viernes, 24 de octubre de 2014

VÍCTOR ARÉVALO Y EL PAISAJE CUENCANO


LUX ET COLORIBUS AD GLORIAM AETERNAM

Super flumina Tomebamba, las artes plásticas cuencanas del siglo XX pueden dar cuenta de referentes luminosos cuya influencia mírase reflejada en gran parte de la producción artística actual. Entre estas descollantes figuras hállase el maestro Víctor Arévalo, cuya actividad plástica es relevante y ha incidido de profundis en varias generaciones de artistas locales que desarrollan su trabajo profesional en el campo artístico y que son sus discípulos, pues Arévalo fue profesor universitario por 37 años, primero en la Academia de Bellas Artes «Remigio Crespo Toral» y luego en la Facultad de Artes de la Universidad de Cuenca, espacios de cotidiano encuentro con la docencia, en el dibujo y la pintura, en su larga y proficua existencia.


Su gran capacidad de dibujante y pintor y su inquieta curiosidad intelectual le han permitido incursionar también en la escultura, con notable presencia, siendo hoy un sui generis pintor y escultor, cuya obra ha diseminádose urbi et orbi en nuestra comunidad convirtiéndole en un artista académico admirabilis et singularis, por lo que trátase de uno de los últimos representantes del costumbrismo cuencano, en el que conspicuos artistas han ido marcando el pulso de las artes plásticas en la capital de la morlaquía, desde Tomás Povedano, junto a los cuencanos Honorato Vázquez y Manuel Moreno Serrano, quienes, con sus creaciones, secundum artem, dejaron una estela luminosa seguida por otros hasta consolidar un interesante acervo que nos permite hoy detectar, en retrospectiva, a aquellos personajes que son los ejes esenciales de la historia de las artes plásticas en la capital azuaya.



Arévalo fue alumno de Luis Toro Moreno, Emilio Lozano, Oscar Donoso y Luis Pablo Alvarado, siendo un discípulo con especiales dotes para el dibujo, la pintura y la escultura, campos en donde ha demostrado gran talento y genialidad. Academicista par excellence, ha realizado múltiples exposiciones artísticas en el alma mater cuencana, en Azogues y en Loja tanto como en su ciudad natal, en la que ha expuesto en la Municipalidad de Cuenca, el Consejo Provincial del Azuay, la Asociación de artistas del Puente Roto y en algunas galerías particulares, a través de los tiempos.


Humilde en todo instante, ha rehuido siempre a los concursos culturales. A pesar de ello, fue triunfador del certamen artístico del II Congreso Eucarístico de Cuenca, en 1967, con la presencia del legado pontificio, el cardenal Julius Doephner, in illo tempore Arzobispo de Munich y Freising. Siempre considerado como un preclaro artista académico por la crítica local y nacional, hoy es un referente indispensable de las artes plásticas de la localidad y en el año 2013 la I. Municipalidad de Cuenca le concedió la presea «Fray Vicente Solano» pues ha prestigiado a la tercera ciudad de la república como centro de arte y cultura en la patria ecuatoriana.




En este contexto, Víctor Arévalo se inscribe in excelsis como un hábil artífice de la plástica local, siendo el continuador de aquella copiosa obra artística que, inspirada en el paisaje, el retrato y los diversos motivos que siguen los cánones estrictos de la «academia», en el siglo XX, ha sido producida por artistas tales como Nicolás y Rafael Vivar, Abraham Sarmiento Carrión y Abraham Sarmiento Ruilova, Luis Toro Moreno, Emilio Lozano, Oscar Donoso y César Burbano, tanto como Luis Pablo Alvarado, para continuar -en la segunda mitad del siglo XX- con otras figuras prominentes que han sido egregios actores culturales del mundo artístico, entre los que destácanse artistas como Eudoxia Estrella viuda de Larrazábal, Oswaldo Moreno Heredia, Carlos y Alejandro Beltrán y otros, junto a los cuales hállase esplendente Víctor Arévalo Vázquez, consagrado hoy, ad initium tertio millenio, como un academicista que brilla con prístina luz desde la tercera ciudad de la república.





Y en tanto el maestro Arévalo tiene 91 años de edad, sigue vigoroso en su accionar plástico, en pleno siglo XXI, en la época del arte contemporáneo, como un acucioso y devoto artista que pinta y crea por el único gusto de retratar in stricta veritas todo cuanto ve, casi fotográficamente, como si fuese un reportero de la realidad en su más pura faz, puesto que para él -convencido como está de que un artista déjase guiar de ese «quid divinum» que lo impulsa para crear sorprendentes obras destinadas a la contemplación- el arte es, in historia mundi, uno de los lenguajes de los que el género humano ha hecho uso para expresar el pensamiento universal. Por ello, a través de la obra de este eminente artista puédense vislumbrar, como en un caleidoscopio, las más importantes etapas de su producción plástica, con interesantes creaciones en las que subyacen los más profundos sentimientos y conceptos que el maestro se plantea al momento de enfrentar el proceso de creación plástica.







