jueves, 19 de mayo de 2016

HUARMICATURAS: lo que no se ha dicho



HUARMICATURAS: lo que no se ha dicho (opinión)

POR: Franklin Cepeda Astudillo



Conocí a la arquitecta, artista y caricaturista Vilma Vargas Vallejo a mediados de 2004, cuando entré en contacto con dibujantes, pintores e ilustradores de diversas provincias a los fines de graficar la primera edición ecuatoriana de El Quijote; desde entonces valoré altamente su labor y sus propuestas creativas, su independencia y su profundo sentido crítico, su fino humor y su arraigado humanismo; meses después, en el 2005, Ana María Armijos, curadora del Banco Central del Ecuador, –quien cumplía tareas relacionadas con el montaje de una muestra colectiva de artífices chimboracenses–, consideró que el trabajo de Vilma Vargas tenía la suficiente fuerza, originalidad y vuelo como para merecer una exposición individual y un catálogo independiente, por lo que, siguiendo los procedimientos del caso, promovió la muestra Pintura y arte-objeto, cuyo texto me fue encargado, y a la fecha consta referenciado en obras como el Diccionario Crítico de Artistas Plásticos del Ecuador, de Hernán Rodríguez Castelo, (Quito, Municipio de Quito-Centro Cultural Benjamín Carrión, 2007, p. 686 s.).


Más de 10 años después, Vilma Vargas muestra una trayectoria en franca consolidación y evidente crecimiento, sostenido periplo testimoniado en la realización de nuevas exposiciones, la participación en numerosos eventos nacionales e internacionales, la inclusión en diversas publicaciones físicas y digitales, e incluso en hechos preocupantes pero sugerentes de los cauces que su trabajo ha afrontado como el allanamiento de que su domicilio fue objeto en julio de 2015, atentado cuyo móvil, según todo parece indicar, no sería el robo, cuanto el “llamado de atención” por las incisivas pero fundamentadas e ingeniosas críticas al poder que, desde hace más de una década, han abundado en su trabajo, polifacético repertorio del que hacen parte proyectos como El Polvorín, página, –y por algún tiempo pequeño periódico–, al que fui invitado a colaborar con textos satíricos y humorísticos en torno a la política y la realidad local y nacional, y cuyo cierre no tuvo otro origen que nuestra compartida reluctancia a “bajar el tono” evitando la ciertamente grotesca pero, –a nuestro observar–, saludable crudeza de coplas cuya pertinencia y trasfondo de verdad, duela a quien duela, la historia y la justicia solo han confirmado: “Pato argolla te jodiste / si a Riobamba robas plata / en buen lío te metiste / cuidaráste inmunda rata”.


Ya en febrero de 2016, según puedo atestiguar, Vilma Vargas preparaba una nueva exposición de caricatura política a ser presentada en el Salón del Pueblo de la Casa de la Cultura Ecuatoriana Núcleo de Azuay. Vargas, con la metodicidad y previsión que han caracterizado cada uno de sus trabajos, remitió, a tiempo, con fecha 18 de abril, los soportes digitales y enlaces referentes a los trabajos a exponerse (cuadros y caricaturas), cédulas y videos. Mi participación básicamente consistió en bautizar la iniciativa con el híbrido Guarmicaturas, perfeccionado por Diego Demetrio Orellana, intelectual cuencano que actuó como curador de la muestra que, con presentación de su autoría, se llamó “Huarmicaturas por la libertad”. En Cuenca, ciudad a la que acudí con motivo de la presentación de mi libro Ecuador en la ruta de don Quijote, tomé las previsiones para poder asistir también a la inauguración, acto en el que pude ser testigo presencial de algunos particulares que la prensa no ha tomado en cuenta; ofrezco entonces mi opinión y testimonio:


Pese a que la organización de la muestra, en cuanto a las tareas correspondientes a la caricaturista y al curador atañen, fueron cumplidas con suficiente antelación, en forma repentina, el 3 de mayo, se les notificó que la misma no podría realizarse aduciendo sesgos políticos y “panfletarios” en varias de las piezas a exponerse; no se precisó cuáles. Ese 3 de mayo, día paradójicamente dedicado a la libertad de expresión, se indicó también que no se imprimiría el esperado catálogo y otras “depuraciones” que comprometían seriamente la posibilidad de que el evento se inaugurase la noche del miércoles 4, conforme se planificó desde hace tiempo ya. Estas contrariedades obligaron al Curador a buscar acuerdos que permitiesen llevar a efecto la exposición, uno de los cuales implicó la mutilación de su texto de presentación, el retiro de las cédulas y la no proyección de los videos animados hechos a partir de algunos de los trabajos.


La noche del 4, con un público que de a poco fue creciendo, pese a todo, tuvo lugar la inauguración; habló, en primer lugar, una funcionaria de la CCEA, quien, con parquedad y escaso carisma, dio la bienvenida a los asistentes; enseguida se pronunció Iván Petroff, presidente del Núcleo, quien, en forma tibia, –y yo diría timorata–, aludió a los fines de la caricatura en general, deslizando entre sus palabras alguna alusión al escritor español Francisco de Quevedo, y pidiendo “comprensión”, sin ser suficientemente explícito, pero aludiendo acaso a las reales motivaciones existentes detrás de un claro acto de censura, censura que, desde dentro y fuera del país, ha recibido el más rotundo de los rechazos.


