lunes, 10 de abril de 2017

EL TRANVÍA: UN LIBRO DENUNCIA IN HISTORIA NOSTRA



«Quod scripsi scripsi/ Lo escrito escrito está» dícese desde inmemoriales tiempos  cuando leemos una obra que habrá de perdurar in aeternum al registrar los hechos que nunca débense olvidar en la vida de una comunidad.




Este libro cumple justamente ese papel pues está escrito para la posteridad. Su autor, el ingeniero Eduardo Cardoso Martínez, es un destacado personaje que en los últimos años ha llevado con valentía una cívica y solitaria lucha por defender a Cuenca de uno de los atropellos más infames que pudo planificarse en contra de su fisonomía. Nos referimos a la ejecución del proyecto «Tranvía 4 Ríos de Cuenca», supuesto adelanto que a nombre del progreso ha perturbado, per fas et per nefas, la vida de los cuencanos, mientras ha enmarañádose con una serie de escándalos que ofenden a nuestra inteligencia y agravian la dignidad y la ética, al socaire del respeto que merecemos los habitantes de la capital de la morlaquía, que hemos soportado hasta el hastío la más atrevida insolencia en la implementación de un proyecto que, a ojos vista, no parece solucionar los graves problemas de movilidad que tiene la urbe.






El proyecto no fue concebido para proponer un verdadero cambio a la capital azuaya sino como un capricho electoral enarbolado como juguete de campaña del alcalde Paúl Granda López, un iluso burgomaestre que no supo dimensionar el rol histórico que estaba llamado a cumplir cuando catapultóse a ocupar el principal sillón municipal de la ciudad «Atenas del Ecuador» y «Patrimonio Cultural de la Humanidad», mientras su sucesor, Marcelo Cabrera Palacios, no exímese de responsabilidad plena ante esta infamia cuando no tuvo la valentía de detenerla, mientras por causa de su lenidad y pusilanimidad el proyecto «Tranvía de los Cuatro Ríos de Cuenca» ha seguido su curso en un sinuoso proceso que es causa de ludibrio y oprobio in urbe nostra, a la vez que invoca un defraude ante el alcalde, por haber ofrecido que no continuaría con su implementación, promesa incumplida que condénalo ab aeterno como una autoridad sobre la que pesa el horribilis mare magnum que el tranvía ha causado y que esta publicación lo registra como fiel testimonio de un asunto que no débese quedar libre del juzgamiento de la historia.



Prácticamente desde los mismos instantes en que el proyecto «Tranvía de los Cuatro Ríos de Cuenca» anunciábase, Eduardo Cardoso Martínez representó una voz de alerta que supo advertirnos de las incongruencias, inconsistencias e inconveniencias del sistema. Hoy, a las puertas de su funcionamiento, todos percibimos con diáfana claridad que este proyecto complicará más los problemas de tránsito que adolece la ciudad y cuando el tiempo ha dado la razón a Eduardo sus valientes denuncias no deben representar «la vox clamantis in deserto» o «la voz que clama en el desierto». Por ello, esta obra adquiere auténtico sentido al momento que su autor ha querido compilar en ella todas sus valiosas observaciones, las cuales, dicha sea la verdad, a pesar de haber sido planteadas con gran conocimiento, nunca fueron escuchadas por el  poder de turno.


Por eso, era menester que Eduardo consolide esta publicación ad futuram rei memoriam demostrándonos sus particulares dotes para la pluma, pues las incidencias del galimatías que ha implicado el tranvía están escritas de modo claro, concreto, frontal y directo, haciendo que el lector comprenda los complejos aspectos técnicos del tranvía, que podrían ser tediosos hasta para los técnicos, mas en la pluma de Eduardo vuélvense entendibles por su grácil estilo y la deliciosa sencillez con que escribiéronse.



Y el talento que nótase en la pluma de Eduardo Cardoso Martínez no es fortuito ni casual. En sus antepasados existe vena literaria cuando Juventino Vélez, el fundador del diarismo en Cuenca, es uno de sus distinguidos ancestros, mientras la familia Martínez ha tenido una natural predisposición para la escritura y ha embebídose también de la luminosa presencia de Manuel María Palacios Bravo, el poeta gongoriano de Cuenca, pluma egregia que in excelsis ha brillado con luz propia en el parnaso de la morlaquía.



