viernes, 30 de septiembre de 2016

LA COMPAÑÍA DE JESÚS: RELICARIO DE ARTE Y BELLEZA AD OMNES GENTES

Fotografía de Santiago Salinas


Pulchrum super orbis terrarum in quitensis urbe / Hermoso sobre el orbe terrestre en la urbe quiteña, el templo de la Compañía de Jesús devélase inter nos como el más lindo y atractivo relicario de arte y belleza que puédese admirar magnificente y prominente in patria aequatorianae et solus ad maiorem Dei gloriam.

Fotografía de Santiago Salinas


Y es que justamente, ad maiorem Dei gloriam/ a la mayor gloria de Dios, la experiencia nos confirma que cuando una creación artística realízase buscando la glorificación suprema del Altísimo revístese de majestuosidad y revélase de esplendor en una forma proporcionalmente directa con la solemne belleza y la inmarcesible fisonomía que la obra conlleva per se para todos cuantos contémplanla patidifusos, convencidos siempre in perpetuum que a la gloria del Señor todo esfuerzo humano es propicio en tanto su grandeza es digna de reconocimiento universal y por ella, in historia mundi, jamás han escatimádose ni gastos, ni empeños, ni esfuerzos, puesto que a Dios nunca débese dejar de alabarlo y bendecirlo ora por su providencia divina, que es inmensa y omnímoda, ora porque es eterna su misericordia y manifiéstase munífica omnibus nobis.

Fotografía del Reverendo Padre Iván Lucero, SJ


Y por ello, la iglesia jesuita de la capital de la república es como una caja de sorpresas en su rica ornamentación interna en la que descúbrense múltiples detalles y elementos que sorprenden y encantan en el profuso barroquismo con el que fue diseñada. La excepcional hermosura del templo embelesa a todos cuantos admíranlo en su esplendorosa atmósfera, sin que haya un solo rincón o resquicio que no revélese admirabilis et originalis como una muestra fehaciente de la prolífica magnificencia de la providencia divina in communitate nostra.

Fotografía del Reverendo Padre Iván Lucero, SJ


Ad effectum videndi, una telescópica mirada desde el interior de la cúpula más grande del templo hacia los cuatro puntos cardinales que despliéganse desde sus arcos torales prodíganos una grandiosa perspectiva de la sublime lindeza que esta iglesia encierra, la cual pervive por su inmanencia ad vitam aeternam, mientras los detalles de los elementos que conforman su precioso barroquismo yuxtapónense  para mostrarnos prima facie que la belleza es un atributo que encuéntrase presente en las cosas más simples que unidas e intercaladas, ars gratia artis, conforman la magna factura del conjunto arquitectónico, el cual representa la más espectacular manifestación artística que púdose erigir en la capital de la república gratias Deo, como símbolo de la capacidad creadora de nuestros artistas bajo la dirección de los beneméritos padres jesuitas, verdaderos maestros de ciencia, arte y cultura in universa Terra.

Fotografía de Santiago Salinas


Ad sollemnitatem, la vista del interior de la cúpula que hállase sobre el retablo del altar mayor cautiva ad súmmum a quienquiera que fuere, por el áureo ambiente que vuélvese ensoñador y mágico, ora por su grandiosa perspectiva, ora por la dorada luminosidad que evoca el oro excelso del que adórnase todo el recinto, ora por el magnánimo barroquismo ya plateresco, ya churrigueresco, ora por la delicada elegancia y el sui generis gusto estético con el que este sitio concibióse al cubrirlo ex integro con láminas de pan de oro ad maiorem Dei gloriam. Efectivamente, el azul cielo del interior de la cúpula es como el celestial cénit que contrasta cromáticamente con el dorado color del oro del que todo el templo atibórrase para impactar, ipso facto, hasta el límite máximo de la admiración, mientras la mirada concéntrase en observar cada uno de los elementos que conforman el mayestático retablo, ya trátese de las columnas salomónicas con sus corintios capiteles, ya se trate de las hornacinas con los santos que las albergan, ya de las imágenes bidimensionales que resáltanse en el áureo espacio, ya del gigantesco conjunto escultórico de la Santísima Trinidad, que es quizás como el punto focal al que dirígense todas las miradas, en tanto representa el vértice del que parte toda la magnificencia de este precioso rincón, tal cual si hubiésese querido demostrar justamente que al Dios trino y uno, en su condición de Providentissimus Deus, ha dedicádose todo este magnífico altar mayor in commemoratione Sancta Trinitas, unus Deus.

Fotografía de Santiago Salinas


Por su parte, en esta imagen lograda con el efecto de fotomontaje, el templo mírase prima facie como una ilusión óptica por la que apréciase cual verdadera «Domus aurea» o «Casa de Oro», donde el dorado espectro del original ambiente permítenos contemplarlo como un magno palacio en cuyo interior el oro refulge con prístina belleza y exalta reluciente ad contemplationem nostra como si nos invitase a bendecir al Creador, a quien damos el honor, el poder y la gloria in aeternum, pues solo él es digno de alabanza in saecula saeculorum. Por eso cantamos exultantes de gozo: «hosanna in excelsis Deo», desde donde sale el sol hasta el ocaso, ya que «santo, santo, santo es el Señor, Dios de los ejércitos y llenos están los cielos de la majestad eterna de su gloria», sicut dixit sacra scriptura/ como dice la sagrada escritura en el trisagio de Isaías.