Es en este contexto que el maestro Arévalo ha convertídose en el último realista de Cuenca, urbe tradicionalmente ligada a las diversas expresiones artísticas que la han configurado como un sitio de auténtica personalidad in aeternum, hasta resurgir en el horizonte planetario como «Patrimonio Cultural de la Humanidad» desde el 1 de diciembre del año del Señor de 1999.





Así entonces, a fortiori, en la historia del arte cuencano del último siglo existen personajes que permanecen como indispensables referentes que han delineado los rasgos esenciales del desarrollo artístico de la urbe y, en este copioso grupo de artífices, Víctor Arévalo Vázquez brilla con luz propia sicut lumen de lumine in patria aequatorianae/ como luz de luz en la patria ecuatoriana.






Todos quienes han pasado por las aulas universitarias, como alumnos del maestro, reconocen que él fue quien les dejó una égida para su vida y les orientó desde la pintura, para encontrar el campo de la plástica en el que desarrollan sus actividades profesionales diem per diem. Por esta razón, Víctor Arévalo ha trascendido con derecho propio in saecula saeculorum, como un símbolo de la historia del arte cuencano en la segunda mitad del siglo XX y las dos primeras décadas del siglo XXI. Ergo, a la hora de historiar el arte local, ante omnia, la actividad plástica de Arévalo es fundamental para decodificar el desarrollo histórico de las artes in communitate nostra.


La obra de Arévalo consolídase sobre todo en el dibujo y la pintura, en donde puédense descubrir una notable capacidad para el trazo artístico y la captación de las formas, mientras en la técnica pictórica son dignas de admiración sus particulares dotes para el manejo academicista, que define al artista en su más pura esencia, habiendo incursionado en variadas técnicas como la acuarela, el óleo, el acrílico o las tintas, explorando siempre nuevas formas de crear y desarrollando auténticas técnicas descubiertas por él como vehículos primordiales para plasmar, ex admirationem, todo cuanto su mente recrea, como al utilizar la brea y producir hermosas obras en donde la monocromía permite que sus propuestas se eleven a la categoría de obras maestras, debido a la admirable capacidad de conseguir luz y vida en cada una de las sorprendentes creaciones que es capaz de producir in vita suam.







Digamos entonces hic et nunc/ aquí y ahora, que su desbordante curiosidad lo ha llevado a ser un constante experimentador de materiales, hallando en cada momento originales formas de expresión plástica y así, sus trabajos realizados con brea son de veras peculiares pues, a través de este elemento, Arévalo tiene mucho qué contar y bastante qué decir cuando trátase de un objeto artístico par excellence






Cosa similar debemos decir al contemplar sus experimentaciones con el terciopelo que, convertido en lienzo, es el medio idóneo para plasmar preciosos paisajes y bodegones que resaltan esplendentes reflejando su conspicuo talento y experticia para crear hermosas obras artísticas. 










De esta forma, el terciopelo vuélvese como una textura en la que el maestro pigmenta el óleo con una notoria capacidad para lograr espléndidas imágenes en las que consigue vívidas creaciones con apenas uno o dos colores, los cuales definen, a maxima ad minima, las composiciones con las que muestra no solo paisajes sino además curiosos bodegones que el artista pinta in situ, pues él mismo arma los conjuntos que luego son obras artísticas o toma apuntes que después conviértense en originales creaciones que tienen un sello personal que identifica a su autor con la estela luminosa de un maestro de la pintura. Mas, polifacético siempre, Arévalo ha incursionado asimismo en la escultura y en la elaboración de máscaras para la época de inocentes, denotando su gran sentido del humor in corpore et in anima. Y dentro de la escultura ciertamente, tiene también un preciso manejo de las formas. 








Exceptis excipiendis, sus obras costumbristas, imbricadas siempre en la naturaleza que nos circunda, lo encumbran cual si fuese un reportero gráfico del paisaje cuencano y serrano, in puris naturalibus, con un perfeccionismo y puntillismo que asciende a la gloria y llega, cum  accurata diligentia, al hiperrealismo y su refulgente forma de registrar la realidad, con una experticia pocas veces lograda en quienes ejercen el oficio de pintores, ora en el medio local, ora en cualquier lugar del planeta. 








Y esta es, sin lugar a dudas, la condición sine qua non que encuéntrase en cada una de las creaciones de este magnánimo maestro de las artes plásticas cuencanas, quien ha sido un personaje en constante proceso de evolución artística, como nos confirman sus trabajos realizados en las corrientes abstractas, en donde percíbese, ex aequo/ de buen ánimo, su talento para buscar diversos lenguajes artísticos con un sello personal que refléjase en un estilo propio que lo identifica per se, tanto como en algunas de sus obras hechas en acuarela o tintas, en donde no pierde su gran capacidad creadora y su perspicaz sentido de observación y contemplación para capturar la realidad, ipso facto, con un especial sentido estético que sublima al más imberbe ciudadano que observa sus obras ad gloriam aeternam.






