sábado, 29 de agosto de 2015

JULIO MOSQUERA: UN ARTÍFICE DEL DIBUJO IN EXCELSIS



Consensus omnium et in honorem veritatis, para cualquier conocedor de las artes plásticas de la localidad, Julio Mosquera es uno de los más importantes dibujantes de la capital de la morlaquía. Con el correr de los años, su presencia es fundamental en el horizonte artístico de Santa Ana de los Ríos de Cuenca, pues trátase de un acucioso y auténtico artista, dueño de un lenguaje plástico personalísimo, con el cual defínese como un hábil comunicador o interlocutor con su público.




Así, cum admirabilis intelligentia, los motivos que escoge para graficar la realidad son siempre una dilecta invitación a encontrar en su obra un universo pletórico de detalles con los que la vera effigies del mundo que nos rodea muéstrase prístina y diáfana, en espíritu y verdad, mientras en muchas de sus propuestas es capaz de mirarse a sí mismo con autocrítica y espíritu contemplativo como pruébanlo algunos de sus dibujos en donde ex tota veritas  autoretrátase per se en los contextos compositivos de sus sorprendentes escenas en las que el dibujo alcanza su máxima expresión.

Ciertamente, para llegar a este nivel expresivo, la obra artística de Mosquera ha tenido un permanente proceso de experimentación y ha recorrido por todas las posibilidades artísticas hasta permitir justamente que los mensajes de los dibujos del genial maestro sean vívidos y fuertes para cualquier espectador que enfréntase, vis a vis, a un trabajo en donde lo barroco constituye la máxima manifestación de las ideas de un sui generis creador.



De esta manera, a lo largo de su trayectoria, los dibujos de este eminente maestro  defínense y perfílanse en el llamado «horror vacui» u «horror al vacío» y que ha sido la característica fundamental de lo barroco in historia mundi, en donde los elementos que exornan la realidad que grafícase son preciosos adornos que devienen en símbolos que explicitan las cosas en su real contexto y vuélvense a la vez, quid pro quo, en auxiliares didácticos para comprender el mensaje completo de cada uno de los trabajos artísticos surgidos de una mente vigorosa e imaginativa.






Y tanto es así que trátase de una capacidad imaginativa que circunda también el espectro onírico, desde donde el artista extrae sus principales motivaciones para retratar insólitas escenas solo entendibles en el mundo de los sueños. Por eso es que los personajes de Mosquera son estrafalarios, con frecuencia estrambóticos y ensoñadores ab aeterno, mientras desde el psicoanálisis, son fundamentales para comprender a su autor, quien es ante todo un personaje fuera de lo común, afable, sincero, descomplicado y confrontativo ante muchos convencionalismos que esclavizan a las personas a límites paroxísticos que conspiran con la verdadera libertad que Mosquera vive ad arbitrium.




Por estas características, las obras de Mosquera son únicas y cuando atibórranse de detalles puédese afirmar que el puntillismo para graficar sus permanentes motivos de inspiración vuélvelo como un creador compulsivo para encontrar la belleza en todas sus formas, logrando con los detalles un trabajo didáctico para su público, captando todas las posibilidades expresivas de la realidad que lo circunda in stricta essentia.



Por otra parte, muchos de sus personajes provienen del mundo erótico, siempre atrayente para el artista que deambula expectante en las fronteras de ignotos horizontes en donde ad experimentum sus creaciones adquieren inusitada fuerza cuando retratan humanas vicisitudes, contingentes vivencias o fuertes realidades del género humano in universa Terra, junto a criaturas extraídas del reino animal que evocan apocalípticas escenas o excéntricas circunstancias en donde seres anfibios o reptiles toman protagonismo en sus propuestas figurativas fantasiosas y sui generis in honorem artis.


Ex admirationem, no resulta extraño, en consecuencia, que muchas de sus creaciones han sido fuente de polémica en una comunidad en la que con frecuencia los convencionalismos y falsas modestias o la mojigatería o la pacata condición de seres hipócritas con falsos modus actuandi o personajes con maquillados comportamientos censuran ipso facto cualquiera de estas libérrimas manifestaciones de Mosquera, quien, ad libitum, confronta con ellas justamente esa sacrosanta y falaz condición de ciertos grupos poblacionales in patria nostra.



A fortiori, entonces, las obras de este eminente dibujante inúndanse de elementos curiosos, en donde la acuciosidad para graficar los múltiples objetos con los que la realidad es mostrada, originalis et pulchra, absorbe toda la atención de quienes confrontan los variados motivos que el artista escoge para contarnos, desde su personal visión del mundo, una serie de cosas que encuéntranse en nuestras vidas y que muchas veces no las captamos esencialmente, ora por los convencionalismos sociales, ora por una visión unilateral de la vida, ora por ciertos temores y miedos que impídennos ver las cosas en su más sencilla verdad y esencia.