Fotografía del Reverendo Padre Iván Lucero, SJ


«Cantate Dominum canticum novum/ Cantad al Señor un cántico nuevo» es lo que sugiérenos cada vista de la iglesia, de momento ad momentum, siendo la bóveda de la nave central la que resalta sui generis con el curioso artesonado que obsérvase reluciente en todos sus detalles cuando la miramos en su máxima grandiosidad lumínica, puesto que las ventanas superiores han colocádose con una precisión tal que prodigan claridad a toda la iglesia con la luz solar, mientras los bien logrados efectos de la iluminación eléctrica que ha diseñádose para el templo logran simular perfectamente, en las alturas del gran espacio, la inefable gloria celestial, pues cuando contémplase a esta bóveda de cañón ninguno deja de sentirse atónito y absorto hasta las fronteras de la estupefacción y el deleite que elevan a nuestras almas a las profundas e insondables sensaciones que experiméntanse en la espiritualidad ignaciana, si hemos de recordar que San Ignacio de Loyola enséñanos que «el bien, cuanto más universal es más divino» in Exercitia Spiritualia.

Fotografía del Reverendo Padre Iván Lucero, SJ


Ad gloriam Dei, el retablo mayor de la iglesia es un original compendio de creatividad y buen gusto. Construido en el ábside del templo, secundum histórica veritas, ab initio proyectóse como una copia de la fachada. No obstante, en el año del Señor de 1735 empezóse a fabricar el definitivo y actual retablo por el hermano coadjutor alemán Jorge Vinterer. Una década después, aproximadamente, Bernardo de Legarda intervino en el dorado del Tabernáculo, delicado trabajo que requirió 10 años más, tiempo en el que colocáronse las láminas de pan de oro que proyectan su refulgencia lumínica. El altar mayor en su global conjunto tiene tres cuerpos perfectamente diferenciados y superpuestos. Los dos primeros, desde abajo, cuentan con ocho columnas salomónicas entre las cuales encuéntranse los nichos que hospedan a algunos santos de fundamental importancia in nostra Sancta Mater Ecclesia. Distínguense así, ad gloriam aeternam, al seráfico San Francisco de Asís y al egregio Santo Domingo de Guzmán, quienes instituyeron las órdenes mendicantes; al neoplatónico San Agustín y a San Ignacio de Loyola, el fundador de la Compañía de Jesús, así como a San Luis Gonzaga y Santa Mariana de Jesús Paredes, Flores y Granobles, la Azucena de Quito. En el primer cuerpo contémplase el Tabernáculo cuya traza es grandiosa y convexa hacia el presbiterio. In excelsis, en la parte más superior contemplamos una soberbia corona sostenida por un grupo de ángeles, la que represéntase como símbolo icónico de nostra Sancta Mater Ecclesia. Debajo de ella, en el nicho más grande de todo el retablo, hállase el conjunto escultórico de la Santísima Trinidad, con el Padre Eterno, factorem coeli et terra, el Hijo Santísimo, Nuestro Señor Jesucristo, Dominus ac Redemptor, y el Espíritu Santo Paráclito, Dominum et vivificantem, así como las figuras de la Benedicta Maria Virginis; San José, su castísimo esposo, y el Niño Jesús. Todo este magnífico retablo conjuga lo divino y lo terreno habiéndoselo atribuido a Severo Carrión, exceptuando al Niño Dios, que fue tallado por José Yépez, según los más serios investigadores del arte ecuatoriano in veritas semper fidelis.

Fotografía de Santiago Salinas


In honorem Mater Dolorosae, en determinadas fechas del año litúrgico, desde el 20 de Abril de 1906, el esplendoroso retablo de la Compañía engalánase también con la edulcorada imagen de la Dolorosa del Colegio «San Gabriel», la inolvidable virgen de abril, mater semper amata in patria aequatorianae et in Societate Iesu, la cual colócase siempre en un bello marco dorado que acóplase perfectamente al tabernáculo para refulgir contristatam et dolentem sicut vera lux ad omnes gentes. Su tierna presencia y dulce mirada cautívanos in anima nostra invitándonos a pensar, ad contemplationem, que «una madre no se cansa de esperar», como dice tan apodícticamente uno de sus legendarios cantos in communitate nostra.

Fotografía del Reverendo Padre Iván Lucero, SJ


Semper sicut Mater amabilis et admirabilis/ Siempre como una madre amable y admirable, en ocasiones la Dolorosa del Colegio aparece en el retablo de La Compañía dentro de un marco circundado por ángeles orantes, vivificantes y triunfantes en tal dorado espacio ante la «Regina Angelorum» o «Reina de los Ángeles» in coelis et in terra/ en el cielo y en la tierra.

