jueves, 24 de marzo de 2016

LA SEMANA SANTA EN CUENCA, LA CAPITAL DE LA MORLAQUÍA



In commemoratione de Passione Domini o en conmemoración de la Pasión del Señor, Cuenca sigue siendo, ad initium tertio millenio, una urbe donde las grandes manifestaciones del espíritu tienen cabida a través de apoteósicas manifestaciones de piedad popular en la Semana Santa o Sancta Hebdomadae, a pesar del fuerte proceso de laicización que ha experimentádose en las últimas décadas in universa terra.

Ciertamente, uno de los eventos más arraigados en la religiosidad popular cuencana es la gran procesión de Cristo Pobre, taumaturga imagen venerada en la iglesia de San José de El Vecino, de la orden de la Merced. Este Cristo, que es obra del gran escultor cuencano Manuel Jesús Ayabaca, constituye el centro de las celebraciones de la semana mayor en la iglesia mercedaria de Cuenca ad perpetuam rei memoriam. Es desde el 12 de diciembre de 1941 cuando establecióse esta devoción que ha calado profundamente en los cuencanos durante 75 años. Inicióla el P. Constantino Bucheli, OM y la imagen fue esculpida como réplica de Cristo Pobre venerado en la ciudad de Lima, mientras la iniciativa de instaurar este culto fue de Nicanor Merchán Bermeo, a quien el P. Bucheli visitaba en su domicilio todos los domingos. Cada año, en el retablo del altar mayor, in Dominica in Palmis, la imagen de Cristo Pobre luce galante y majestuosa para la veneración de los fieles in nomine Domini.


La procesión convoca a millares de personas que, año tras año, son partícipes de un curioso ritual in nomine Christi. El Domingo de Ramos, a las seis de la tarde, la imagen es puesta en una urna y portada en andas hacia el atrio del templo, para ser colocada en un carro alegórico pletórico de adornos y flores, mientras la gente aglutínase circunvalándola para transportarla por las calles céntricas de la urbe junto a centenares de personas que acuden masivamente para rendir pleitesía a Nuestro Señor Jesucristo, en su condición de Rey de reyes y Señor de señores.



Fiat lux, a las siete de la noche, in Dominica in Ramus Palmarum, enciéndese la urna con una luminiscente lámpara que alumbra al taumaturgo Cristo Pobre, que avanza desde el templo hacia las céntricas calles de la urbe acompañado de centenares de personas que portan ramos y palmas, los que luego de la procesión son bendecidos cuando la gente ingresa a la iglesia para la santa misa in sollemnitate Dominica in Palmis.




El recorrido es largo, pues la procesión dura aproximadamente una hora y los cientos de fieles recorren casi 2 kilómetros con la sagrada imagen. Los cantos tristes, propios de la semana santa, óyense solemnes en todo el transcurso del desfile, desde aquellos que en los lejanos tiempos coloniales fueron creados con influencia de la música aborigen, en el proceso de evangelización de América, hasta los que han compuéstose en las últimas décadas. Resalta ante omnia, el Himno a Cristo Pobre, particular pieza musical que ha vuéltose un ícono identitario de los devotos de esta taumaturga imagen in nostra communitate.




La fe de algunos creyentes manifiéstate explícita, ex toto corde, cuando un altar improvisado en la plazoleta de la Merced expone una pequeña réplica de la imagen de Cristo Pobre, a la cual colocóse un rosario y parapetósela en una especie de trono rodeado de ramos, flores, cirios y lámparas decorativas. Es grato contemplar que los devotos consiguieron la propia palma de cera, que es el histórico ramo utilizado ab aeterno in Dominica in Palmis, planta que en la actualidad es objeto de campañas para que no se la utilice en el Domingo de Ramos, con el pretexto de que hállase en extinción, en vez de fomentar su cultivo para que siga siendo in aeternum la icónica palma de ramos in patria nostra. Más de cuatro siglos la gente la usó sin que nadie haya hecho alaracas ecologistas que hacen, ad absurdum, que nunca se fijen en la causa de lo causado ni piensen en que las plantas que extínguese vuélvense muníficas para reproducirse cuando se las cultiva in extenso urbi et orbi buscando su pervivencia. Traditio semper traditio in nostra Sancta Mater Ecclesia ego dico vobis.





La simple solución sería promover in crescendo su masivo cultivo, pues trátase de una planta que crece generosamente en los Andes ecuatorianos y su reproducción es inmensa, razón por la cual jamás extinguióse en cuatro siglos de evangelización católica per Christum Dominum Nostrum.






Luego de esta pequeña digresión y volviendo al tema, digamos entonces que cuando la imagen concluye el recorrido llega por la avenida Huayna Cápac y desde el monumento a la Virgen de las Mercedes, en la intersección con la calle Rafael María Arízaga, la gente agólpase in crescendo para el recibimiento triunfal de Cristo Pobre, mientras la muchedumbre crece aún más por cuanto existen centenares de fieles que no participaron en la procesión y esperan en el templo para la santa misa solemne de bendición de los ramos, con la que concluye el multitudinario acto religioso originalis et singularis in urbe nostra.






Luces de bengala, cohetes, y juegos pirotécnicos son lanzados con algarabía el momento que Cristo Pobre arriba al templo, mientras la banda del ejército que ha participado en la procesión con la música que el pueblo canta, ex tota fortitudine, entona alegremente el himno a Cristo Pobre como homenaje al Divino Maestro, objeto de esta piadosa y enfervorizada devoción en la capital de la morlaquía, apud flumina Tomebamba.




Así entonces, la religiosidad popular en la semana santa sigue siendo muy fuerte en la ciudad de Cuenca. El tiempo de reconciliación y penitencia que implica la semana mayor no debería, no obstante, quedarse solo en manifestaciones externas de religiosidad católica, pues la fe débese manifestar in vita nostra, en las acciones que hablan más que las palabras y que cuando refléjanse como fruto de nuestra formación cristiana enriquecen aún más estas expresiones de fe, puesto que dan cuenta de que los participantes en un acto apoteósico y multitudinario de devoción cristológica son auténticos cristianos que predican el evangelio con la propia vida y hacen de la comunidad cristiana testimonio vivo de compromiso y servicio in nostra Sancta Mater Ecclesia Catholicam, Apostolicam et Romana.


Diego Demetrio Orellana

In Concha, apud flumina Tomebamba, mensis Martii, die XXIV, reparata salute Anno Dominicae Incarnationis MMXVI, quinta feria de passione Domini, in Coena Domini, Anno Misericordiae MMXVI .

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada