domingo, 15 de mayo de 2016

DIEM MUNDIALEM LATINITATIS MMXVI/ DÍA MUNDIAL DE LA LATINIDAD 2016



DIEM MUNDIALEM LATINITATIS AD MMXVI
DÍA MUNDIAL DE LA LATINIDAD 2016


In perpetuum, la latinidad es el prodigioso legado de la antigüedad clásica para nuestra cultura hispana y en cuanto ha pervivido sempiterna y culta, in aeternum, ad initium tertio millenio, es de veras un patrimonio inmaterial para toda la humanidad junto con la herencia griega, que constituye otra de las copiosas fuentes de la cultura española en tanto tenemos un origen grecolatino que debémoslo preservar por su esplendencia y refulgencia in historia mundi.



Pero el legado grecolatino no es patrimonio exclusivo de la hispanidad sino de la cultura de Occidente, pues la influencia de la Roma inmortal y la Grecia clásica es munífica ad omnes gentes in mundum universum/ para todas las gentes en todo el universo. Sin embargo, es particularmente en Occidente donde su preponderancia delineó y configuró los rasgos esenciales de nuestra identidad.

Aunque hoy estas lenguas considéranselas como muertas es errado pensar que de veras lo están, pues son millones y millones las personas que, in orbis terrarum, conocen muy bien a la lingua latina tanto como a la lingua greca y reconocen que ellas han forjado el pensamiento universal e incidido en el mundo de las ideas, en la esfera de lo científico, en el ámbito del espectro artístico y en el desarrollo mismo de la cultura, perviviendo su influencia ora en la ciencias, ora en las artes, ora en el lenguaje, ora en nuestra lengua castellana tanto como en la religión cristiana y en las diversas manifestaciones culturales que nos son propias.



In nostra Sancta Mater Ecclesia, ad exemplum, el Latín es aún la lengua oficial del catolicismo y siendo los fieles católicos aproximadamente 1.200 millones en el mundo hállanse en permanente contacto con la cultura latina en las comunidades parroquiales a las que pertenecen, por lo que pueden percibir, incluso de refilón, su fortísima influencia cultural en el planeta entero.





Ad initium tertio millenio, la vigencia de la lengua latina dentro de la Iglesia Católica es fuerte. Por ello, los principales documentos de la Santa Sede y del magisterio pontificio publícanse en este idioma, al igual que varias revistas eclesiásticas y libros, mientras emítense interesantes programas de radio y televisión in lingua latina por todo el mundo. La Radio Televisión Vaticana, exempli gratia, transmite diariamente múltiples programas en este idioma, los cuales son sintonizados por millones de católicos en la Tierra. Solo este hecho confirma la vigorosidad del Latín en el mundo contemporáneo, al interior de la Santa Madre Iglesia, mientras per se pruébanos la importancia de la cultura latina en nuestras vidas, puesto que de ella hemos heredado señas particulares de identidad in stricta veritas.




Por ello, ha surgido una interesante iniciativa en el mundo entero para que la UNESCO declare al Latín y al Griego como «Patrimonio Inmaterial de la Humanidad» y, en este DÍA MUNDIAL DE LA LATINIDAD DEL AÑO DEL SEÑOR DE 2016, IN ANNO MISERICORDIAE, queremos unirnos a esta campaña universal para difundir la siguiente propuesta in honorem lingua latina et cum respectum et reverentia pro lingua greca in universa terra.




SOLICITUD PARA HACER DEL GRIEGO Y DEL LATÍN PATRIMONIO INMATERIAL DE LA HUMANIDAD.

Pedimos a la UNESCO hacerse garante de una continua sensibilización de los gobiernos europeos por las lenguas clásicas, y de invitarlos a empeñarse en la verdadera conservación de las mismas, declarándolas «Patrimonio Inmaterial de la Humanidad».

