lunes, 28 de marzo de 2022

CUENCA LUMÍNICA IN SPLENDORE MAGNO

 


«Eres España que canta en Cuenca del Ecuador» dícese en el cachullapi «Chola Cuencana» para definir a Santa Ana de los Ríos de Cuenca. Y así puédese inferir con certeza al mirar esta lumínica y esplendente fotografía de la calle Santa Ana que, la verdad sea dicha, evoca permanentemente a un callejón toledano que atibórrase de historia, mientras en un curioso ensamble de multicolor algarabía descúbrense, sub specie instantis, policrómicos paraguas que ábrense generosamente prodigando una pomposa vista de «la ciudad cargada de alma» cual si fuese una urbe castiza de vieja solera que respira historia y cultura in Hispania semper fidelis.

 


Así pues, las multicolores vistas de este ensamble de sombrillas en la calle Santa Ana muéstrannos la singular belleza de la capital de la morlaquía junto a su magnificente catedral que es per se como el excelso ícono de plena identidad dentro de la patria ecuatoriana a la hora de hablar de Cuenca como «Tesoro escondido de los Andes».


Las caleidoscópicas vistas de estos coloridos elementos prodígannos un dulce y fastuoso encanto para que Cuenca vuélvase ensoñadora y romántica hasta el paroxismo. Así, la calle Santa Ana conviértese ipso facto en un rincón donde parejas de amantes y amistosos circunstantes no desperdician la oportunidad de retratarse in perpetuum.


Sorprende, hasta los límites máximos de la estupefacción, cómo los lumínicos espectros que produce este dinámico juego de vívidos colores  en la calle Santa Ana conceden a la Catedral de la Inmaculada una vista nunca antes vista, mientras sus paredes de ladrillo visto despliéganse, a ojos vista, como la plataforma precisa para que los curiosos parasoles reluzcan con vivificante atmósfera de vida y color in urbe nostra.


Hasta a la imagen marmórea de Santa Ana, patrona de la urbe, mírasela con nueva faz y donaire cual si fuese de veras un ícono de singular presencia in historia civitatis pues Cuenca, bajo su patrocinio, es también Santa Ana de las Aguas y los paraguas así nos lo confirman in veritatis splendor.

 


Desde un equidistante ángulo del viejo edificio del seminario San Luis las vistas son grandilocuentes para observar con ánimo contemplativo esta escenográfica e iridiscente instalación de la calle Santa Ana en una lluviosa tarde marzal donde viandantes y circunstantes caminan sorprendidos del policrómico escenario en el que una película romántica móntase desde la cinematografía haciendo de la urbe un punto referencial para el filme internacional en sui generis espacios urbanos que encandilan el alma de todos cuantos pueden contemplarlos in via curiositatis.



Qué duda cabe que estas inusitadas y fortuitas vistas de la ciudad amada, dentro de su histórica calle Santa Ana, confírmannos in spiritus et veritas que Santa Ana de los Ríos de Cuenca, la capital de la morlaquía, no deja de ser una urbe que canta y encanta, que sorprende y cautiva, que reluce y refulge como ícono urbano de espectacular lindeza, ad omnes gentes, apud flumina Tomebamba, in patria aequatorianae et in america meridionalis, quosque habemus grata reverentia in communio caritatis.

 

Diego Demetrio Orellana

Datum Conchae, mensis martii, die XXVIII, reparata salute Anno Dominicae Incarnationis MMXXII, octava Dominica de Laetare.



POST SCRIPTUM: Y aunque haya sido por el feminismo loco y desaforado que revolotea por la urbe haciendo de las suyas en contra de los buenos principios no puédese negar que también este experimento visual sobre el puente Mariano Moreno resulta atractivo inter nos et in via libertatis super flumina Tomebamba.

viernes, 18 de marzo de 2022

TELMO LEÓN: EL VERDADERO CRONISTA VITALICIO SUPER FLUMINA BURGAY

Telmo María León Ramírez, 
el verdadero CRONISTA VITALICIO de Azogues, 
super flumina Burgay

 

«In vita communitatis» o «en la vida de la comunidad» todo pueblo cuenta con singulares personajes cuyas experiencias son apasionantes lecciones de vida donde la lucha por la justicia es una guerra sin cuartel por el imperio de la verdad pro patria et Deo. En San Francisco de Peleusí de Azogues ese perfil tiénelo Telmo León Ramírez en una prolífica existencia de más de 8 décadas que consolidáronlo como un combatiente de la justicia y un verdadero cronista vitalicio super flumina Burgay. En efecto, si deséase saber del Azogues de antaño recúrrese a él en busca de precisa información sobre la historia citadina y las anécdotas más fidedignas de acontecimientos y personajes locales del siglo XX. Telmo es una enciclopedia viviente y un chispeante narrador de memorias y reminiscencias que encandilan el alma reflejándonos, in spiritus et veritas, que Azogues es un rincón patrio donde han acopiádose valiosos hechos para perdurar in aeternum como hitos esenciales de su condición patrimonial.