Fotografía de Santiago Salinas


Así, misericordes sicut Pater in Anno Misericordiae/ misericordiosos como el Padre en el Año de la Misericordia, digamos con apodíctica certeza que la iglesia de la Compañía de Jesús de Quito es la mejor alabanza en oro y piedra de todas cuantas pudieron hacerse in patria nostra a fin de bendecir al Señor, Dominus ac Redemptor, objeto cimero al que el templo dedicóse con los celebérrimos padres jesuitas, devotos propagadores del nombre de Jesús in universa Terra. Y no es para menos cuando hemos de considerar que solo al Señor, Pontifex fidelis et misericors, débesele toda gloria y majestad en tanto, como «dador de todos los bienes», los templos más grandiosos y las cosas más costosas han sídole dedicados en expresas manifestaciones de alabanza y gloria in omnia terra et usque ad consummationem saeculi, pues La Compañía construyóse como un conjunto admirable de toda belleza y santa pureza in nomine Christi. No de otra forma los hijos de San Ignacio de Loyola han enseñado desde siempre que «In nomine Jesu omne genuflectatur coelestium, terrestrium et infernorum/ En el nombre de Jesús todos genuflexionan en el cielo, la tierra y el infierno», como reza la inmortal filacteria del retablo de la iglesia del Gesù in Roma aeterna, el templo referencial de la iglesia de la Compañía de Jesús de Quito en la Ciudad Eterna.


Mater Dolorosa: ora pro nobis, antiqui Societatis Iesu alumni.
Fotografía del Reverendo Padre Iván Lucero, SJ


La iglesia es un valioso ejemplar de la arquitectura barroca americana y ha sido llamada in aeternum como «Templo de Salomón de América del Sur». Uno de los jesuitas viajeros, el padre Bernardo Recio, bautizóla como «Ascua de oro», mientras que Ernesto La Orden, Embajador de España en Ecuador, un día hubo de describirla como «el mejor templo jesuitico del mundo», expresión que aunque parezca exagerada refleja el impacto que causa el templo a quien posee sensus fidei y espíritu sensible para apreciar la belleza ante omnia et super omnia.

Reverendo Padre José Benítez, SJ, Rector de la iglesia de la Compañía de Jesús, Quito
Fotografía del Reverendo Padre Iván Lucero, SJ


Aquí, en este conjunto arquitectónico vive hoy, ad initium tertio millenio, un entusiasta jesuita, dinámico, sociable y bondadoso como erudito, sapiente, servicial y magnánimo, gracias a su ánimo distendido. Trátase del padre José Benítez, SJ, actual rector de la residencia de San Ignacio allí establecida, quien recuérdanos, con su admirable trabajo pastoral, a la sempiterna consigna ignaciana: «EN TODO AMAR Y SERVIR», estando a su cargo la administración de la iglesia y siendo también uno de los últimos jesuitas latinistas in patria nostra. Vaya para él, amigo fidelísimo, un abrazo fraternal in nomine Domini, sicut dilectissime et reverendissime pater, sacerdos amabilis et fidelis in persona Christi capitis et care amice linguae latinae in provintia aequatorianae Societatis Iesu ad maiorem Dei gloriam. Gratias máximas, salutem, grata recordationem et benedictionem tibi per Christum Dominum Nostrum.

 Fotografía del Reverendo Padre Iván Lucero, SJ


Fotografía de Andrés Abad Merchán



Ad concludendi, dígase entonces que, pulcherrima ante omia/ hermosísima ante todo, delante de tanta majestuosidad, todos los espectadores que auscultan con ánimo contemplativo a la iglesia de la Compañía de Jesús extasíanse, ex admirationem, para proferir con acrimonia las inmortales palabras del salterio: «misericordias Domini in aeternum cantabimus/ cantaremos eternamente las misericordias del Señor», pues no otra cosa podemos hacer cuando elevamos los ojos del alma hacia la rara belleza de esta maravillosa «Domus Domini» o «Casa del Señor».

OMNIA AD MAIOREM DEI GLORIAM


DIEGO DEMETRIO ORELLANA
Datum Concha, super flumina Tomebamba, mensis septembris, die trigentessima, in Anno Misericordiae MMXVI

OPINIONES CIUDADANAS

Apreciamos la nota de Diego Demetrio Orellana

Diego Demetrio Orellana
 
Diego Demetrio Orellana MAXIMAS GRATIAS OMNIBUS VOBIS... QUÉ BUENO QUE LA APRECIÉIS, FUNDACIÓN IGLESIA DE LA COMPAÑÍA, PERO SERÍA MAGNÍFICO QUE TRATÉIS MEJOR A LOS VISITANTES QUE LLEGAN DONDE VOSOTROS, AMIGOS DE LA  Fundación Iglesia de la Compañía, RECORDANDO ANTE OMNIA LA ENSEÑANZA IGNACIANA: «EN TODO AMAR Y SERVIR».

OMNIA AD MAIOREM DEI GLORIAM

DIEGO DEMETRIO ORELLANA
OCTAVA DOMINICA I ADVENTUS, AD MMXVI

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