Por eso, los trabajos creativos de Mosquera han caracterizádose, ante omnia, no sólo por mostrar la realidad cuanto por confrontarla, sugiriendo al observador que para mirar el mundo existen diversas perspectivas y todas son válidas. A la vez, el aporte más exquisito y original del artista es enseñar que confrontando la realidad concíbesela mejor y mírasela sin complejos ni problemas, pues aunque todo es relativo en la vida, nada escapa fuera de la búsqueda de lo real y del placer que conlleva eso que se ha llamado, desde inmemoriales tiempos, el «gaudium de veritate» o «gozo de buscar la verdad».









Por todo lo dicho, la obra de este artista es verídica y corre veloz hacia el público, pues la coincidencia entre el lenguaje artístico y la realidad definida convierten a sus dibujos en un medio de expresión que basta por sí solo para mostrar cualquier aspecto fidedigno de la vida. Podrá decirse en consecuencia que los dibujos de este artista son una especie de «veritatis alimonia o alimento de la verdad» para quien acércase a contemplar las cosas esenciales de la existencia, invocando frecuentemente a las figuras antropomorfas como elementos sine qua non para desarrollar su particular lenguaje artístico in honorem artis..




Mas en el trayecto de su travesía por el mundo, semper amabilis et prudentissimo, Mosquera ha realizado un trabajo pletórico de detalles para descubrir que la verdad es elemental y en ocasiones necesita explicitarse con todo un bagage de signos y símbolos, que aunque la adornan y la vuelven más expresiva no dejan de retratarla en su profunda significación.




Y por eso, para Mosquera es fácil decodificar lo verídico desde los exuberantes detalles de su barroquismo o desde un simple trazo, por el que es capaz de definir la realidad más que con mil palabras, pues «la sencillez es el signo de la verdad», tal como decía Einstein.




Ahora bien, cuando el artista llega a la edad provecta, enfréntase a la necesidad de avalar su proceso creativo mediante la simplificación que permítele ser más concreto pero no menos profundo en el simple trazo lineal de muchas de sus creaciones. De esta forma, después de haber recorrido variados senderos y lenguajes expresivos, Julio valida su proceso creativo y reconoce, in corpore et in anima, que la mínima expresión de un dibujo es el trazo y con él, en tanto es elemental, puédense decir múltiples cosas mientras más sencillas se las representa.




En adecuado parangón, habremos de decir desde el mundo de las letras, in honorem hispanica lingua, que la mínima expresión del lenguaje literario es la palabra y con ella puédese decir toda una simple descripción o definir la más difícil de las ideas, de la misma forma en que con una simple línea, en el dibujo, grafícase todo un universo expresivo que refleja la sencillez y la verdad humilde de la esencial realidad in vita nostra.




Así hemos visto entonces, en los últimos tiempos, una nueva obra de Mosquera con dibujos personalísimos planteados como bocetos que compendian, ex toto corde, las polifacéticas inspiraciones extraídas de su rico mundo interior. Muchas de estas creaciones realizáronse fortuitamente, en momentos en que la inspiración y la fuerte sensibilidad del artista captaron preciosos instantes o dictaron profundos pensamientos que Julio sentía que debían expresarse coram populo.




Por ello, sus dibujos no caracterízanse por la aparente simpleza cuanto por constituir un  trabajo renovado, rejuvenecido, vibrante, sencillo y confrontativo, como han sido siempre los geniales dibujos de nuestro artista in aeternum. Los sutiles trabajos  que contémplase en los últimos tiempos subsúmense en una sencillez que define todo y que lo sigue mostrando como un gran dibujante, pues, sea dicha la verdad, sólo quien recorre por un permanente proceso de experimentación plástica llega a la madurez con solidez y autenticidad como para sintetizar magistralmente las ideas en un universo expresivo que consolídase por lo simple, lo humilde y lo sencillo.







Estamos entonces ante un magnífico y genial dibujante, dueño de un propio y singular lenguaje artístico, que deja su sino y signo en cada trazo o adorno de sus obras, para hacerlas inconfundibles; un artista que refulge en la capital de la morlaquía justamente por su humildad y que tiene mucho que decir en un mundo en donde, como decían los filósofos de la Roma Imperial: «Veritas odium parit/ La verdad engendra odio», y para decirla no sólo hay que ser humilde y sencillo sino además valiente, a fin de confrontar la realidad cueste a quien le cueste y aunque desplómense los cielos, como muy bien lo hace Mosquera en un admirable ejercicio de coherencia entre lo que se dice y se hace o lo que se dibuja y se representa semper cum amoris veritatem et ex tota anima suam.

DIEGO DEMETRIO ORELLANA


Datum Concha, super flumina Tomebamba, mensis Augusti, die tertiam supra vicesimum, reparata salute Anno Dominicae Incarnationis MMXV, octava XXI Dominica per annum.

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