Aguerrido, intrépido, curioso y de ánimo distendido, leal en la amistad y apasionado en el ejercicio del Derecho, en Telmo puédese confiar ora como confidente, ora como cliente, ora como amigo y hermano ex tota fortitudine/ con todas las fuerzas, en un grato compartimento de camaradería, solidaridad y afinidad in via fraternitatis o en el camino de la fraternidad.

Su bonhomía es la condición sine qua non para entablar amenas conversaciones de temas que domínalos introyectándose en cada personaje de sus memorias y en las tramas de cuanto refiérenos con vívida nitidez, ya trátese de las epónimas glorias de su amada urbe, las gozosas epopeyas de los azogueños y las más nefandas tribulaciones de la comarca, como el tristemente célebre caso del mandato 4 de Octubre, muy bien documentado por Telmo, donde ex convictos de non grata memoria causaron muertes, dolor y lágrimas a incautos azogueños in tertio millenio adveniente.

Telmo María León Ramírez,
Cronista Vitalicio de Azogues

En todas las cosas que el cronista cuenta deja al descubierto su talento, su sagacidad, su astucia y su temple para salir avante ante cualquier aflicción que enfrente. Así, no ha tenido miedo alguno a la hora de poner la pica en Flandes mientras que cada una de sus memorias entretejen una enseñanza o una «lectio vitae» o «lección de vida» con un sorpresivo final que deja en el inquieto interlocutor la quisquilla de que la historieta no deberíase quedar en el olvido in perpetuum. Es esto entonces lo que ha constituido el leit motiv para escribir este PRIMER RELATO sobre una hilarante aventura del cronista vitalicio Telmo inter nos, apud flumina Burgay.

San Miguel de Porotos

In diebus illis/ En aquellos días, allá por la década de 1960, a Telmo cúpole la oportunidad de servir como maestro en la escuela «Pedro Fermín Cevallos», en San Miguel de Porotos, cuyo director era Eulogio González Lliguín, hombre pusilánime que no podía poner en regla a una de sus más díscolas maestras. La susodicha habíase bautizado con el nombre de Raquel Rodas Quinteros «y no era diligente, ni servicial, ni afanosa en sus labores» asevera el cronista Telmo. Los niños vivían al vaivén de su indisciplina y a merced de sus caprichos pues la profesora faltaba cuando quería, llegaba tarde si proponíase y maltrataba desde el alba al crepúsculo descuidando los planes de enseñanza y ocasionando una incómoda distonía con el profesorado de una escuela pluridocente, donde nadie podía amonestarla o sancionarla in via iustitiae. La cosa era de espanto y el modus actuandi de la mentada maestra era inveterado hasta el hastío por lo que el problema habíase convertido en un galimatías de pronóstico reservado ante el cual el director de escuela, habiendo perdido toda autoridad sobre la profesora, dábase por vencido de no poderla someter al camino correcto. En esas aparatosas circunstancias Telmo llegó como profesor del establecimiento y fue electo subdirector por sus colegas, quienes ipso facto detectaron su recia personalidad in via dignitatis. La indomable maestra mostrábale afabilidad como si midiérale el aceite para subyugarlo, como habíalo hecho con sus pares, mas Telmo actuaba ad cautelam y no dejábase seducir por las zalagardas y estratagemas de la insumisa compañera. Ejerciendo su autoridad comenzó a exigir con firmeza que Rodas cumpla con sus responsabilidades rindiendo cuentas ante el cuerpo directivo de la escuela. La maestra que hacía cuanto quería, a fuer de sus antojos, sentía respeto por Thelmo, quien actuaba sigilosamente sin volverse antipático ante la susodicha. Habiéndose estudiado muchas posibilidades para deshacerse de ella, en busca de una armónica convivencia entre los docentes, en conjunto con el director y subdirector acudieron ante el jefe de Estudios de la zona, el doctor Vicente Aurelio Crespo, para solicitar que Rodas fuese mas bien asignada a otra institución educativa.

San Miguel de Porotos

La treta no era fácil de conseguir, afirma Telmo, pues el director de Estudios tampoco podía con la ríspida y díscola maestra. Ciertamente, para que reformara su modus actuandi habíale trasladado a San Miguel de Porotos creyendo que en una escuela pluridocente sería más fácil sujetarla a que cumpla sus deberes. Pero Rodas avasalló al profesorado, afirma Telmito María, a punto tal de que teníanla pánico por su desaforado comportamiento con el que imponíase per fas et per nefas viviendo de la indisciplina y el desacato a toda norma, todo principio y toda elemental regla de conducta.

