sábado, 26 de marzo de 2016

ARTE Y BELLEZA IN NOMINE CHRISTI

Ad gloriam Dei/ A la gloria de Dios, el arte ha sido desde siempre, ab aeterno, un auténtico lenguaje para consignar in perpetuum el salvífico misterio del Señor en los más tristes instantes de su pasión redentora


.

Y son los grandes artistas que en el mundo han sido quienes han vuéltose de momento ad momentum como los idóneos interlocutores para graficar ex tota veritas las sublimes expresiones de Cristo en cada una de las dolorosas circunstancias en que cumplíase su misión salvadora. Es el caso del «Cristo con velo» o «Cristo velato» de Giuseppe Sanmartino,  escultor italiano de admirable trayectoria in honorem artis.


Nacido en Nápoles, Sanmartino vivió en todo el siglo XVIII (1720 - 1793) y sus obras son esplendorosas ad summum hasta las insondables fronteras de la estupefacción insólita por la que déjanos absortos cuando nos engolfamos para apreciar las sui generis creaciones salidas de sus manos que, por sorprendentes y magnánimas, cautívanos la atención para confirmar ipso facto que estamos ante un genio originalis et admirabilis in veritatis splendor.

El «Cristo con velo» de Sanmartino catapultóle para que fuese considerado in historia mundi como uno de los más grandes escultores italianos de todos los tiempos y por qué no decirlo, in universa terra, como uno de los egregios maestros del arte mundial. La escultura es de mármol y fue realizada, secundum historica veritas, en el año del Señor de 1753 para la capilla de Santa Maria della Pietà, conocida también con el poético nombre de «Pietatella» o «Capilla Sansevero» in napolitensis urbe.


Mas la escultura tiene una curiosa historia, pues ab initio fue encargada al escultor Antonio Corradini, quien murió post factum a dicho contrato, habiendo solo alcanzado a realizar un boceto del proyecto, en terracotta, que hoy expónese en el Museo Nazionale di San Martino. Así, el encargo pasó a Giuseppe Sanmartino, a quien comisionóselo para hacer «una estatua de mármol esculpida a natural grandeza representando a Nuestro Señor Jesucristo muerto y cubierto de un sudario transparente realizado en el mismo bloque de mármol».

De esta manera, Nápoles puede gloriarse de Sanmartino como Roma de Michellangelo con este ícono del arte universal que deja atónitos a todos quienes tienen el privilegio de conocerlo in corpore presente. El detalle de Sanmartino con el que iguálase a Miguel Ángel -en el modus operandi de sus geniales creaciones artísticas- es que para realizar sus proyectos escultóricos recurría, como aquél, a buscar un solo bloque de mármol con el que luego esculpíase, cum accurata diligentía, buscando la suprema perfección de las esculturas concebidas en estas geniales mentes hasta legar a la posteridad las más grandes obras maestras de todos los tiempos.


Así, ad exemplum, cuenta la Historia, Magistra vitae, que Miguel Ángel quería encontrar una montaña entera de mármol para esculpir la tumba del papa Julio II, proyecto solo posible de ser concebido en un brillante cerebro como el del excelso artista, mientras Sanmartino prefería, a similis, el hallazgo de bloques marmóreos enteros para la ejecución de los maravillosos proyectos que plantéabase con su creativa imaginación. Verbi gratia et gratias Deo, en este «Cristo velato» contémplase al Señor yacente, en el sepulcro, tendido en un colchón sobre el cual su cabeza apóyase en dos almohadas, mientras el cuerpo hállase velado con un delicadísimo sudario que adhiéreselo delineando la hermosa forma del corpus Christi al que ocúltalo en forma tal que pareciese que no tratárase de una obra realizada en mármol, siendo éste el efecto singular con el que Sanmartino logró pasar a la historia como un «magister veritatis» o «maestro de la verdad» en el mundo del arte, en donde solo contadísimos genios han podido representar la veracidad de las cosas con las cuales muéstrannos la fidedigna realidad cum clara el pulchra lux in aeternum. En este caso, a gravés del sutil velo que recubre el sacro cuerpo del Divino Redentor reconócense los signos evidentes de su rostro que denotan el martirio sufrido antes de su muerte.


