domingo, 26 de abril de 2009

IMPERDONABLE YERRO PRESIDENCIAL



«YO TENGO UN DON: RARA VEZ ME EQUIVOCO»

Por: Diego Demetrio Orellana


La frase es de Rafael Correa y ha sido proferida en múltiples oportunidades con orgullo y vanidad. No obstante, los hombres somos falibles y cuando ciertos seres se creen infalibles resulta gracioso observar cómo se contradicen al cometer equivocaciones inauditas e imperdonables.

Esto es justamente lo que le ha sucedido al presidente ecuatoriano Rafael Correa cuando, con su típica verborrea de ataque a mansalva, desde la Habana , Cuba, ha citado unos versos muy conocidos de Luis Cordero Crespo, diciendo que son de Remigio Romero y Cordero.

«Si un can me muerde con furia/ lo siento mas no me inmuto/ porque él, como todo bruto/lastima, pero no injuria./ Y fuera tamaño yerro/ que, dando a mi enojo rienda/ trabase dura contienda/ con el infeliz del perro».

La verdad histórica dice que Luis Cordero escribió esta poesía en el año 1895, cuando publicó su libro llamado «Poesías jocosas». Cualquier ilustrado lector del Ecuador conoce este dato y su desconocimiento por parte del presidente ecuatoriano es inadmisible, mucho más, cuando de la manera más vulgar que podría haberse visto frente a la majestad de su cargo, lo ha recitado, leyendo un diminuto papel que lo ha sacado de su billetera, como si lo hubiese descubierto al paso y al apuro y lo hubiere registrado para lucirse en contra de quienes él cree que son sus enemigos.

Ojalá ese apunte no haya sido proporcionado por las ministras o ministros cuencanos que integran el gabinete presidencial, quienes ya han demostrado su ignorancia supina en muchos aspectos, por lo que no sería nada extraño que fuesen los causantes del yerro presidencial.

La anécdota desmerece la calidad académica de la que siempre se jacta el presidente Correa, pues un hombre ilustrado no hace este tipo de papelones y allí está lo grave del asunto, pues en el ejercicio del poder, Rafael Correa olvida que siendo el presidente de los ecuatorianos está obligado a cuidar su imagen por sobre todas las cosas, pues se supone que era un personaje preparado para asumir la primera magistratura del país.

Cuando un hombre ejerce una alta función, deslices de esta naturaleza devienen en contra de sí mismo y afectan a la imagen de su alto cargo, ya que representa una contradicción entre lo que se pretende mostrar al resto de ciudadanos y la realidad personal que a veces, descubre a seres que no son lo que aparentan.

Más grave todavía es el asunto cuando esta tremebunda equivocación ha sido cometida en un país extranjero, con público foráneo, que ahora se estará enterando, desde el exterior y a través de las notas de prensa, que los ecuatorianos tenemos un presidente que a veces parece impreparado y que habla sin reflexión, a punto de que antes de abrir la boca nunca controla que su cerebro esté conectado.

Si este error hubiese sido publicado desde la prensa opositora a la que siempre califica de corrupta, seguramente habría sido motivo de condena y anatema por parte de Rafael Correa, pero como esta vez ha venido de quien dice que «casi nunca se equivoca», el ridículo en el que ha caído el presidente ecuatoriano ha sido motivo de comentario público por todo el territorio nacional y más, en Santa Ana de los Ríos de Cuenca, la «Atenas del Ecuador», cuna de Remigio Romero y Cordero, el eximio poeta de la morlaquía a quien no corresponden esos versos, y centro de vida y actividad literaria del ex presidente Luis Cordero Crespo, quien si viviese, le habría dedicado a Rafael Correa otra poesía jocosa, pues se trata de un personaje ideal para ser objeto de la chispeante inspiración poética del vate coronado de Cuenca, a cuya memoria se ha ofendido desde el sillón presidencial de los ecuatorianos, por obra y gracia de la verborrea correista, precipitada, desmedida, zascandil y avasalladora contra quien no está de acuerdo con sus ideas.

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