San Miguel de Porotos

Conociendo que el director de estudios miraba el caso Rodas como Cristo, en el huerto de Getsemaní, pidiendo a su Padre que pase de él el cáliz del martirio, a Telmo ocurriósele un sagaz artilugio consistente en grabar a la profesora toda una conversación en la que ella expresó cuanto quiso y en los peores términos de cada uno de sus compañeros. Sabiendo entonces que la maestra siempre llegaba tarde decidió también un día atrasarse para subir con ella desde Azogues. El encuentro resultó fortuito para la profesora y gracias a la afabilidad que profesaba a Telmo, caminando hacia la escuela, desarrollóse un diálogo en el cual el subdirector pidió que Rodas dijese todo cuanto pensaba de cada uno de los profesores incluyendo al director de Estudios, Víctor Aurelio Crespo. La maestra, como quien encuentra una cancha para refocilarse a sus anchas, expresó zahirientes comentarios de cada uno de sus colegas dejando notar su avieso y atrabiliario carácter para con todo el mundo. El momento en que habló del director de Estudios dijo textualmente, según las memorias de Telmo: «Ese es un viejo ocote ojos, cargador de huano, que no usaba zapatos sino alpargatas» en alusión a su humilde origen, mientras con un regionalismo propio de la sociedad ecuatoriana lo deslegitimó porque Crespo no era azogueño sino natural del oriente ecuatoriano. La ríspida profesora no sospechaba que toda la retahíla de cosas que profirió fue grabada en una antigua grabadora cuyo carrete duraba media hora, tiempo suficiente para que Telmo lograra todo cuanto habíase impuesto a fin de contar con una arma efectiva con la cual el director de Estudios cancele a la maestra para así librarse de ella cual si fuese Satanás en un convento contemplativo.


El artilugio funcionó a pedir de boca y armado entonces con la magnífica grabación magnetofónica, Telmo fue a visitar al director de estudios en compañía de sus colegas de la escuela «Pedro Fermín Cevallos». Llegados todos ante el doctor Víctor Aurelio Crespo, in honorem veritatis, contaron con displicencia el malestar que la retozona y altanera maestra causábales. El director de Estudios animábales a que justamente porque trabajaban en una escuela pluridocente debían unirse para controlar mejor a la indisciplinada educadora. Así pues, negábase a tramitar el pase de escuela para Rodas. Diríase pues que Víctor Aurelio Crespo hacía pasar, de sus manos, el cáliz del martirio.

Rebus sic stantibus/ Estando así las cosas, Telmo entró en acción y puso a escuchar la grabación al director de Estudios para que éste enterárase de toda la letanía de insultos, agravios, infundios y ácidas filípicas proferidas en el memorable diálogo, al fragor de un comportamiento digno de una mindala de mercado. Cuando Víctor Aurelio Crespo escuchó todo lo que la sediciosa profesora había dicho de sus colegas no dio su brazo a torcer y díjoles con ataraxia y rígida determinación que «justamente porque ya saben qué cosas ha sido capaz de decir la zascandil maestra en contra vuestra deberíais ponerle en su sitio y controlarla más en la escuela a que cumpla a cabalidad sus responsabilidades». Ante esta coyuntura que dejaba al desnudo la pusilanimidad y liviandad del director de estudios para no castigar a la docente y tirar la pelotita a la desgraciada escuelita, Telmo díjose per se: «Aquí es cuando que la puerca tuerce el rabo» y entonces, gallardo y fogoso, tomó la palabra e intrépido como siempre dijo a su jefe con arrojo y bizarría: «doctor Crespo, ahora escuche lo que la señora opinó también de usted en la grabación magnetofónica del carrete». Y entonces el director de Estudios escuchó las impúdicas e irreverentes expresiones con las que la susodicha habíase referido sobre su persona: «Ese es un viejo ocote ojos, cargador de huano, que no usaba zapatos sino alpargatas». La estupefacción y el anonadamiento que Víctor Aurelio Crespo mostró al oír semejantes palabras mayores de la díscola maestra hicieron que su cobardía, liviandad y ligereza transformáranse en furia e indignación y la valentía que jamás quiso mostrar apareció en su rubicundo rostro con efecto rocambolesco cual nefandario huracán que no detiénese ni siquiera ante el poder divino. Ipso facto, puso él la pica en Flandes para zanjar el asunto profiriendo in honorem dignitatis: «Esta atrevida está cancelada y sancionada».

