlaquía y, al habérsela declarado oficialmente como tal, el Ilustre Concejo Cantonal cometió una grave falta histórica en contra de Cuenca, urbe a la que la representa, por lo que in stricta iustitia deberíase rectificar este error in honorem urbis et veritatis splendor.

 

En esta imagen compruébase la falacia de Eduardo Sánchez, pues las orquídeas Oncidium excavatum no nacen en los troncos del nogal, del fresno o del huaillug, tampoco en el tronco de esta araucaria augustifolia, en donde fueron mas bien colgadas con clavo.


Es pertinente acotar que esta orquídea, cuando se la ha visto en las casas de la urbe, exempli gratia, ha sido una rareza entre las flores típicamente cuencanas de nuestros jardines, sobre todo en las villas modernas de Cuenca y desde no hace más de tres décadas.


 Dormilonas, en un huerto de San Sebastián

Claveles en Cuenca

Huerta de una casa de San Sebastián: geranios, zarcillos y cactus

 
La pena pena/ Comunes florecillas cuencanas

En las huertas de las casas patrimoiales de Cuenca y en los bellos espacios verdes de nuestras viviendas siempre han vístose ad bene placitum preciosas flores como las retamas, los claveles y las rosas, los amores constantes, los geranios, las fucsias o zarcillos, los lirios y las violetas, las conchas, las dalias, las margaritas, las malvarosas, las malvas pectorales, las madreselvas, las amapolas, las clavelinas, las hortensias, los manzanillones, los amancayes, las azucenas, las azulinas, las petunias, las gardenias, las funerarias, los nardos y los gladioles, los crisantemos, los azahares, los porotillos, los laureles, los cactus blancos y rojos, las buganvillas, los pensamientos, la cucarda, la ilusión, las begonias, las fresias, el tilo o sauco blanco, los alhelíes, los girasoles, el huantug o floripondio, los agapantos, los cenesios, las verbenas y las magnolias, flores juntas de las que podríase decir que son las más familiares de nuestros huertos y jardines, entre las cuales -la verdad sea dicha- jamás se ha contemplado a la orquídea Oncidium, a lo largo de la historia, si no fuese como una rareza singular en las últimas décadas.



 

Algunas de las flores cuencanas han sido tan atractivas in historia nostra para los bardos o poetas, tanto como para poetisas, músicos y artistas plásticos, que inclusive se han inmortalizado, ad perpetuam rei memoriam, en la pintura, la poesía o la música, como es el caso de la flor del Amancay, que inspiró a Ricardo Darquea Granda para componer la letra de la Chola Cuencana, al decir ad litteram: «Chola cuencana, mi chola/ capullito de amancay…».



 

Lirios cuencanos en los jardines morlacos



En la familia de las Liliáceas, verbi gratia, los lirios con su blanca pureza han sido tan singulares en los jardines de la ciudad amada, que inspiraron un día a los habitantes de la morlaquía para que, con sabiduría popular y espíritu sensato, bautizaran al Santo Hermano Miguel de las Escuelas Cristianas como el «Lirio del Tomebamba» o también el «Lirio del Azuay».

La flor de Cristo es una orquidéacea típica de la morlaquía 
y nunca la Oncidium excavatum

La cucarda o Hibisco, en la Botánica, flor tradicional de los jardines cuencanos


La cucarda, en un precioso jardín de Cuenca

Quién no ha visto un lirio lila, hermosa liliácea de los jardines cuencanos.

 

Sibi tamen, en la jardinería de la tercera ciudad de la república, si pudiéramos hablar de ella con especificidad, han existido ciertas plantas que, por tradición, fueron muy típicas como elementos singulares de los huertos y jardines cuencanos. Ad exemplum, la arirumba, bella flor morada o blanca en nuestra historia, la cual quedóse perennizada en el Libro del Corazón, del eximio poeta Miguel Moreno Ordóñez y hasta en una de las calles de la urbe, en El Ejido.


La Santa María en el huerto de Eudoxia Estrella viuda de Larrazábal

Corazón de fuego, begonia típica de los huertos cuencanos



 El manto de la Virgen en el huerto de una casa de San Sebastián

El culantrillo del pozo, peculiar planta de la morlaquía

 

Otras plantas y flores comunes en nuestra ciudad castiza han sido bautizadas con la sabiduría popular de los habitantes de la morlaquía o el acervo de la cultura hispana, surgiendo nombres curiosos como el «Tres de Noviembre», la «pena, pena», la «Santa María», el «corazón de fuego», el «ala de ángel», las «dormilonas», el «bouquet de novia», los «chorritos de luz», la «vara de José», la «lluvia de estrellas», la «corona de Cristo», el «manto de María», el «manto de la virgen», la «estrella de Panamá», la «cresta de gallo», la «llorona», el «chiri siqui», el «granizo», el «culantrillo del pozo», la «flor de la pasión», los «ojos de Susana», los «canarios», la «lágrima de niño», la «sinvergüenza» o la «flor de Cristo».


