lunes, 31 de julio de 2017

IHS: IESUS HOMINUM SALVATOR

IHS: IESUS HOMINUM SALVATOR

PRECIOSO VITRAL FRANCÉS DE LA IGLESIA DE SAN ALFONSO, 
EN CUENCA DEL ECUADOR, CON EL ANAGRAMA DE LOS JESUITAS
 IN SPLENDORE ET GAUDIO



In honorem Christi, las siglas «IHS» conforman el anagrama, monograma o acrónimo del nombre de Nuestro Señor Jesucristo, Dominus ac Redemptor, y significan: «Iesus Hominum Salvator» in lingua latina, madre nutricia de nuestra incomparable lengua de Castilla donde la expresión tradúcese por: «Jesús Salvador de los Hombres», ad futuram rei memoriam.



Fiat lux, para la Compañía de Jesús esta trilogía de letras representa un trigrama que devino en su símbolo esencial como orden religiosa, desde que su fundador, San Ignacio de Loyola, cuya solemnidad celebramos hoy 31 de julio, utilizó tal anagrama en su sello de Praepositus Generalis de la naciente orden regular de clérigos en el año del Señor de 1541.




Desde entonces, secundum histórica veritas, el signo «IHS» adoptóse como símbolo de la Societas Iesu o Compañía de Jesús. Post factum, los jesuitas empezaron a usar tal anagrama como suyo propio encerrado en un círculo con refulgentes rayos solares que despréndense lumínicos in veritatis splendor.

El monograma, al quedarse incluido dentro de la circunferencia, adquiere en su conjunto una forma de sol incandescente con la adición de tales refulgentes rayos, en exacto parangón de un significado cristológico por el que concíbese a Nuestro Señor Jesucristo como el nuevo sol naciente ad omnes gentes super orbis terrarum.


Mas el jesuitico monograma no es completo sin la presencia de una cruz, la cual fue adoptada también por los jesuitas, in veritas semper fidelis, por encima de la letra «H» prodigando una gran fuerza expresiva al emblema cristólogico e identitario de los hijos de nuestro padre San Ignacio de Loyola.

El símbolo tiene variadas versiones, como multifacéticas son las imaginaciones de la gente y así, en algunas de aquellas, hállanse, ad infra, por debajo, los tres clavos de la crucifixión del Divino Redentor, elementos que consolidan más aún su significación salvífica in Societate Iesu et in commemoratione de Passione Domini.

Teológicamente, in historia ecclesiae, ha interpretádose que los tres clavos no evocan tan solo el sumo sacrificio del sublime suplicio de la redención, puesto que –simbólicamente-  engolfan al creyente para pensar en el Dios trino y uno, Sancta Trinitas unus Deus, en donde Cristo, Filium Dei unigenitum, es la segunda persona de la Santísima Trinidad.


Ab origine, conviene navegar por las apacibles aguas de la etimología para completar el «sensus vero» o «verdadero sentido» del acrónimo jesuitico par excellence.



Así pues, dígase entonces, in honorem veritatis, que las siglas «IHS» provienen originariamente de la lengua griega, puesto que «IHΣ» son las tres primeras letras del nombre de Jesús en tal idioma que, in extenso, es: «ΙΗΣΟΥΣ». Del griego, la sigla «IHΣ» pasó a la lingua latina y evolucionó hasta identificarse como «IHS».


Ante disceptationem, el tema es complicado etimológicamente si hemos de considerar que en griego la sigla «IHΣ», al representar las tres primeras letras del nombre heleno de Cristo, difiere sustancialmente con la sigla latina «IHS», al significar ésta toda una expresión ya conformada gramaticalmente como «Iesus Hominum Salvator». Esta particularidad hace no ser tan convincente que la sigla griega «IHΣ» equivalga ex integro a la sigla latina «IHS», prefiriendo pensar que hubo una evolución en ésta última hasta estructurarse el acrónimo latino in honorem ChristiNo obstante, quid pro quo, hay una familiaridad explícita entre las dos lenguas, en el nombre de Jesús, lo que da cuenta del interesante origen grecolatino del anagrama cristológico y jesuitico in historia mundi.




In via historiae, la verdad sea dicha, ha vístose que en las inscripciones mortuorias de los primeros cristianos colocábase este trigrama que, con la influencia de la cultura romana, fue interpretado luego, in nostra amata lingua latina, como la abreviatura de la frase «Iesus, Hominum Salvator» o «Jesús, Salvador de los Hombres», como ya lo dijimos ut supra.