Así concluyó un enrevesado conflicto que hoy es parte de las chispeantes y jacarandosas memorias del cronista vitalicio Telmo León Ramírez, quien relata la anécdota con la algazara que prodúcele mirar en retrospectiva cuán efectivas son la sagacidad, la astucia y la inteligencia si utilízanse, como los vasos comunicantes, para conseguir justicia y no dejarse humillar de aviesos y despiadados seres que pretenden hacer tabla rasa del respeto que merecemos cuando buscamos que la verdad triunfe sobre todas las cosas, acriter et fideliter in vita societatis et in camera caritatis.

 

Diego Demetrio Orellana

Datum Conchae, mensis martii, die XVII, curentis Anno Domini MMXXII, octava II Dominica in quadragesima


OPINIONES CIUDADANAS

Paul BarzalloFelicitaciones amigo Diego Demetrio, usted siempre tan acertado e inteligente.

sábado, 12 de marzo de 2022

CUENCA APOCALÍPTICA EN PANDEMIA

Sicut mysterium noctis in vita civitatis/ Como un misterio de la noche en la vida de la ciudad, el fantasmagórico ambiente de esta noctámbula imagen refléjanos, a ojos vista, el telúrico espectro de la Cuenca pandémica en las letárgicas noches de cuarentena, durante la emergencia sanitaria del Corona virus decretada desde el 14 de marzo del año 2020. El toque de queda que impúsose, en el estado de excepción, hacía de la urbe un sórdido y desolado campo pareciendo que los habitantes de la morlaquía patrinquearon adversum libertatis. Con espasmo y estupor mírase cómo el silencio, la soledad y el dolor envolvían el entorno de la Plaza Cívica 9 de Octubre -usualmente atestada de vertiginoso movimiento, ora en el día, ora en la noche- en un tétrico y pavoroso instante que fue posible captarlo, sub specie aeternitatis, a las 20:00, violando la prohibición de salir de casa, a causa del mefistofélico Corona virus in universa Terra.

 

Mas la aventura de transgredir el inconstitucional toque de queda era arrebatadora para un libérrimo espíritu de genio levantisco que rebélase ab irato en contra de la dictadura sanitaria y la opresión de cualquier género. Y así, ad experimentum, deambular por la tenebrosa urbe en espacios de suyo considerados como peligrosos era trepidante, a costa de sentirse el único habitante de la morlaquía, pues ni siquiera los hampones cruzábanse por el camino in via curiositatis o en el camino de la curiosidad, en tanto la singular experiencia hacíanos recordar los inmortales versos de san Juan de la Cruz, en su genial poema «La noche oscura del alma», magistral pieza poética del parnaso de la lengua de Castilla, cuyos conceptuosos y metafísicos versos cantan así: «…En la noche dichosa,/ en secreto, que nadie me veía,/ ni yo miraba cosa,/ sin otra luz y guía/ sino la que en el corazón ardía…».


A contrario sensu, en esta instantánea, desde el lado opuesto a la Plaza Cívica, la exploratoria travesía engólfanos hacia un espectáculo que no podría ser menos aterrador y deprimente como corrobórase en esta imagen que parece extraída de las memorias visuales de una ciudad bombardeada que vive a merced del más cruel abandono, tristis et afflicta in via dolorosa, desde el sector de la Chola Cuencana, siendo las rieles del tranvía, miradas hacia el poniente, saetillas que transpórtanos ad infinitum al reino del silencio, la soledad o la perpetua calma en una desamparada urbe que pedía en unívoco grito: LIBERTAD in honorem dignitatis…

Y como adviértese en el propio núcleo central de la urbe, a la calle Bolívar contémplasela extraña, yerma y solariega desde toda perspectiva, junto al parque «Abdón Calderón», citadino espacio en donde, de momento ad momentum, el ruido y la algarabía citadina jamás desaparecen, aunque sea con los autos que recórrenla por las madrugadas dando cuenta de la vivífica atmósfera que el sector posee per se pero que perdióse en la emergencia sanitaria del maléfico virus.

 



Era paroxísticamente turbador hasta el hastío ver que en las noches de pandemia ni un solo vehículo y menos un transeúnte podíanse ver por las calzadas y los alrededores de la magnificente catedral cuencana, a causa del imperativo toque de queda por el que Cuenca volvióse un desértico campo de angustiosa congoja y melancolía in perpetuum.