A menudo se ha presentado a la cultura humana, tanto en Occidente como en Oriente, la exigencia de un idioma capaz no sólo de superar los confines espaciales que separan a un hombre de otro, sino también de reunir a sabios de diversas épocas más allá de la tiranía del tiempo, cuya voz, tomando una forma no sometida a los cambios del devenir continuo, llegue vívida y clara a otros exploradores a lo largo de los siglos. Estas lenguas, que no están más en uso o que quizá nunca lo estuvieron, han desarrollado un papel fundamental en la historia de las ideas y de la cultura, y constituyen todavía hoy un tesoro invaluable para la humanidad entera. De esta manera el Sánscrito ha transmitido intactas las doctrinas y especulaciones filosóficas de épocas remotísimas hasta nuestros días, y no solamente en la India.




Así también el árabe clásico y el persa medieval nos han otorgado las meditaciones de los místicos sufíes y las discusiones de pensadores que reflexionaron profundamente tanto sobre textos sagrados como sobre las obras de Platón y Aristóteles. De la misma forma, el hebreo, que por más de dos milenios ha transmitido la sabiduría de un pueblo consagrada en sus textos; y el chino clásico nos permite escuchar hoy en día las enseñanzas de Confucio y Lao Tze. De tal suerte que todas estas lenguas, así como las civilizaciones que las gestaron, conforman un gran patrimonio digno de ser defendido y custodiado.




Con el consenso común de toda Europa, en la civilización grecolatina se reconocen las raíces históricas de la realidad occidental, así como el tesoro inagotable de la memoria común del viejo continente.

El griego, por una parte, sirviéndose de esa flexibilidad que le es propia y de una fuerza de expresión formidable, ha dado voz y forma al pensamiento filosófico y, a través del mismo, a los conceptos de libertad, virtud, democracia, política y, en resumen, al conjunto de altísimas ideas que trascienden la miseria de la transitoriedad humana. Éste es el idioma en el que prácticamente se ha acuñado todo el vocabulario intelectual de Europa, y que aún hoy se utiliza en el mundo occidental cada vez que se hace mención de las diversas invenciones del ingenio y el espíritu humano, de las ciencias naturales, la medicina o la filosofía.




Por otra parte, el latín, solemne y concreto como era ya desde sus inicios, recibió la herencia griega y constituyó el vehículo común de la cultura occidental, vehículo que llegó mucho más allá de los confines temporales del imperio político del que obtuvo su fuerza y difusión. De esta manera, logró ofrecer a hombres de diversa nacionalidad, religión y costumbres, la posibilidad de sentirse ciudadanos de una sola Res publica que, a pesar de haber perdido la unidad material que Roma le había garantizado por tanto tiempo, conservaba el preciosísimo bagaje de la lengua y el derecho. El mensaje cristiano, tercera raíz de nuestra civilización, se nutrió asimismo del latín y a través de él difundió un nuevo soplo vital a toda la civilización de Occidente. Después, fue gracias a la labor política y cultural de Carlo Magno y de sus sucesores, al igual que del monaquismo en todas sus formas y de la infatigable revolución de los Humanistas que el uso de esa lengua antigua se hizo común a lo largo y ancho de Europa. Fue entonces que el latín se transformó por consecuencia en el elemento que mantuvo unido el amplio mosaico cultural de Europa por varios siglos. De hecho, si el latín ha conservado después de tantos siglos una notable vitalidad, es porque logró renovarse más de una vez y siempre estuvo a la par de las diversas exigencias de la realidad a la que debía servir de medio de expresión. En latín se expresaron Santo Tomás de Aquino y Dante Alighieri, Giordano Bruno y Erasmo de Rotterdam, Tomás Moro y Galileo Galilei, René Descartes y Godofredo Leibniz, Isaac Newton y Carl Friedrich Gauss, junto con la enorme consonancia de miles de científicos, literatos, juristas, filósofos, matemáticos, humanistas y demás estudiosos que han construido la cultura europea a través de los siglos. En efecto, el griego y el latín constituyeron la base fundamental de todo hombre culto en Europa hasta mediados del siglo XX, de manera que los beneficios de estas lenguas siguen teniendo resonancia aún en nuestra sociedad actual.