Rosa llamada «Labios de la Virgen» 
en el huerto patrimonial de Lulú Torres de Aguilar.

 

Entre las rosas hállase aquella que fue llamada desde antaño como «labios de la virgen» junto a la famosa «rosa de Castilla» y la no menos distinguida «rosa de Jericó», especies cultivadas siempre por las abuelas de antaño y que hoy hállanse casi desaparecidas, pero permanecen aún en el imaginario de muchos ciudadanos que hemos convivido con ellas y las hemos visto en todo tiempo, desde nuestra niñez, como especies paradigmáticas de los campos morlacos y los huertos de las viejas casas patrimoniales o los conventos de la urbe, en donde siempre hubo una especial manera de cultivarlas.




Rosas de jardines cuencanos in vita nostra

 

Justamente, las rosas han sido tan peculiares en nuestros jardines, que fueron bellamente descritas por el genial poeta Remigio Romero y Cordero, en su bello soneto «Elegía de las rosas», convertido en la letra de un hermoso pasillo musicalizado por el conspicuo poeta César Andrade y Cordero, quien era también un compositor de admirable talento: «Qué pasará de noche no hay mañana/ que no tenga el jardín rosas difuntas/ sobre estas cosas cariñosa hermana/ ¿por qué a Nuestro Señor no le preguntas?/ Pasemos esta noche en la ventana/ los ojos fijos y las manos juntas/ para saber mañana de mañana/ ¿por qué hay en el jardín rosas difuntas?/ y velamos, las doce, luego la una, /y nada… a flor de soledad la luna/ en paz lo muerto y en quietud lo vivo/ mas, al prendernos Dios la luz del día/ la última rosa blanca en agonía/ y las otras ya muertas sin motivo».





Comunes y familiares rosas de cerco en las campiñas cuencanas

 

Ni qué decir tiene de las rosas de cerco, así llamadas a las típicas rosas cuencanas que espontáneamente crecen en las orillas de los ríos, en las quebradas, en los cercos y murallas de nuestras viviendas y que han sido siempre elementos representativos de la flora cuencana, tanto antaño como hogaño, lo que no puede decirse de la Oncidium excavatum en ninguna de las épocas históricas de la Atenas del Ecuador.


Lluvia de estrellas y geranios en una huerta cuencana

Las humildes violetas de nuestros huertos y jardines

Azucena especial de las huertas cuencanas

 

Y, ex admirationem, ante toda esta exuberancia de flores cuencanas, ya nativas, ya introducidas, la Oncidium excavatum brilla por su ausencia y si alguien puede dar cuenta de ella solo podrá decirnos que esta orquídea es una rareza y obtiénesela a precios prohibitivos como una rara avis in terra.


Cyclamen en el huerto de una casa de San Sebastián

 

Tanta certidumbre guardan estas palabras que inclusive otras flores introducidas en la flora cuencana, nada endémicas ni comunes, han proliferado con singular belleza en nuestros jardines, como es el caso del Cyclamen, planta de bellas flores que cualquier cuencano la reconoce como un elemento decorativo de auténtica hermosura, lo que no acontece con la famosa Oncidium de nuestro Dr. Sánchez.

 

La presencia del ciclamen en la vida de los cuencanos es paradigmática. Frecuentemente encuéntraselo en la Plaza de las Flores, sitio desde donde adquiéreselo como algo especial para adornar nuestras casas, existiendo muchos ciudadanos que han logrado polinizarlo para garantizar mejor su reproducción copiosa, pues las semillas de esta hermosa planta son exuberantes cuando se las cosecha, por lo que la propagación de esta especie floral ha sido siempre generosa in Concha, ad gloriam Dei et mundi beneficio.

 

La retama: una verdadera flor emblemática de la morlaquía

Como ya lo señalamos ut supra, la misma retama es una flor exquisita de color amarillo que ha proliferado en todo sitio o lugar de Cuenca hasta volverse familiar inter nos, integrándose a nuestra cultura de múltiples formas. Esta flor sí es emblemática de la morlaquía, sin que nadie háyase preocupado porque así se la declare, mientras ha dado inclusive nombres a calles y barrios de la capital azuaya y ha inspirado varios poemas en la poesía cuencana.


Escena común de la presencia de la retama en Cuenca/ 
Sector de las retamas bajas

 

No es una flor endémica de nuestra zona, pero fue introducida en la conquista española y ha sido de veras generosa para reproducirse ad infinitum, a lo largo de los siglos, deviniendo en una especie exuberante y copiosa de las campiñas azuayas y andinas en general. Existen cientos de variedades de retamas en el planeta, pero la nuestra, la andina, la cuencana si cabe la precisión, es de la especie Spartium junction y ha sido la típica flor no solo de los jardines morlacos sino de los cercos de la ciudad amada, de sus terrenos baldíos, de las orillas de sus ríos, de las colinas y planicies de todo este hermoso valle tomebambino.