Cabe indicar que el trigrama «IHS» tiene también una variación con el trigrama «JHS», pues en la lingua latina, lingua sacra in nostra Sancta Mater Ecclesia, la palabra Jesús puede comenzar con «I» o con «J», como dos variaciones a lo largo de la historia, por lo que el acrónimo puédese escribir, ad libitum, como «Iesus, Hominum Salvator» o «Jesus, Hominum Salvator», siendo las dos formas válidas debido a la versatilidad de nostra mater lingua, el Latín. 



Ad orientem, en la cultura griega, no obstante, también era el monograma de Cristo la combinación de las letras «X» y «P», entrelazadas o yuxtapuestas una sobre otra, siendo un símbolo que con el correr del tiempo conocíase como el crismón, adoptado por Constantino, el Grande, en sus estandartes militares. Ad exemplum, durante el siglo IV el crismón representábaselo, ora en los monumentos, ora en los edificios públicos, ora en las iglesias y sarcófagos, como en lámparas, vestimentas, ropas, utensilios caseros, etc.


Por otra parte, a similis, en la cultura latina, en los primeros siglos del cristianismo iba configurándose el uso del monograma «IHS» como nombre del Señor tanto como en la época de la Patrística y los siglos subsiguientes, con la era carolingia, la Alta y la Baja Edad Media.



Mas el anagrama hízose más popular con San Bernardo de Claraval, durante el siglo XII, pues es este santo quien impulsó la devoción al Santísimo Nombre de Jesús in nostra Sancta Mater Ecclesia.



El tiempo vuela, in via veritatis, y llegamos a la décima cuarta centuria cuando el beato Juan Colombini, fundador de la Congregación Jesuati, acostumbraba llevar tal acrónimo en el pecho.





Ya para el siglo XV la sigla «IHS» convirtióse en un símbolo iconográfico que definía a Cristo y así fue aceptado por San Vicente Ferrer, OP, gran predicador dominico durante el cisma de Occidente.


Pero es San Bernardino de Siena, OFM, sol refulgente de la orden del seráfico San Francisco, quien lo popularizó pues, secundum historica veritas, el benemérito franciscano, al final de sus homilías, presentaba piadosamente a su ávida audiencia este monograma circundado de rayos, por lo que fue censurado e incluso llamado ante el papa Martin V, con quien concluyóse justamente el terribilis et horribilis Cisma de Occidente.





Por extensión, los padres franciscanos, siguiendo a San Bernardino de Siena, OFM, fueron importantes propulsores de la celebración del Santísimo Nombre de Jesús y continuaron difundiendo el anagrama, urbi et orbi, en sus directas áreas de influencia durante la Baja Edad Media.

Así, el acrónimo del nombre de Jesús adquiría pleno vigor in Sancta Romana Ecclesia y para el siglo XVI era ya un símbolo cristológico de reconocida presencia ab intra ecclesiae, como pruébase en esta vidriera del año del Señor de 1524, donde confírmase que el trigrama era un ícono ya muy posicionado en la iconografía católica romana.



Es en este contexto cuando San Ignacio de Loyola adoptó el monograma en su sello como Praepositus generalis de la Compañía de Jesús, para luego convertirse en el «signum fidei» de los jesuitas y emblema sempiterno de la orden ignaciana usque ad consummationem saeculi/ hasta la consumación de los siglos.


La razón por la cual Ignacio de Loyola lo escogió como símbolo para su sello débese a que su orden religiosa llámase la Compañía de Jesús y no otro signo más elocuente podríase haber seleccionado como representación expresa de la centralidad de Cristo para todos los jesuitas in omnia Terra. Llama la atención que en el sello escogido por el santo fundador de los jesuitas colocáronse debajo del trigrama una luna y dos estrellas que, equidistantes, circúndala, lo cual da cuenta de otra creativa manera de representación del acrónimo del nombre de Jesús. 



En la propia Curia Generalizia de la Compañía de Jesús, centro nuclear de los jesuitas in Roma aeterna, antes de ingresar a las llamadas «cámaras de San Ignacio» encuéntrase grabado en bronce el trigrama jesuitico «IHS» con la cruz que nace sobre la letra «H» y exáltase gloriosa in nomine Iesu.