 





La sensación era estremecedora y revelábase inefable ciertamente por el sobresalto y la conmoción que evocan las precedentes imágenes que por estupefacientes son ríspidas y reluctantes, mientras el leucofeo color que en ellas percíbese vuélvenos clarividente el lóbrego ambiente del centro patrimonial, con la zozobra y la angustia que parecen anidar con el quebranto que cáusanos el imperturbable silencio en tan solariegas y desastradas aceras y calzadas in via calamitatis o en el camino de la calamidad, mientras parafraseábamos en nuestra mente los inmortales versos de San Juan de la Cruz, gloria cimera de nuestra paradigmática lengua de Castilla, quien inquieto y turbado, por los ignotos caminos del alma, cantaba así: «En una noche oscura/ con ansias y en amores inflamado/ ¡oh dichosa ventura!/ salí sin ser notado/ estando ya mi casa sosegada…!».

Mas en ciertas noches de cuarentena fue mucho más intrigante y aventurero violar el toque de queda en las lluviosas noches marzales o abrileñas que prodigaban en las calles un sui generis aspecto con los húmedos adoquines que reflejan la luz del alumbrado público cual si fuesen pistas de patinaje que como espejuelos excitaban más la triste sensación de orfandad que la urbe vivía, sin paseantes, ni viandantes, ni circunstantes ni vehículos, mientras la límpida calle reluce libre de toda impureza en los peculiares barrios del Padrón y San Francisco o en las inmediaciones del mercado 10 de Agosto.

Ni qué decir tiene de la Calle Larga, luego de subir la jadeante escalinata del puente del Centenario, que mírase acicalada con el agua luego de un pertinaz aguacero nocturno, en tanto las luminarias públicas, con sus cálidas luces amarillas, refléjanla como una «via aurea» o «calle de oro» en precipitado vuelo ad orientem, cual callejón sin fin hacia el lejano barrio de Todos los Santos que mírase como vértice de la Cuenca pandémica en tan espeluznante visión fantasmagórica.

Misterio, espanto y estupefacción cáusanos el ambiente de la calle Juan Jaramillo, en su cruce con la Padre Aguirre, en donde la vieja solera del edificio del Orfanatorio Valdivieso da cuenta de la centenaria historia de tal espacio público que parece un sórdido callejón abrillantado por el agua de la lluvia en una dorada atmósfera que evoca a la colonial Calle de las Secretas que cruzaba la zona para configurarse in historia nostra como la vía de los fantasmas de Cuenca.

Y en el viejo barrio de El Chorro, en la antigua Calle Real del Vecino, hoy Rafael María Arízaga, la oscuridad era de veras enigmática. La septentrional callejuela de la ciudad amada parece una escarpada vía que transpórtanos umbrosa hacia una mustia penumbra en la que apenas refléjase la claridad de las luminarias que relucen sin perder el aire de incógnito misterio…

Por la misma zona, la pequeña calle Salazar Lozano parecía un triste trayecto que solitario mostrábase cual espantadizo escondrijo donde permanecer impertérritos ateridos de frío, sin más horizonte que el prieto cielo que invita al luto y la aflicción.

Desde el extremo meridional del centro histórico, en la plazoleta de El Vado, el abatimiento no era para nada diverso, aún a pesar de la iridiscencia que el alumbrado público prodiga a la histórica plazuela en cuyo vértice la solitaria cruz de mármol, ícono de tal histórico humilladero, refulge como una insignia patrimonial de lumínica presencia super flumina Tomebamba.

No lejos de allí, en los alrededores del Santo Cenáculo, un túnel oscuro ábrese en incómoda distonía con el lumínico reflejo de la luz del alumbrado público en un tétrico tramo de la vía. La solariega calle seguía siendo solitaria al no existir viandantes ni circunstantes mientras la dolorosa ausencia de gente sentíase in crescendo en la orfandad de tal secreta callejuela.

Pero al mirar esta foto puédese columbrar que es en la esquina de La Merced donde una conmocionante sensación de soledad parapétase en el ambiente, mientras el contrastante efecto cromático de las frías luces blancas conjúgase perfectamente con una helada noche abrileña en la agobiante cuarentena que sólo provocaba, ciertamente, una especie de «tedium vitae» o «tedio de la vida».

Y en Todos Santos, las noches de pandemia eran aún más aterradoras, siendo la Calle Larga una langarota vía de la soledad y el dolor ad perpetuam rei memoriam en tanto el lumínico letrero municipal recomendaba: «QUÉDATE EN CASA», como si al circunstante hubiéranselo pillado por transgredir el oprobioso toque de queda in honorem libertatis.

Ad orientem, en el antiquísimo barrio de San Blas, el espectáculo es de veras enigmático pues la umbrosa calle Bolívar, en dirección a la iglesia, configúrase en un espectral callejón donde las cálidas luces de la vía pública refléjanse en el húmedo adoquín, luego de un pertinaz aguacero, para convertir también a la vía en una especie de «calle de oro» o «via áurea» donde la expectación incítanos a continuar la caminata, aún a pesar del pánico y la angustia que la insólita calleja despierta in via curiositatis.

