martes, 12 de mayo de 2015

UNA DÁLMATA SINGULARIS IN URBE VENERANDA



Ex admirationem, coqueta y andariega tanto como intrépida y curiosa, Oliva es una ensoñadora dálmata que encanta y sublima a todos quienes obsérvanla en el barrio, donde es objeto de atracción superlativa, diem per diem, ora por las mañanas, ora por las tardes, ora por las noches cuando, ad sollemnitatem, aparece por el parque correteando cual niña hiperactiva que inunda de alegría y gozo el espacio verde que conviértelo, ipso facto, en el campo de juego donde goza de la libertad que vuélvese un esencial atributo de su inquieta personalidad.

Para todos quienes la conocemos cotidianamente es una de las perritas más atractivas de todas cuantas llegan al parque barrial acompañadas de sus amos, mientras los perritos que por allí pululan vuélvense también embelesados con sus encantos y así, quid pro quo, Oliva es el centro de atención que desborda los límites de todo lo esperado en el comportamiento canino.


Cuando llégase a su casa está siempre alerta y expectante del timbre de la puerta. Ad cautelam, ubícase sigilosa en las gradas, desde donde parece el mejor vigía de su vivienda, en una cómoda postura con su cuerpo en el descanso de la preliminar gradería y sus patas delanteras sobre el primer peldaño de las escalerillas.

A la segunda timbrada alborótase y levántase ipso facto para colocarse de pie sobre el descanso de las graderías, en precavida actitud de observancia y cuidado. Ladra entonces al frecuente visitante que observa complacido el curioso comportamiento de Oliva in communio caritatis.


Inmediatamente, el visitante llámala por su nombre y al reconocer su voz alégrase ad infinitum descendiendo contenta por las gradas y saludando juguetona y cariñosa al huésped circunspecto que registra paso a paso el inteligente modus actuandi de una perspicaz perrita que mucho tiene para enseñarnos in vita nostra.

Ergo, empieza entonces su habitual paseo y en el camino al parque de la barriada Oliva conviértese en una experimentada guía que adelántase risueña hacia el espacio verde tan ampliamente por ella conocido. Revélase admirabilis semper su compulsivo instinto de cacería siendo capaz de asustar a las palomas que halla en el trayecto o a cualquier confiada avecilla que descubre en su periplo.



Sociable hasta los límites del paroxismo, Oliva conviértese ex toto corde en una amiga de cualquier can que se lo acerque embaucándolo en insólitas aventuras, en inauditas exploraciones y en sorpresivas travesías en las que sus ocurrencias cuentan más como el común denominador de una impredecible conducta en donde el juego y la alegría son las cosas que la definen in stricta essentia.



En el espacio verde que comparte, con aquellos de su clase, muchos perros callejeros llegan y rápidamente conviértense en sus compañeros de juego, pues Oliva posee una sorprendente capacidad para hacer amistades ex aequo volviendo loco al más tímido y humilde perro de la barriada, o a la más circunspecta y refinada mascota de pedigree que paséase por su lado, como al simple perro callejero y resabiado que encuentra en su cotidiano paseo.



Ella toma las iniciativas frente a sus congéneres del reino de los canes y los invita a alegrar sus vidas con solo su presencia. Ella, per se, es única para hacer piruetas con el perro más sereno y pacífico que circule por su lado in amicitia originalis.


Su actitud dominante ante cualquier miembro del reino de los canes que se lo acerque es la condición sine qua non para el inicio de una amistad fraternal en donde Oliva es siempre la que espontáneamente lánzase para el juego o el bullanguero correteo con sus amigos del mundo canino en el parque. Y en esto es incansable e insaciable demostrando una prodigiosa energía que agota a su dueña y al visitante frecuente que es ya partícipe permanente de estas aventuras.


De pronto, praeter opinionem, despiértase en Oliva la diaria necesidad de masticar hierbas y es el césped del parque el elemento vegetal que devóralo con la lúdica actitud con que realiza hasta el hastío todas sus actividades, para terminar con el natural instinto de los canes que vuélvense los mejores excavadores de tierra en los espacios verdes por donde circulan diariamente.


Cansada de sus piruetas, exangüe a causa de sus juegos y extenuada por sus carreras no encuentra mejor manera de refocilarse que recostándose en el parque en actitud sosegada, con su cuerpo ensobinado, mientras el brillo de la luz solar hace esplendente su blanco color atiborrado de las tradicionales pecas negras que son los insustituibles distintivos de los dálmatas in Concha et in mundum universum.


Es entonces cuando Oliva conviértese en una perrita todavía más atractiva para todos quienes tienen la oportunidad de conocerla a su paso por el familiar espacio verde que ella incluso es capaz de convertir en campo de batalla para sus truculentas e insólitas travesuras, puesto que ella es ya una especie de amica humani generis super flumina Tomebamba.


Tempus fugit… Las horas pasan veloces e imperceptibles por la frenética actividad de Oliva, llegando entonces el momento del retorno a casa. El camino de regreso no deja de ser un sendero por el que explora con curiosidad todo cuanto le parece extraño o ignoto, sin que falte su indómita tendencia a juguetear y su inherente talento explorador que permítela atisbar el mínimo peligro que adviértese para ella, para su dueña o para el visitante que ha llegado a quererla como si se tratase de un miembro más de la familia.

Cuando Oliva arriba a casa, aún es capaz de protagonizar insólitas ocurrencias como tomarse un final descanso sobre la piedra andesita de los adoquines de las típicas calles de la capital de la morlaquía, en donde sigue siendo como una «stella matutina» o «estrella de la mañana» que alumbra nuestros corazones ex tota fortitudine in veritatis splendor.

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