Mas Víctor Arévalo es, in stricta iustitia, un artista completo, a capite ad calcem/ de la cabeza a los pies, pues desde el retrato también han vístose sus aportes, ya que en este género muévese también como un pez en el agua, denotando sus notables capacidades para pintar la figura humana.  Ergo, en los diversos y múltiples trabajos de retratos realizados en su prolífica vida hállanse sui generis dones artísticos para captar la «vera effigies» y los rasgos particulares de las personas que por él han sido retratadas, a punto tal que la crítica especializada considéralo como un artista con un singular manejo de la figura humana, puesto que en varias de sus obras puédese corroborar, ad súmmum, su habilidad para detectar, sub specie instantis, la fisonomía de los personajes retratados con su pincel, de manera casi fotográfica.




Estamos pues, ante un gran dibujante, un genial pintor y un destacado escultor y por todo esto, el maestro Arévalo es cual sol luminoso que irradia con fuerza, in excelsis, en todos los 64 años transcurridos desde la segunda mitad del siglo XX hasta los actuales días en que, a sus 91 años de edad, aún sigue en su tarea silenciosa, creando arte y belleza, en una ciudad particularmente afecta a las manifestaciones espirituales, entre las que la pintura tiene un indiscutible sitio para erigirla como un centro cultural de relevancia en la nación.


De esta forma, trátase de un personaje epónimo en el desarrollo histórico de las artes cuencanas, pues en Arévalo conjúganse simultáneamente genialidad, talento, gusto estético, sensibilidad a toda prueba y una humildad ejemplar, que es propia de los grandes artistas, a la vez que, con una sorprendente naturalidad, el maestro manifiesta convencido que quienes ejercen el oficio de pintores deben encontrar su propio estilo para expresarse, ars gratia artis, con un lenguaje plástico que los identifique con autenticidad, a la vez que defiende la genuina postura o pose que es menester adquirir con la experticia del oficio, para detectar, de momento ad momentum, una propia visión contemplativa del objeto que conviértese en motivo de las creaciones plásticas.


Así entonces, este magnánimo maestro nos demuestra que la pintura realista sigue siendo, nunc et semper, un lenguaje válido en el universo de las artes y permite reflejar, in stricta veritas, al verdadero artista en todas las épocas, lugares y circunstancias históricas.


Ad concludendi, digamos que la presente exhibición plástica constituye también un homenaje al maestro Víctor Arévalo Vázquez, por haber sido honrado con la insignia «Fray Vicente Solano» el pasado año 2013, pues la luminosa trayectoria de este artista ha prestigiado a la «Atenas del Ecuador», urbis semper amata et intemerata, con una brillante actividad plástica que perdurará in aeternum para las presentes y futuras generaciones de una urbe convertida en centro incomparable de arte y cultura in patria nostra et in mundum universum.   

A Deo benedicaris

Diego Demetrio Orellana

Datum Concha, ad initium mensis octobris, reparata salute Anno Dominicae Incarnationis MMXIII, in octava XXVI Dominica per annum.

OPINIONES CIUDADANAS


DE: Jorge Suarez
PARA: DIEGO DEMETRIO ORELLANA
ASUNTO: RE; LUX ET COLORIBUS IN CONCHA
FECHA: OCT. 24   11:05 PM

Diego, es como si la luz de esos cuadros hubiesen penetrado en mi hogar, en mis sentidos..
¡Cuánta belleza! ¡Qué agradable verlas!

Gracias por la invitación, a la cual lamento no poder concurrir. Felicitaciones a usted por los textos y al maestro... toda mi admiración.


Saludos,

Jorge Suárez
GUAYAQUIL
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DE: Jorge Amadeo Alvarez Espinoza
PARA: CRÍTICA Y OPINIÓN CULTURAL
ASUNTO: RE: VÍCTOR ARÉVALO  Y EL PAISAJE CUENCANO
FECHA: 25 DE OCT.  6:17 PM

Estimado Diego Demetrio Orellana:

Un cordial saludo. Felicitaciones por tan profundo conocimiento de la pintura y obra en general del maestro Víctor Arévalo, mil gracias por compartir esta información con quienes amamos las artes y somos fieles admiradores de nuestros artistas cuencanos especialmente. Lo compartiré con otros creadores que estoy seguro aprendieron del maestro y hoy buscan "llenar" de arte mural los espacios públicos y privados de nuestra querida Cuenca, con propuestas inéditas que recrean nuestra identidad, como una forma de democratizar la cultura.

Att.,
Jorge Álvarez E.
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DE: Diego Benavides
PARA: CRÍTICA Y OPINIÓN CULTURAL
ASUNTO: : RE: VÍCTOR ARÉVALO  Y EL PAISAJE CUENCANO
FECHA: 29 DE OCT. 5:53 PM 

Gracias Diego por compartir tus artículo; son muy bonitas las pinturas de Víctor Arévalo. Es un artista excelente; se nota mucho el sentimiento que pone en cada uno de sus cuadros. Hubiera sido un placer estar en esta exposición

DIEGO BENAVIDES

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