Arribando a la meta, las imágenes que percíbense son ejemplificadoras del fatídico y taciturno ambiente que envolvía al tradicional y legendario parque «Hurtado de Mendoza» o de San Blas, desde cuya iglesia, convertida en vértice de la lúgubre panorámica, el espectáculo es lastimero a más no poder por el sombrío y compasivo espectro de tal funesta atmósfera.

In extremis, en contrapuesto sentido, la calle Bolívar, mirada al occidente, desde el sector de la Mutualista Azuay, reluce más vívida por el juego de luces del alumbrado público en una sui generis vista donde no piérdese la penumbra como tétrico escenario para una jadeante caminata ad infinitum in via calamitatis o en el camino de la calamidad.

Las horripilantes vistas del sector en algunos puntos de la travesía adquieren particularidades propias, ora por la presencia de largas casonas que muéstranse como inexpugnables muros en las elongadas paredes del edificio del colegio de las Salesianas, puesto que al ocupar el espacio de una cuadra entera crean una especie de contrafuerte por donde el melancólico recoveco es de veras telúrico y espantable in via iniquitatis. Ad interim, las panorámicas vistas del centro patrimonial son escalofriantes, a capite ad calcem/ de la cabeza a los pies, como podémoslo ver en el siguiente mostrario de imágenes para la antología de la Cuenca terrorífica inter Corona virus:












La gélida frialdad de las noches pandémicas de la Cuenca patrimonial y los oscuros contrastes de vívida intermitencia entre las tinieblas y las luces del alumbrado público, tal como ilústrase con el compendio de las precedentes fotografías, incitan a transgredir el inconstitucional toque de queda a fin de contemplar una insólita efigie de la ciudad amada, in regnum tenebrarum o en el reino de las tinieblas, mientras los versos de Juan de la Cruz tintillaban luminiscentes en nuestras mentes: «…A oscuras y segura/ por la secreta escala, disfrazada/ ¡oh dichosa ventura! / a oscuras y en celada, / estando ya mi casa sosegada…».

Pero nada es más intrépido, en esta apasionante aventura, que salir a hurtadillas en medio de las escalofriantes escenas de la Cuenca nocturnal en tiempos del Corona virus, recibiendo un abrileño aguacero que vuélvese providencialmente como la condición sine qua non para obtener aterradoras imágenes de la urbe patrimonial. Así pruébalo esta instantánea en la iglesia de Santo Domingo, la cual invita a ser mirada con ánimo contemplativo para descubrir la glacial frialdad y el ignoto misterio de ciertos rincones cuencanos in veritatis splendor.


Las pandémicas escenas que puédense contemplar en el parque de María Auxiliadora no son menos tristes y afligidas, a causa de la soledad que amplifícase en tan inmenso espacio donde normalmente el ruido parece nunca desaparecer in urbe nostra. A la iglesia salesiana obsérvasela lumífera, cual dorado hito desde el que desciende la tímida languidez que acreciéntase hacia la calle Carlos Crespi convertida en una fusca caminera que parece aterrizar en las más recónditas tinieblas «in mysterium noctis» o «en el misterio de la noche».




Y como dícelo el dicho popular de nuestra cadenciosa lengua de Castilla: «Abril, las aguas mil». Qué duda cabe que la frase parece como la ley natural de Santa Ana de las aguas en el cuarto mes del año, donde las lluviosas noches abrileñas en cuarentena producen interesantes juegos de colores entre las luces del alumbrado público y aquellas de los solitarios semáforos, a la manera de un caleidoscopio por el que puédese contemplar la centellante e iridiscendente fluorescencia de verdes y rojas luminiscencias que refulgen esplendorosamente sobre los acuíferos adoquines de las calles cuencanas provocando un espectáculo que deviene estremecedor por la vibrante atmósfera de un espectral y sobrecogedor rictus en una noche de veras tenebrosa.

Extra muros, en el sector meridional de la urbe, la vieja avenida Loja es aún más espectacular en una lluviosa noche abrileña de pandemia. Sin habitantes ni viandantes parécenos una pista de patinaje que, mirada en perspectiva hacia el horizonte, llévanos ad infinitum al reino de la sempiterna oscuridad y el incógnito misterio aguardando el nuevo día, como bien dijéralo, desde su lírica inspiración, el grácil bardo Tomás Segovia in hispanica lingua: «…Y a través de la noche/ desde el oscuro fondo de su entraña/ nos guía y acompaña/ heridos de esperanza al nuevo día/ nuevamente a cumplir bajo el sol nuevo/ su plenitud igual y suficiente/ de prometida nuestra sin fin/ siempre la misma».