 


Hasta en el mundo de las letras, como no podía ser de otra manera en el parnaso de la morlaquía, habría de inmortalizarse, gracias al egregio poeta Remigio Romero y Cordero, quien –al recordar a su madre Aurelia Cordero de Romero- hubo de perennizarla ab aeterno con sus inmortales versos: «Mi madre y yo cortando por la ribera rosas/ y el oro que florecen las matas de retama/ éramos rumbo al río, dos vidas melodiosas…».


 

La retama ha sido por antonomasia la flor esencial para la confección del chagrillo, que hácese de pétalos de flores para las procesiones de la Santísima Virgen María, así como del Pase del Niño Viajero y de todos los pequeños pases dedicados al Divino Infante en la época navideña. Quién no recuerda la alfombra amarilla de flores de retamas, para el paso del Santísimo Sacramento en las procesiones del Corpus Christi o del jubileo de las XL horas en las iglesias cuencanas, en donde los habitantes de la morlaquía nunca han escatimado recurso alguno para la adoración de Su Divina Majestad en tanto Cuenca es la «Ciudad Eucarística» in historia nostra. Para la elaboración de dicho chagrillo se han despetalado también a las rosas, pero jamás se ha utilizado a la orquídea Oncidium excavatum para tapizar las calles o los altares en estas manifestaciones de piedad cristiana de los morlacos, como afirma dentibus albis, falsamente, Eduardo Sánchez Sánchez.



 

Las bellas como aromáticas flores amarillas de la retama dan un especial colorido a todos los caminos de los campos azuayos y de la sierra andina en general y no solo son poseedoras de un gran valor ornamental, puesto que las abuelas de la morlaquía han sabido aprovechar muy bien sus propiedades medicinales y así, la infusión con sus hojas ha sido una de las medicinas ancestrales para curar ora las enfermedades hepáticas, ora los problemas reumáticos, ora la gota, la ciática y las afecciones a la piel y herpes, mientras las flores amarillas han representado ad summum una medicina particularmente milagrosa para los problemas cardíacos de muchas personas en la capital de la morlaquía y en el mundo andino, en donde esta planta es de veras un arquetipo de la buena salud.



 

Justamente la retama es la que más puede verse en nuestra zona, pues la especie Spartium junction adáptase desde los 2.500 a 3.500 metros sobre el nivel del mar y Cuenca tiene una altura de 2.530 metros, por lo que esta planta es común de observarla en las quebradas, a la vera del camino, en las orillas de los ríos, en donde sus flores suelen mezclarse con los zigzales, que también constituyen una especie paradigmática de las campiñas azuayas y el mundo andino.



 

Nuestros campesinos, exempli gratia, han conservado peculiares tradiciones con las flores de retama, pues con ellas, al adornar sus salas, ahuyentan a la vez a las moscas. No hasta hace mucho tiempo, en Cuenca, las ramas de retama servían para la confección de escobas con las cuales los barrenderos públicos limpiaban las calles de la urbe, costumbre que se mantiene inalterable en las casas de los campesinos azuayos en pleno siglo XXI, ad initium tertio millenio.



Sigsales: típicas flores de Cuenca

 

Como puede verse, a modo de ejemplo nada más, la retama ha sido una flor común cuencana integrada a nuestra cultura de múltiples formas, como ha sido también el sigsal, planta que obsérvasela por todo rincón morlaco, ora en las quebradas, ora en los cercos, ora en los montículos, ora en las campiñas, cuyas flores han servido además para la elaboración de arreglos florales secos en nuestras casas y su plumífero aspecto es inconfundible para todos quienes admiramos su singular belleza de momento ad momentum.



 

Semper admirabilis in terra nostra/ Siempre admirable en nuestra tierra, el sigsal es un género de gramíneas gigantes perennes amacolladas y según el catálogo botánico Konemann, en la página 254, edición del año 2006, trátase de una especie que comprende unas 20 especies nativas de América del Sur, cuatro de Nueva Zelanda y una de Papua Nueva Guinea.

Sigsal cuencano en la ciudadela Mutualista Azuay

 

El sigsal cuencano es entonces una planta del género Cortaderia sp. Este nombre es bello en la culta, sempiterna e incomparable lengua latina, madre nutricia de nuestra hermosa lengua de Castilla, pues llámase cortaderia debido a que las hojas del sigsal cortan como cuchillo afilado y, efectivamente, son acintadas, acuminadas, ásperas y de márgenes cortantes. Tanto es así que a todos los cuencanos nos ha llamado la atención la capacidad de esta planta para cortarnos cual bisturí con sus filudas hojas si no actuamos ad cautelam cuando estamos ante su majestuosa presencia en las campiñas morlacas. Sus altos tallos floridos corónanse por largas plumas de cabezuelas seminales entre blancas y plateadas y rosadas. Son tan comunes en la zona que inclusive nuestros sigsales tendrían más derecho de ser declarados como flores emblemáticas de la morlaquía que la Oncidium excavatum de nuestro Dr. Sánchez.