Allí mismo, in Roma semper aeterna, apud Sancte Ignatius, en las prenombradas recámaras de San Ignacio de Loyola, encuéntrase también el anagrama de Cristo en un fresco de singular aspecto, encerrado en una circunferencia, alrededor de la cual inscribióse la frase latina: «ET VOCATUM EST NOMEN EIUS IESUS», expresión que en nuestra encantadora lengua de Castilla significa: «Y SE LE PUSO EL NOMBRE DE JESÚS» tal como lo indica el evangelista San Lucas in sacra scrptura et in honorem Christi.





Ad effectum videndi, para la Compañía de Jesús es significativa la escogencia del trigrama de Cristo por parte de San Ignacio de Loyola, puesto que en muchas de las representaciones iconográficas del santo fundador de la Orden religiosa aparece él mismo, per se, sujetando con su mano derecha el acrónimo de Nuestro Señor Jesucristo, Hominum Salvator ad omnes gentes, como puédese contemplar en esta preciosa escultura del llamado «altar de la conversión» en el Santuario de Loyola, justamente en la habitación en que, convaleciente, San Ignacio convirtióse al cristianismo decidiendo dejar las armas in honorem Christi para luego fundar la Compañía de Jesús in nostra Sancta Mater Ecclesia ad maiorem Dei gloriam.



Mas la semiótica del acrónimo jesuitico es amplia y préstase para una serie de interpretaciones que aléjanse un tanto de la ortodoxia in historia mundi. Así, para algunos la sigla «IHS» significa: «In Hoc Signo (vinces)», latina frase que junto a la cruz vio en el cielo el emperador Constantino cuando convirtióse al cristianismo y que en nuestra esplendorosa lengua de Castilla significa: «Por este signo vencerás», mientras, quid pro quo, para otros, el anagrama «IHS» significa: «In Hac Salus», lo cual tradúcese en castellano como: «En esta (cruz) la salvación».




In Societate Iesu, ha considerádose asimismo, fuera de la ortodoxia, que el monograma «IHS» significa: «Iesus Habemus Socium» que podríase traducir como: «En Jesús tenemos un socio».





In vita communitatis, la religiosidad popular también ha aportado con curiosas significaciones al anagrama de Cristo y así, para la gente piadosa, in historia nostra, el trigrama «JHS», con la versión de la letra «J» ha sido interpretado como «Jesús Hostia Santa» o «Jesús Hostia Sagrada» in hispanica lingua et in América Latina. Lo precedentemente manifestado permite ver, inter nos, la maravillosa versatilidad de la hermosa lengua de Castilla versus su lingua mater, el Latín, entrelazándose lúdicamente entre sí, como el Latín y el Griego más arriba, in honorem Christi et pro populo beneficio.


Como puédese ver, estas últimas interpretaciones parecen forzadas, prima facie, pero el hecho da cuenta de la fluidez con la cual el acrónimo cristólogico ha pervivido in perpetuum, ad gloriam Dei, in nostra Sancta Mater Ecclesia.



Ars gratia artis, en la historia del Arte, el anagrama jesuita ha tenido también interés explícito, ora en el vitral, ora en la pintura, ora en la escultura. Así, exempli gratia, en las artes plásticas son muchas las obras pictóricas en las que el acrónimo representóse eurítmicamente, siendo tres las creaciones artísticas que llaman nuestra atención ad hoc en este ensayo. La primera, verbi gratia, el fresco de la bóveda de la iglesia matriz de los jesuitas, in Roma semper aeterna. 




Nos referimos a la iglesia del Gesú, donde Giovanni Battista Gaulli, conocido como el Baciccia, pintó entre 1676 y 1679 un magistral fresco en donde el acrónimo jesuita «IHS» es el punto focal de una didáctica pintura mural y hállase inmerso en una luz incandescente, cual si fuese un sol esplendoroso, lumen de lumine in Terra. Por encima de la letra «H» la cruz refulgente parece formar el símbolo correspondiente a Saturno, que brilla como un astro solar y -para la crítica especializada-  hállase en amalgama con todos los que conformamos el pueblo de Dios, que a través del Santo Nombre de Jesús buscamos la alquimia espiritual, a fin de convertirnos en el Sol Invicto, que hállase presente también en el anagrama de la Compañía y es como el «oro» o «aurum», que es el Señor Jesús.



El acrónimo jesuita representado entonces como un sol, lux veritatis ad omnes gentes, está rodeado de una corte de ángeles adoradores y triunfantes junto con hombres y mujeres que representan a nostra Sancta Mater Ecclesia como el «cuerpo místico de Cristo» dirigidos a él en alquimia simbólica in honorem Sanctissimi Nominis Iesu.