Las doradas escenas meridionales de la Avenida Loja son vivificantes por la espectacularidad que encierra esta calle de fuerte personalidad histórica, al haber representado, in historia nostra, la vieja salida y entrada de Cuenca desde el sur, que en las lluviosas noches de pandemia es como un campo de aterrizaje de la soledad que sigue siendo solariega hasta el infinito, en mística ensoñación, a causa de las cálidas luces del alumbrado público, que al contrastar con los grises adoquines o el ceniciento pavimento parece como si en tal peculiar trayecto encontráranse incandescentes fuegos que despliéganse de profundis, como dorados instantes del camino de la vida, tanto más tristes cuanto más queridos… Mas el bruñido ambiente de la avenida Loja, ícono de la «ciudad cargada de alma», crea un providencial momento de inspiración apacible para pensar en ese fuego abrazador nocturno, como quizás habríalo definido un anónimo poeta de exquisito numen in historia mundi: «… el fuego es esa llama amenazante/ envuelta en las tinieblas de la noche/ que turba hasta el más cuerdo en el reflejo…».


Pero una de las más apocalípticas imágenes que pudiéronse obtener en las noctámbulas travesías de cuarentena, dentro de la ciudad amada, ubícase en la antigua calle de El Batán que per se es tenebrosa condicionando más el tétrico escenario donde vivíase un lúgubre aislamiento en una pandémica noche. La callejuela, que no tiene adecuado alumbrado público, volvíase más umbrosa y reflejaba tenebrosa la penumbra en la que apenas ingresa la claridad de una esquinera luminaria que reluce iridiscente… Triste trayecto que solitario mostrábase cual telúrico escondrijo donde las cosas más fantasmagóricas pueden acaecer. Los oscuros portales de las viviendas albergan la oscuridad en luctuosos pasillos mientras las viejas casas de la zona confórmanse como inexpugnables muros para acoger a las tinieblas en intermitencia con ciertos espacios que, ad orientem, poseen cálidas luces doradas… La verdad sea dicha, la peculiar calle parece un callejón de la muerte donde la soledad pervive mientras el pánico y el miedo que invoca la tétrica escena elévanse in crescendo en tanto más avánzase hacia el tradicional barrio de San Roque. Tristis recordationem in veritatis splendor.


Ex admirationem, en los septentrionales sectores de la Atenas del Ecuador, vía al aeropuerto, coloristas escenas en nostálgicos y aniquilados ambientes muéstrannos una desértica faz de la Cuenca de los Andes en la avenida España, otrora epicentro de jolgorio, de bullicio y citadina algazara ora en el día, ora en la noche, donde la morriña parece haber llegado con nostálgicos efluvios de monstruosa tristeza hacia la tierra natalicia inter corona virus.

En el periplo transgresor del inconstitucional toque de queda toda esquina, todo rincón y cada recodo de la urbe patrimonial era objeto de ignotas vistas de la ciudad amada, como apréciase en esta imagen del sector de la Chola Cuencana que extráñaselo contemplar despoblado, devastado y desierto sin más nota alegre que las blancas luminarias que vivifican a los verdes pastos del parterre in naturalis ordinis ad omnes gentes.


In excelsis o desde las alturas, las vistas de la urbe eran espectaculares. Bastaba subir a los balcones de altas viviendas para mirar a una desconocida Cuenca sumida en el desamparo, a merced del nefandario virus que espantó a todos los habitantes de la capital de la morlaquía. Desde tan privilegiados miradores, y gracias al toque de queda, las céntricas calles de la capital azuaya percibíanse atiborradas de luz simulando lumínicos ríos entre los tejados de las casas de antaño que míranse negros como si las tinieblas hubiéranselos atrapado en escalofriante soledad y dolor.


Pero no sólo la noche, con sus enigmáticas facetas de pandemia, aterrorízannos inter Corona virus para sentir a nuestra dilectissima urbe como una ciudad apocalíptica, pues también las fotos capturadas a la hora del crepúsculo son horripilantes y turbadoras a máxima ad minima. Exempli gratia, aquí puédese contemplar a la calle Sucre, entre General Torres y Padre Aguirre, convertida en un impenetrable callejón sombrío que parécenos insondable in extremis por el pánico que exulta el patético ambiente.

 























Igual cosa diríase, in stricta veritas, de otros rincones cuencanos del centro histórico que, en una lluviosa tarde de cuarentena, con negros nubarrones, dan cuenta de que «la ciudad cargada de alma» perdió su alma en la emergencia sanitaria para volverse apocalíptica, terrorífica y monstruosa como una especie de «lacrymarum valle super flumina Tomebamba» o «valle de lágrimas sobre el río Tomebamba», como muy bien hemos de aseverar en nuestra perínclita lengua de Castilla.