Huerto de las madres conceptas, desde el año del Señor de 1599, 
en donde jamás ha existido una Oncidium excavatum

 

Girasoles cuencanos en el norte de la ciudad


 Las dalias en Cuenca, siempre junto a los maizales

Hasta los cactus, con sus especiales flores, son más comunes 
en Cuenca que la Oncidium excavatum

Las infaltables margaritas de nuestros huertos y jardines en Cuenca


Digamos además, in honorem urbis, que para que una flor sea declarada como símbolo arquetípico de la morlaquía debisteis haberos fijado en algunos aspectos que no posee la orquídea Oncidium excavatum y que deberían ser determinantes en las flores que derecho tienen de ser escogidas como arquetipos de la ciudad amada, como son: su presencia común en la geografía local, su vinculación con la comunidad, su imbricación cultural, su trascendencia histórica, su identificación en el imaginario colectivo y su carácter iconográfico como elemento singular para los habitantes de la capital de la morlaquía.

La malva pectoralen su espléndida belleza en una huerta patrimonial


¿Quién sería el infame que niegue que estas liliáceas son flores típicas de Cuenca
 y nunca la Oncidium excavatum?

 

Si estas consideraciones básicas hubiesen sido analizadas no habríais dejado que os sorprendan y os pasen gato por liebre en perjuicio de la ciudad, mientras la declaratoria de la Oncidium excavatum como flor emblemática de la morlaquía -por adolecer de este análisis indispensable- no ha calado en el sentimiento de los cuencanos y ha pasado mas bien desapercibida, por lo que la indiferencia de los habitantes de la tercera ciudad de la república es como una especie de termómetro que debería haceros pensar en que vuestra decisión fue errática y la historia os habrá de juzgar in iustitia et veritas, puesto que llegará el día, y esperemos que no esté muy lejano, en que esta declaratoria será derogada en beneficio de una flor cuencana que de veras merezca ser nominada como símbolo arquetípico de la morlaquía ad perpetuam rei memoriam. Y si no lo hacéis vosotros estad seguros que lo habrá de hacer otro Concejo Cantonal que reivindique a Cuenca de esta infamia.

Amor constante

 La espectacular malvarosa en un típico jardín de la capital azuaya


La corona de Cristo, hermosa planta de flores rojas en la morlaquía

Huantug rosado en el huerto de Eudoxia Estrella viuda de Larrazábal


 La cresta de gallo o también llamada «vara de José», 
típica flor de las campiñas morlacas


¿Quién puede negarse a admitir que la Achicoria o diente de león, con su bulbo de semillas que vuelan al viento no es una flor cuencana par excellence y nunca la Oncidium excavatum?

 

Declaro ante vosotros, ex tota anima mea, que estas reflexiones tienen como leit motiv el propósito de defender a Cuenca y reivindicarla ante este vil engaño del que fuisteis objeto por parte de un personaje que con total desvergüenza arrancó vuestras voluntades, dentibus albis, a fin de declarar a una flor nada representativa en nuestra historia como símbolo de la morlaquía, sin que nadie hasta el día de hoy haya lanzado un grito de protesta por esta tremebunda engañifa que ofende a nuestra inteligencia y atenta contra el respeto que debemos a la ciudad amada, Mater admirabilis que ha vístose ultrajada con esta decisión equívoca de su ilustre Concejo Cantonal.


 La llamada begonia de árbol, bella flor de jardines cuencanos

 El azahar es otra flor de nuestros huertos morlacos


Y qué decir del Vinca per vinca, propio de cercos, quebradas y jardines en la capital de la morlaquía, en donde el Oncidium excavatum brilla por su ausencia.

 

Sin otro particular por el momento, recibid todos: señor alcalde, señores concejales, señoras concejalas y rectores de las universidades, un saludo cordial y mis sentimientos de consideración y respeto in Iesu, Pontifex in aeternum perfecte.

 

 

Fiat Iustitia pereat mundus

 

 

Diego Demetrio Orellana

 

Datum Concha, mensis Februarius, die IX, currentis Anno Dominicae Incarnationis MMXIV, in sollemnitate Sancte Franciscus Febres Cordero, Fratrum Scholarium Christianarum.


OPINIONES CIUDADANAS

DE: Jorge Suarez
Para: DIEGO DEMETRIO ORELLANA
Fecha: martes 11 de febrero de 2014 9:36

Hoy a las 9:33 AM
Don Diego Demetrio: Leí con atención este artículo. Lo felicito. No escribo más largo porque estoy en Los Ángeles, California.