La exquisitez del trabajo de Sanmartino hizo que alrededor de esta obra surgiese, in diebus illis/ por aquellos dìas, una leyenda por la que decíase que un alquimista bautizado con el nombre de Raimondo di Sangro, príncipe que encargó la realización de la escultura, habría enseñado al genial escultor cómo calcificar los tejidos en cristales de mármol. Pero, riddendo et semper riddendo/ riendo y siempre riendo, la leyenda se fue más allá de lo esperado ya que creíase ingenuamente, asimismo, que ha operado en la escultura una «marmorización alquímica» efectuada por el propio príncipe, quien habría adherido sobre la estatua un verdadero y propio velo, el cual, con el pasar de los tiempos, marmorizóse gracias a un proceso alquímico. Mas la leyenda es solo leyenda y así colúmbrase con un análisis serio, sine ira et studio, objetivamente, que sin duda alguna la obra fue hecha ex integro en mármol, tal como pruébase, in stricta veritas, por un recibo de pago a Sanmartino, de fecha 16 de diciembre de 1752, firmado por dicho príncipe y conservado intacto en el Archivo Histórico del Banco di Napoli.


La obra es de tal peculiar belleza que invítanos a contemplarla, a maxima ad minima, detalle tras detalle y con todos los sentidos, puesto que cuando la enfrentamos no solo es la vista la que degusta el delicadísimo efecto logrado por San Martino para prodigarnos las más inesperadas sensaciones y reacciones que transpórtannos, in corpore et in anima, para experimentar el sufrimiento del «Redemptor hominis» o «Redentor de los hombres» cuando ya muerto, en espera de su resurrección gloriosa, invítanos a reconocer per se a su divina majestad ad perpetuam rei memoriam et in cordibus nostris, mientras ese aspecto sufriente transmítenos a los dolorosos instantes previos a su crucifixión. Ergo, con esta obra Sanmartino logra contarnos literalmente una historia extremadamente real y concreta: Cristo muere en la cruz y es sepultado junto a los símbolos de su pasión: la corona de espinas y los clavos con que fue crucificado, que encuéntranse en el extremo inferior izquierdo con una tenaza, como una hermosa alegoría de la pasión del Señor, Dominus ac Redemptor, haciendo que su cuerpo yacente llévenos a la intensa reflexión de su misterio salvífico pro mundi beneficio.


Dícese, corcordet veritas, que Antonio Canova maravillóse de profundis ante esta genial escultura e intentó adquirirla sin éxito, por lo que –aún a pesar de que también era un ser dotado para el arte escultórico- declaróse dispuesto a dar 10 años de la propia vida para ser el autor de una similar obra maestra.



A través de esta prodigiosa obra de Sanmartino es grato confirmar inter nos la fuerza centrífuga de una verdad suprema por la que sabemos, ex informata conscientia, que el arte es para todos y no tiene límites ni fronteras en su capacidad expresiva, ora para ser creado, ora para ser admirado, ora para ser descrito in scriptis et ab aeterno puesto que el arte es universal e impacta ex tota fortitudine, sicut erat in principio et nunc et semper et in saecula saeculorum.


Diego Demetrio Orellana
In Concha, apud flumina Tomebamba, mensis Martii, die XXVI, reparata salute Anno Dominicae Incarnationis MMXVI, in sancta hebdomadae, Anno Misericordiae MMXVI .


OPINIONES CIUDADANAS



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1 comentario:

  1. ...es la idea de 'pliegue' que he trabajado los últimos tiempos, que lo comencé pintando una 'señora de Quito', también conjugándolo con 'líneas' de diferente naturaleza, además de vivos colores y materiales comprados en ferreterías y centros plásticos, con lo que trato de componer los 'planos de inmanencia' que presentaré en pocos días, carissime, y en la misma idea barroca,magistralmente realizada por Sanmartino con su 'velo' del Christus recumbent que nos presentas aqui, amplexus.

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