    







Ad concludendi, huelga decir entonces -con ataraxia y firmeza- que sólo las aventureras e inquietas almas de los andariegos habitantes de la morlaquía pudieron quizás descubrir esta apocalíptica faceta de una encantadora urbe que extravió su espíritu en las noches de cuarentena, en una de las épocas más turbulentas de su historia. Ergo, estas escalofriantes y silentes imágenes citadinas que en pandemia evidenciaron el terrorífico espectro de la Cuenca avasallada por el Corona virus no son más que el registro gráfico de una triste atmósfera donde el místico silencio ha sido el denominador común de los rincones cuencanos que han sido motivo de este ensayo. Silencio que no ha representádose como soledad y dolor sino como «mysterium vitae» o «misterio de la vida» en las profundas simas del apocalíptico abismo de cuarentena para escribir el punto final de un trepidante capítulo de nuestra historia en el que Santa Ana de los Ríos de Cuenca dejó de ser el antiguo imán de encantos atractivo sicut mysterium noctis in via historiae ad perpetuam rei memoriam in patria aequatorianae.

 

Diego Demetrio Orellana

Datum Conchae, apud flumina Tomebamba, mensis martii, die XII, currentis Anno Domini MMXXII, reparate salute Anno Dominicae Incarnationis, in vesperas II Dominica in quadragesima.


OPINIONES CIUDADANAS


Jon Blake

Le cose sembrano migliorare. E speriamo che tutto finisca completamente, e molto presto. 🙏

Diego Demetrio Orellana

ASPETIAMO CERTAMENTE CHE TUTTO FINIRÒ PRESTO MIO CARO AMICO Jon Blake. MI HA PIACIUTO MOLTISSIMO LEGGERE IL TUO MESSAGIO. CREDO CHE IL MIO ARTICOLO SULLA MIA CITTÀ APOCALÍPTICA NEL TEMPO DI CORONA VIRUS FORSE HAI CAPITO UN PÒ PER LA VICINANZA CON LA TUA BELLA LINGUA ITALIANA. UN CARO SALUTO PER TE IN AMICITIA SEMPER SINGULARIS INTER NOS.
DIEGO DEMETRIO
OCTAVA II DOMINICA IN QUADRAGESIMA IN ANNO SALUTIS NOSTRAE MMXXII.

Jon Blake

Sí, Diego, las imágenes fueron inolvidables, tu artículo fue maravilloso y me hizo recordar cómo se veía Nueva York en ese momento también. Y aunque había palabras que no conocía, pude entender la esencia de la misma.
(Necesito practicar mi español de vez en cuando. Lo estudié durante tres años en la escuela secundaria.)
Todos los mejores deseos para ti.
JON

Diego Demetrio Orellana

QUÉ MARAVILLA QUE TE HA GUSTADO MUCHO ESTE ENSAYO SOBRE LA CUENCA APOCALÍPTICA. Y QUÉ INTERESANTE PENSAR QUE TAMBIÉN NUEVA YORK FUE APOCALÍPTICA INTER CORONA VIRUS, MIO CARO AMICO Jon Blake. MI HA PIACIUTO MOLTISSIMO CON TUTTO IL MIO CUORE LEGGERE CHE MI HAI SCRITTO NELLA MIA LINGUA SPAGNOLA. UN CARO SALUTO PER TE IN AMICITIA SEMPER FIDELIS INTER NOS.
DIEGO DEMETRIO
OCTAVA II DOMINICA IN QUADRAGESIMA IN ANNO SALUTIS NOSTRAE MMXXII.

Mario Morri

Brutta ricorrenza, sembrava scomparso ma nuovamente riappare, speriamo non ci danneggi tanto! Un caro saluto, Diego! 🤗

Diego Demetrio Orellana

MIO CARO AMICO Mario Morri: ANCH'IO DICO LO STESSO PER TE IN AMICITIA SEMPER FIDELIS INTER NOS: UN CARO SALUTO PER TE. RICAMBIO IL TUO DESIDERIO DI CHE TUTTO FINIRÒ CON UN ABBRACCIO FORTE TRA NOI. PAX CHRISTI MANEAT SUPER NOS.
DIEGO DEMETRIO
OCTAVA II DOMINICA IN QUADRAGESIMA IN ANNO SALUTIS NOSTRAE MMXXII

Sonia Pavón Stavland

Qué tiempos tan tristes fueron...

Robert Charcopa Celi

Época fatídica como sacada de una película...