Hoy en día, Europa se encamina hacia un nuevo tipo de unidad, la Unión Europea, un proyecto que se está concretizando gradualmente, pero a velocidad considerable. De hecho, vivimos ya en una realidad de unión financiera, de libre circulación de personas, bienes, capitales y servicios, por no hablar de la unión monetaria, que está en vías de consumarse por completo. Y por ello mismo resulta indispensable que la Europa políticamente unida recupere también la conciencia de su identidad cultural y, sobre todo, que no olvide las civilizaciones y las lenguas que la han gestado. Éstas, para ser recordadas justamente, deben seguirse cultivando como un bien colectivo y como la expresión de la uniformidad de conceptos e ideas propiamente Europeas.




Sin embargo, las nuevas exigencias de tipo pragmático están excluyendo lentamente el estudio de estas lenguas en las escuelas de toda Europa. Los hombres de cultura en este continente corren ya el riesgo de ignorar por completo el pasado en que se enraíza su propia civilización y todo el pensamiento que le es característico. Sobre esta materia, no podemos pretender que baste el conocimiento abreviado y superficial que nos proporcionan las traducciones ni los resúmenes de nuestros tiempos; tampoco podemos tomar con seriedad el consuelo de la presencia de estas dos lenguas en las escuelas profesionales, donde su destino se coarta notablemente y queda reducido al de un mero instrumento de trabajo para los futuros clasicistas, perdiendo su antigua dignidad formativa, dirigida a abrir las puertas del pasado a todo hombre culto de nuestra sociedad.




Ahora bien, si consideramos las tres raíces más importantes de la civilización europea, es decir, griega, latina y cristiana, resulta innegable que Italia representa un punto de encuentro cultural y de confluencia histórica ideal. En efecto, las particulares condiciones de su territorio dieron la oportunidad a los Griegos de edificar florecientes colonias y generar extraordinarias escuelas de pensamiento, y además Roma, que constituyó el centro impulsor de un vasto y rico imperio y la principal sede de irradiación de la cultura cristiana.




Es por ello que mediante esta misiva pedimos a la UNESCO:

• Hacerse garante de una continua sensibilización de todos los gobiernos europeos por las lenguas clásicas, y de invitarlos a empeñarse, sobre todo en sus políticas de educación, en la verdadera conservación de las mismas, dado que son la máxima expresión de la cultura Europea, que ha sido incluso exportada a muchas otras partes del mundo.

• Empeñarse por declarar el latín y el griego patrimonio inmaterial de la Humanidad, teniendo en cuenta que estas lenguas no sólo pertenecen a la cultura europea, sino también a la extra europea, dado que constituyeron un elemento de cohesión de todo Occidente como herencia de valor inestimable de más de dos mil y setecientos años de historia cultural.

• Investir al gobierno italiano de la responsabilidad de ‘salvaguarda del griego y del latín’, siendo estas disciplinas que, junto con la filosofía, tienden a la formación de las nuevas generaciones, no ya en un ámbito meramente profesional, sino con una aspiración de cultura global.

• Nombrar a Italia ‘baluarte simbólico y encrucijada cultural’, de tal suerte que se fomente entre sus ciudadanos un interés que comprenda todos los sectores de la cultura, desde el sistema escolar hasta el campo de la ciencia, y del mundo del espectáculo a los medios de comunicación masiva.

FIRMA LA PETICIÓN EN: www.vivariumnovum.net/unesco


HIS CUM AFFECTIBUS VOBIS ET GRATA RECORDATIONEM, RESPECTUM ET REVERENTIA PRO LINGUA LATINA ET LINGUA GRECA OMNIBUS VOBIS,



DIEGO DEMETRIO 


IN CONCHA, SUPER FLUMINA TOMEBAMBA, IN ANNO MISERICORDIAE, DIEM MUNDIALEM LATINITATIS MMXVI

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