Saludos, 
Jorge


Kleber Pinos Abad No me parece Sr. Orellana que deba referirse en esos términos a una persona valiosa como el Dr. Eduardo Sanchez, que ha hecho un formidable trabajo de investigación sobre las orquideas, desde hace más de 30 años. Los que hemos seguido a Eduardo, hemos podido constatar su gran trabajo que le han permitido tener reconocimiento internacional, y sobre todo nos preciamos de su amistad.

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Diego Demetrio Orellana ESTIMADO Kleber Pinos Abad: PAX CHRISTI IN HONOREM VERITATIS. HE DICHO LA VERDAD. LA DECLARATORIA DE LA ORQUÍDEA ONCIDIUM EXCAVATUM COMO «FLOR DE LA MORLAQUÍA» ES UNA ATREVIDA FALACIA DE EDUARDO SÁNCHEZ SÁNCHEZ Y DENOTA QUE, AL PARECER, TRÁTASE DE UN FACINEROSO DE DUDOSA REPUTACIÓN MORAL. IN STRICTA VERITAS ESO ES LO QUE ES Y PUEDE SER DURO, COMO TODA VERDAD, PERO NO DEBEMOS TEMER A LA VERDAD. ACLARO Y PRECISO, IN STRICTA IUSTITIA, QUE NO ESTOY CUESTIONANDO QUE EDUARDO SÁNCHEZ PUEDA SABER DE ORQUÍDEAS, PERO CUENCA NO LE PERDONARÁ, IN AETERNUM, QUE POR MUCHO SABER DE ELLAS HAYA PRETENDIDO TOMARNOS EL PELO A LOS CUENCANOS CON EL CUENTO DE QUE LA ORQUÍDEA ONCIDIUM EXCAVATUM SEA CUENCANA. ESO ES ALGO QUE LO REFLEJA COMO UN FALSARIO A CAPITE AD CALCEM, COMO LO DEMUESTRO EN LA DENUNCIA COMPARTIDA IN HONOREM CONCHAE. ABAJO LOS FALSARIOS Y FACINEROSOS CONTRA DIGNITATIS ET IN HONOREM VERITATIS. SALUTEM ET COPIOSA BENEDICTIONEM PER CHRISTUM DOMINUM NOSTRUM.

DIEGO DEMETRIO 
VESPERAS I DOMINICA ADVENTUS, AD MMXVII

Un caro saluto ad un amico con questi fiori che indicano semplicità, umiltà eppure tanta bellezza. Un grazie Diego Demetrio per l'amicizia sincera e costante.
  • PLURIMAS GRATIAS, carissima Loretta Marcon, per questi fiori 
  • veramente meravigliose. La tua atenzzione con me mi offre la 
  • oportunitá di confermare la tua amicizia sempre sincera. 
  • Auguri e benedizione dal Signore per te.
  • LAUS DEO

    DIEGO DEMETRIO 
    OCTAVA V DOMINICA PER ANNUM, AD MMXIV


  • María Arévalo Peña Mis felicitaciones Diego por su excelente estudio que me ha hecho viajar por los jardines de Cuenca, lugares amados que están en mi imaginario desde siempre. Gracias por traerlos a mi memoria de manera tan magistral. Espero que la acogida que tenga esta crítica sea consecuente con el trabajo por usted desplegado y la categoría de su análisis. Un gran abrazo.
  • Nicolás Svistoonoff Con todo respeto, amigo Diego Demetrio, pèrmíteme discrepar. No estoy de acuerdo a tu posición. Casi todos los ejemplos que pones de las maravillosas plantas que se cultivan en los jardines de Cuenca, son especies foraneas introducidas. No son propias del lugar. La oncidium excavatum si lo es; es una bella, y a la vez sencilla orquídea originaria de esas tierras. Es un gran acierto haberla destacado como emblemática de Cuenca. Admiro la pasión y entusiasmo del Dr. Eduardo Sánchez Sánchez para destacar la importancia de esta orquídea. Con un abrazo.
  • Diego Demetrio Orellana Tienes todo derecho de discrepar, amigo mío, Nicolás Svistoonoff, pero creo que no tienes la razón. Quiero, motu proprio, anteponerte mis criterios de ciudadano cuencano que vive aquí, en la capital azuaya, y conoce de la flora de Cuenca in corpore presente:

    Los habitantes de la morlaquía nunca hemos visto que la orquídea Oncidium excavatum sea endémica de Cuenca. Esa es la verdad y cualquiera que sea cuencano o cuencana y haya vivido aquí y sepa de plantas te lo podrá confirmar in stricta veritas. 