Terminada la breve alocución de Petroff, hizo uso de la palabra Diego Demetrio Orellana, quien, en un lapso de cuarenta minutos, improvisó una gala oratoria que, entre otros puntos, increpó duramente a esos funcionarios a los que no les importa anteponer órdenes “superiores”, cuando no su personal o sectario interés, a los principios; fustigó enérgicamente las arbitrariedades del régimen imperante al que, con magistral pincelada, retrató como “nefasto, nefando y nefario”… …y dejó en claro que las decisiones tomadas con la muestra dejan en evidencia las limitaciones e inconsistencias de una autonomía institucional en la que, de tan trillada, resulta ingenuo creer. No faltó en esta vibrante intervención la hábil glosa, la airada invectiva ni la sesuda deconstrucción en torno a Quevedo, inicialmente citado por Petroff, ni la justiciera exigencia de que, como un mínimo acto de reparación ante el perjuicio irrogado a la artista, se edite el catálogo sin lugar a expurgación alguna, exigencia ante la que el público prorrumpió en sonoros aplausos, como prorrumpió en posteriores acotaciones de Orellana, quien, sospechosamente, no ha sido entrevistado con respecto a este caso. 
Petroff, cosa que no se ha dicho, tuvo toda la oportunidad de impugnar las “incoherencias”, expresiones “panfletarias”, o meras “calumnias” del orador, en caso de haberlas, pero se limitó a guardar silencio, acaso en medio del angustioso debate interno en que debió haber vivido los peores 40 minutos de su gestión, si no es que de su vida.

La intervención final estuvo a cargo de la caricaturista, quien, lesionada pero serena, cuestionó en breves palabras el proceder de la institución anfitriona y desplegó su ingeniosa protesta: una agridulce variante de los fusilamientos del 2 de mayo, cuadro de Francisco de Goya que, en la relectura de Vargas, alude a Cuenca y a la institución que, lo reconozca o no, tomó decisiones que han minado sensiblemente su credibilidad y prestigio; el mismo Petroff, valga informar, no asistió al día siguiente al Museo de las Conceptas, en una de cuyas salas, según comprometió su palabra, debía realizar la presentación del libro Ecuador en la ruta de don Quijote. Tampoco, cabe señalar, ha remitido disculpa algún ante dicho incumplimiento, que, por otra parte, dejó un espacio más que privilegiado para que Orellana volviera a la carga, aunque en esta ocasión con una muestra oratoria dedicada a Miguel de Cervantes y su legado en las letras, las artes y el pensamiento de Ecuador.


¿Quién o quiénes, a fin de cuentas, están detrás de esta censura? Vergonzoso, y aun miserable, pero revelador, sería que funcionarios o allegados al gobierno de turno, como vergonzoso y repugnante sería que, ante temores como el de ver comprometido el presupuesto institucional se hayan tomado tan deplorables, paradójicas e inauditas decisiones como las que representa cuestionar la presencia de caricaturas de corte político en una exposición que no era sino de caricaturas políticas, muchas de cuyas piezas, por ejemplo las alusivas al terremoto de Manabí, en cambio no han sido cuestionadas, pero tampoco justipreciadas pese a la evidente solidaridad y humanismo que las imbuye; como quien dice: solo se impugna lo que incomoda, con el adverso resultado de que más de una ráfaga les ha terminado saliendo por la culata al propiciarse, más allá del no buscado “escándalo”, que, “más que sea” en la web, sean miles de personas las que finalmente terminen viendo la muestra, no solo desde Cuenca sino desde el mundo en general, como lo confirman las páginas y blogs que se han hecho eco de lo acontecido en la hermosa y querida Atenas del Ecuador (Véase http://cartoonistsrights.org/cultural-agency-censors-carto…/). 
  • El distinguido abogado Bolívar Sánchez Orellana fue uno de los personajes más representativos
  • de la morlaquía en el evento de marras, quien posa aquí junto a Cristina Vinueza, venida desde Guayaquil in honorem libertatis.

Las réplicas y contrarréplicas institucionales, vistas sus inconsistencias y contradicciones, no han logrado más que embarrar y acrecer la plasta de errores previos. En buena hora que, desde la Casa de la Cultura Núcleo de Chimborazo, al menos se haya tenido la iniciativa de remitir al Núcleo de Azuay una carta de protesta en cuyo texto me permití sugerir se añada esa exigencia de que, como un mínimo acto de resarcimiento, se edite y distribuya el catálogo de la muestra, cuyas páginas nada tienen de panfletarias ni de sesgadas: sus caricaturas, duela a quien duela, indigne a quien indigne, no son sino logradas relecturas de la realidad económica, política, cultural e histórica en que nuestro país, y el mundo en general, han chapoteado durante los últimos meses. Bien puede usted, estimado lector, ver la muestra completa en el enlace http://vilmatraca.blogspot.com/…/cedulas-y-videos-censurado… y formar su propio criterio. Yo me he limitado a emitir el mío.

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