Y gracias a esta cualidad innata de Eduardo puédese comprender su gran ingenio, a nativitate, al momento de escribir este libro, ya que el tranvía indujo a su prodigiosa imaginación para narrar los sucesos que este «invento» ha producido desde dos escenarios: la ciudad de Santa Ana de los Ríos de Cuenca, en donde vivimos las trepidantes y conmocionadas circunstancias que el tranvía ha ocasionado, y Ciudad Ilusiones, concebida como urbe gemela de la capital del austro ecuatoriano, donde acontecen, paradójicamente, los fantasiosos vericuetos que el proyecto tranvía lleva consigo, con el iluso alcalde que lo concibió, los ilusionados concejales que irresponsablemente aprobaron el proyecto, los fantasiosos técnicos que lo han ejecutado y los ambiciosos y pishquistas personajes que, entontecidos por el dinero y sin escrúpulo alguno ni valores éticos, hicieron lo posible y lo imposible para imponernos un supuesto adelanto para el progreso de Cuenca.


Los textos creados bajo este contexto narrativo relucen de veracidad y en ocasiones vuélvense ipso facto desenfadados y burlescos, pero siempre vivos de fuerza expresiva, mientras los hechos que suceden, diem per diem, en Ciudad Ilusiones, revístense de hilaridad para caricaturizar a los inefables personajes que atropellaron a Cuenca al imponernos el tranvía, sin que nadie pueda impedirlo para desgracia de la «ciudad cargada de alma», en una atmósfera en donde las ocurrencias de Eduardo son conceptuosas y elocuentes, llenas de energía y concentrada pasión, mientras su notable capacidad para escribir cosas hilarantes nos deja siempre absortos gracias a ese espíritu observador del que guíase para ridiculizar el cantinflesco modus operandi con el cual el tranvía ha implementádose en Cuenca haciendo que este hecho histórico quede narrado para las presentes y futuras generaciones que no deberán jamás olvidar que, ad initium tertio millenio/ a inicios del tercer milenio, Cuenca del Ecuador fue el escenario de estrepitosas actuaciones con las cuales, al grito del progreso, atentóse contra su esencia engolfándola hacia un tenebroso momento en el que, ad verecundiam, el tranvía es atropello e infamia que expavécenos de profundis in anima nostra.



Mas la fuerte convicción y el admirable espíritu cívico de Eduardo Cardoso Martínez forjaron el temple para convertirlo en un luchador nato frente a las barbaridades que el proyecto tranvía ha inficionádonos en la comunidad cuencana. Y su lucha por la verdad y la justicia ha tenido un caro precio cuando el alcalde Paúl Granda López y sus secuaces intentaron enjuiciarlo por sus valientes denuncias, en un contexto en donde decir la verdad con acrimonia parece un crimen, mientras estos intentos de criminalización de una lucha honesta solo son las argucias de las que válense rapaces personajes para amilanar a las conciencias de quienes, como Eduardo, deliberantes, rebeldes y altivos, enfréntanse a los que sírvense de las malas artes del engaño para hacer de las suyas creyendo que vivimos en un medio sin Dios ni ley. Y como no podía ser de otra manera, Eduardo incluye las incidencias de esta persecución dentro de la obra como testimonio de que el miedo no le ha sido conocido hasta el punto de no renunciar jamás a su ánimo de buscar justicia y verdad en el proyecto tranvía.



 Acertada pues la decisión de Eduardo para dejar escritas en un libro todas las cosas infames que no débense ocultar ad perpetuam rei memoriam/ para perpetua memoria. Estamos seguros de que todos cuantos tengan la oportunidad de leer esta obra habrán de descubrir a un escritor sensible, de aguerrido temple, justiciero y luchador que ha querido, con esta obra, reivindicar a Cuenca de uno de los más graves atentados cometidos en su contra in honorem invencibilis ignorantia et stultitia.

Diego Demetrio Orellana

Datum Concha, apud flumina Tomebamba, mensis februarii, die XX, currentis Anno Domini MMXVII, octava Dominica in Sexagesima.

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