    Existe en Yunguilla, en Nabón, en El Progreso y esos lugares son azuayos pero ya no están en el cantón Cuenca, en la capital de la morlaquía, en donde se declaró a esta orquídea, por su Ilustre Concejo Cantonal, como FLOR EMBLEMÁTICA DE LA MORLAQUÍA. Y como habrás leído en mi análisis, de verbo ad verbum, los argumentos esgrimidos por el Dr. Eduardo Sánchez Sánchez no son más que falacias con las que se nos ha pasado gato por liebre y se nos ha tomado el pelo. Esto es una infamia para la ciudad amada y el Dr. Sánchez queda muy mal ante la historia por pasarnos gato por liebre.

    Por otro lado, exceptis excipiendis, para que una flor sea declarada como símbolo arquetípico de la morlaquía deberían, en mi opinión, considerarse algunos aspectos: su presencia común en la geografía local, su vinculación con la comunidad, su imbricación cultural, su trascendencia histórica, su identificación en el imaginario colectivo y su carácter iconográfico como elemento singular para los habitantes de la capital de la morlaquía y esas consideraciones no las tenemos los cuencanos para con esta orquídea que es bella pero no es nuestra in Concha, apud flumina Tomebamba, Llegará el día en que Cuenca será reivindicada con la derogatoria de esta infame declaratoria. 

    GRATA RECORDATIONEM ET SALUTEM

    DIEGO DEMETRIO ORELLANA
    IN OCTAVA V DOMINICA PER ANNUM, AD MMXIV
  • Diego Demetrio Orellana Gracias, mi querida amiga María Arévalo Peña, por esas palabras que me hacen ver que mi defensa de las flores de Cuenca no está errada. Esta declaratoria es una farsa y nosotros, quienes amamos a Cuenca como ciudad de fuentes y flores lo sabemos ex informata conscientia. Esperemos que mi análisis sirva, ante el Concejo Cantonal, como una reflexión de una decisión errática que un día habrá de ser rectificada in honorem urbis.

    SALUTEM ET COMMUNIONEM, 

    DIEGO DEMETRIO ORELLANA
    IN OCTAVA V DOMINICA PER ANNUM, AD MMXIV
  • Nicolás Svistoonoff Tengo una curiosidad: entre todas las flores que pones de ejemplo,¿cual sería tu preferida para que represente a Cuenca?
  • Diego Demetrio Orellana Lamentablemente nunca fuimos consultados los cuencanos ad referendum por el Ilustre Concejo Cantonal. Pero ya que tú me preguntas, querido amigo mío Nicolás Svistoonoff, si la Municipalidad hacía una encuesta yo habría votado por la retama o el sigsal, que son las flores más comunes de Cuenca y sus alrededores y todos los habitantes de la morlaquía las reconocemos sin que nadie venga a imponernos una orquídea que no existe en Cuenca como planta endémica y si existe se la adquiere como una rara avis in Terra. 

    SALUTEM ET BENEDICTIONEM DILECTISSIMUS AMICUS, 

    DIEGO DEMETRIO
    IN OCTAVA V DOMINICA PER ANNUM, AD MMXIV
  • Nicolás Svistoonoff La retama es originaria del sur de Francia, el sigse o sigsal es originario de Argentina.
  • Diego Demetrio Orellana Como expresé ut supra, mi estimado Nicolás Svistoonoff, el requisito único para que una flor sea declarada como emblemática de Cuenca no debería ser que sea netamente endémica sino que sea común, que se haya imbricado en la cultura de la zona, que tenga trascendencia histórica en sus habitantes y que en el imaginario de los mismos sea un ícono representativo, cualidades que cumple la retama, que en Cuenca es de la especie Spartium junction y no es de Francia, el verdadero origen es de África.

    Sibi tamen, sin embargo, el Sigsal es otra planta común de la morlaquía y es una especie sudamericana par excellence, aunque hay en otros puntos de la Tierra, no solo en Argentina y es también una especie muy particular de la morlaquía. Pero jamás ningún cuencano ha visto a la Oncidium excavatum como flor emblemática y por eso esta declaratoria es una tomadura de pelo adversas intelligentia nostra. 

    SALUTEM ET AMICITIA SEMPER VIVENS

    DIEGO DEMETRIO
    IN OCTAVA V DOMINICA PER ANNUM, AD MMXIV
  • Marisol Merino eso!!, que que se haya sembrado en cuenca como zona que mejor la abriga y la hacer LUCIR,..aunque la mayoria de las flores son hermosas..o mejor dicho todas, hau unas que brillan mas de acuerdo a la zona..
    Hace 37 minutos · Me gusta
    • Nicolás Svistoonoff Entonces, mejor sería declarar al eucalipto como emblemático de Cuenca. Hay muchos eucaliptos.
    • Diego Demetrio Orellana No seas tan literal a mis palabras, estimado Nicolás Svistoonoff. Te repito: creo que una especie, a más de ser común, debe estar imbricada en la cultura local y en el imaginario colectivo como un ícono de la morlaquía. En el caso de los árboles cuencanos, verbi gratia, el eucalipto es común y muy profuso en nuestra zona, pero existen otras especies arbóreas realmente integradas a la cultura de Cuenca como el sauce llorón o Salix Babilónica, como el capulí o Prunus serotina, que han sido objeto de poemas y canciones, a contrario sensu del eucaliptus globulus que solo abunda y no es parte de nuestra realidad cultural. 

      De la misma manera, en el caso de las flores de Cuenca existen algunas como la retama, el sigsal, la rosa de cerco o el Amancay, que se han involucrado en nuestra cultura morlaca de profundis y aunque no son endémicas son emblemáticas par excellence para los habitantes de la capital de la morlaquía, lo que no acontece con la orquídea Oncidium excavatum de nuestro Dr. Sánchez y por eso trátase de una tomadura de pelo esta infame declaratoria que un día será derogada in honorem urbis.

      Un saludo cordial, querido amigo, y gracias por tus opiniones que permiten este debate ex tota anima nostra.

      SALUTEM ET FRATERNITAS

      DIEGO DEMETRIO ORELLANA
      IN OCTAVA V DOMINICA PER ANNUM, AD MMXIV
    • Pepita Machado Estimado Diego, me ha tomado tiempo leer su post sobre las flores presentes en Cuenca y ha sido un gusto enorme poder identificar en cada fotografía hermosas plantas de nuestra cotidianidad. En efecto, Cuenca tiene el privilegio de ser, en ciertos sectores, una ciudad jardín con plantas visibles para l@s transeúntes, o también una ciudad de huertos secretos, accesibles en pocas ocasiones. Saber que nuestra ciudad guarda como tesoros en sus casas, orillas de ríos, terrenos baldíos, jardines y espacios públicos tesoros como esas flores, es importante y su estudio recoge bellísimos y emblemáticos ejemplares de esa diversidad de flora. En el caso puntual de la declaratoria de la Oncidium Excavatum como flor emblemática de Cuenca, efectivamente llegó al Concejo Cantonal la solicitud del Dr. Eduardo Sánchez, auspiciada por los tres rectores de las universidades que usted menciona, para declarar a esta lindísima orquídea como flor emblemática de Cuenca. Ante la exposición que hiciera el Dr. Sánchez y el respaldo de las más altas autoridades de las Universidades, decidimos acoger la solicitud de manera unánime. Yo tampoco he visto la flor de manera extendida en los jardines y campos cuencanos. Sin embargo, al no ser experta en la materia, pensé que no la habría visto por descuido. Efectivamente, no están definidos de modo imperativo cuáles deben ser los criterios para declarar a una flor como emblemática de un lugar. Yo creo que los que usted con tanta sensibilidad ha señalado como parámetros que podrían llevar a un resultado que realmente se instale en el corazón y en la identidad de los cuencanos y cuencanas, son bastante bien elegidos. Reconozco que la decisión que tomamos talvez fue apresurada y podía haberse tomado con mayor cuidado y con un estudio de una más amplia variedad de plantitas, de modo que tuviéramos varias opciones. No soy experta en botánica pero reconozco la pulcritud de su trabajo y espero que este esfuerzo investigativo sirva para que la flor emblemática de Cuenca esté de veras inscrita en el corazón de la gente y que con ella nos identifiquemos todas y todos. Felicitaciones por su trabajo y por las fotografías que lo adornan, siempre aprendo muchísimo de su sabiduría y conocimiento profundo de Cuenca y de su historia.
    • Nicolás Svistoonoff Es una lástima, cuando se tienen opiniones contrarias, (especialmente en cuestiones de naturaleza y de cultura), usar palabras tan ácidas como: "una tomadura de pelo esta infame declaratoria". ¿Que necesidad hay de ofender al otro para sostener criterio divergente? ...parece que es un desafortunado síntoma de estos tiempos.
    • Nicolás Svistoonoff Según DRAE, INFAME : (Del lat. infāmis).
      1. adj. Que carece de honra, crédito y estimación. U. t. c. s.
      2. adj. Muy malo y vil en su especie.
    • Nicolás Svistoonoff ¿no te parece que decir que Eduardo Sánchez, es...... "muy malo, vil en su especie; o que carece de honra, crédito y estimación?????
    • Nicolás Svistoonoff ¿ O que está "tomando el pelo" (engañando) con su propuesta de la ocidium excavatum ?
    • Nicolás Svistoonoff Nota: conozco muy bien a Eduardo Sánchez y es todo lo contrario de tus palabras.
    • Diego Demetrio Orellana Querido Nicolás Svistoonoff

      «PAX CHRISTI»


      Entiendo tu amistad con el Dr. Eduardo Sánchez Sánchez y percibo que tus opiniones sobre él están dichas in camera caritatis/ al calor del afecto que por él habrás de sentir in vita tua.

      Pero no olvides que soy un escritor que procura usar correctamente las palabras in hispanica lingua y si digo que esta declaratoria es una infamia contra Cuenca me fundamento en que lo es porque justamente uso la palabra correcta. Y es que, de manera vil, con mentiras insólitas, con aseveraciones fraudulentas, tu amigo Eduardo Sánchez engañó a los cuencanos con los argumentos con los que tomó el pelo a los señores concejales y señoras concejalas para lograr una declaratoria que es un atentado a la historia de Cuenca, al haber nominado a una bella orquídea Oncidium excavatum como flor emblemática de la morlaquía sin serlo. 

      Y en esto me ratifico, amigo Nicolás, esto es infame, es vil, es atentatorio, dentibus albis/ con cinismo, a nuestra inteligencia. Una persona que dice afirmaciones engañosas como lo ha hecho tu amigo Eduardo Sánchez nos «ha tomado el pelo» y qué bueno que hayamos cuencanos que podemos decir: Oculos habent et non videbunt/ Ojos tienen y no ven: «Un ratito, no todos somos pendejos, cuidado, esto no es verdad». 

      Y qué pena que tú no valores que pueda yo desnudar unas falacias inauditas y demostrar la vera effigies de este asunto que ofende a la honra de Cuenca y por eso trátase de una infamia aunque no te agrade esta palabra de tanta precisión semántica en nuestra hermosa lengua de Castilla, hecho que ha sido en cambio completamente entendido por la concejala Pepita Machado, quien reconoce que hubo quizás precipitación en declarar a la Oncidium excavatum como flor de la morlaquía sin los argumentos veraces que una investigación científica exige in honorem veritas. 

      AMPLECTOR TE,

      DIEGO DEMETRIO ORELLANA
      IN OCTAVA V DOMINICA PER ANNUM, AD MMXIV
    • Diego Demetrio Orellana Mi apreciada concejala y amiga Pepita Machado

      SALUTEM ET COMMUNIONEM


      Ante todo quiero agradecer que, en su calidad de concejala de Cuenca, ha escrito su sentir frente a esta carta pública que yo he dirigido al Ilustre Concejo Cantonal para haceros ver que la declaratoria de la Oncidium excavatum como FLOR EMBLEMÁTICA DE LA MORLAQUÍA es una tomadura de pelo, pues con argumentos nada veraces y con aseveraciones que no guardan rigurosidad científica y metodológica, por parte del Dr. Eduardo Sánchez Sánchez, se nos pasó gato por liebre.

      Valoro ad summum su valentía para escribir con la clara inteligencia que posee sus comentarios y hacer una rendición de cuentas de su actuación ante esta declaratoria controvertida ante la que usted reconoce que fue realizada quizás de manera apresurada, hecho que confirma que, efectivamente, al menos para mí y creo que para cualquier persona que lea mi estudio y analice los hechos in honorem veritatis splendor, fue un asunto en el que nos pasaron gato por liebre.

      Me ratifico en que esta declaratoria es una infamia en contra de Cuenca, urbis semper amata et intemerata, y sé que un día habrá que derogar esta declaratoria in honorem urbis et veritas et iustitia. 

      Muchísimas gracias por los conceptos que usted ha vertido sobre mi persona y sobre mi labor de investigador y escritor que procura ser mas bien una especie de «cooperator veritatis» o «cooperador de la verdad», meta que no está mal que la adopte en pleno ejercicio de mis derechos ciudadanos. 

      Le saludo con el respeto y el afecto de siempre, in camera caritatis et in amicitia semper fidelis.

      SALUTEM ET GRATA RECORDATIONEM

      DIEGO DEMETRIO ORELLANA
      IN OCTAVA V DOMINICA PER ANNUM, AD MMXIV
    • Nicolás Svistoonoff Flores Nacionales de diferentes países.http://www.taringa.net/.../7316592/Flores-Nacionales.html

      www.taringa.net
      Flores Nacionales de America. CANADA. La hoja del árbol de maple, el cual es abu...Ver más
    • Nicolás Svistoonoff En todos los casos, son plantas originarias del lugar.
    • Diego Demetrio Orellana Mi querido Nicolás Svistoonoff:

      Muchas gracias por tu permanente interés en este debate. Muy bueno tu aporte. Flores nacionales nativas de cada país y esa, como he dicho ut supra, debería ser una de las características de una flor emblemática, la cual
       no se cumple con la famosa Oncidium excavatum de nuestro inefable Dr. Sánchez, pues esta orquídea no es nativa de Cuenca, la capital de la morlaquía. Crece en Yunguilla, en Nabón, en El Progreso y los cuencanos nunca la hemos visto como planta nativa de la capital azuaya y por eso esta declaratoria es una infamia y nos han tomado el pelo pasándonos gato por liebre adversas nostra intelligentia.

      SALUTEM DICIT ET PAX CHRISTI

      DIEGO DEMETRIO ORELLANA
      V DOMINICA PER ANNUM, AD MMXIV