En la misma bóveda del templo del Gesú existe un conjunto escultórico realizado por Antonio Raggi y Leonardo Retti, en donde una filacteria sostenida por ángeles orantes, vivificantes y triunfantes dice in lingua latina«In nomine Jesu omne genuflectatur cælestium, terrestrium et infernorum/ En el nombre de Jesús todos genuflexionan en el cielo, la tierra y el infierno», puesto que solo al Señor, Pontifex fidelis et misericors, débesele toda gloria y majestad, como lo han enseñado desde siempre los hijos de San Ignacio de Loyola in universa terra.


La tercera obra de arte vinculada con el anagrama jesuita está en la National Gallery de Londres y fue pintada por el Greco entre 1578 y 1579. Es conocida como «La adoración del nombre de Jesús», «La gloria de Felipe II» o «La Alegoría de la Liga Santa». In splendore et gaudio observánse en ella dos espacios interdependientes, superpuestos e intercomunicados gracias a los rayos luminosos y las miradas de los personajes ad infra. Ut supra, no obstante, existe un rompimiento de la gloria celestial para mostrarnos entre las nubes el trigrama, «IHS» del nombre de Cristo. La multitud hállase de hinojos en adoración del nombre de Jesús. Diríase mas bien, in lingua latina semper amata: in sollemnitate Sanctissimi Nominis Iesu. La gente encuéntrase junto a Felipe II, rey de España, el almirante Juan de Austria, el papa Pío V y el Dux de Venecia que contemplan patidifusos la visión salvífica. El purgatorio, en medio de una flamígera atmósfera, encuéntrase a sus espaldas, mientras Leviatán devora a infieles y herejes, en primer plano, ad dexteram, a la diestra, en apocalíptica escena.


Para quienes, in honorem artis, prefieren la semiótica teológica del cuadro a la razón política que pudiere trasuntar per se, el verdadero protagonista de la obra es Felipe II, Rex Hispaniarum, quien estaría ad portas del Juicio Final. Esta explicación concuerda con los nombres que recibió también el cuadro en el siglo XVII: «Felipe II en la gloria», «Visión que tuvo Felipe II» o más popularmente «La Gloria de Felipe II». Mas, independientemente de todo esto el quid de la cuestión es que esta obra maestra de El Greco es, a todas luces, la «Adoración del nombre de Jesús», por lo que nos inclinamos a preferir este nombre tan solvente para esta maravillosa creación artística in honorem Christi in historia mundi.






Mas, in honorem artis, en el mundo arquitectónico es paradigmática la presencia del acrónimo del nombre de Nuestro Señor Jesucristo en la iglesia de la Santa Croce de Florencia en donde la belleza singular del templo adquiere una especial hermosura en el pináculo del frontispicio ad maiorem Dei gloriam.



Efectivamente, como puédese ver en la imagen, en el triángulo con el que remátase el frontis de la iglesia, el cual evoca al Dios trino y uno in Sancta Trinitas unus Deus, colocóse en el centro de una estrella de seis puntas el anagrama «IHS» como preponderante elemento del conjunto y punto focal de las miradas que contémplanlo reluciente in excelsis et solus ad gloriam Dei.




Mirado ex professo en su unicidad, el trigrama «IHS» aparece, a ojos vista, rodeado de lumínicos y refulgentes rayos solares que cautivan la atención dentro de la estrella, en un azulado fondo que evoca a los inmensos mares y contrasta, ipso facto, con el blanco color del acrónimo que resalta cual si fuese una especie de stella maris dentro de una circunferencia que enmárcase en el triángulo previamente descrito bajo una atmósfera donde la euritmia y la estética confluyen magistralmente atrayendo las miradas de todos quienes pueden contemplarlo absortos y exultantes de gozo ante el inefable misterio salvífico que el ícono cristológico representa per se, ad maiorem Dei gloriam in universa terra.









Secundum artem et in honorem artis, en las diversas manifestaciones artísticas que en el mundo han sido existen sorprendentes lindezas en la representación iconográfica de este esplendente anagrama jesuitico par excellence, como podémoslo contemplar, a maxima ad minima, en el precedente despliegue de imágenes.







Semper idem, el anagrama cristológico y jesuitico ha sido también objeto de preciosos bordados en los ornamentos y paramentos litúrgicos que, in omnia terra, han fabricádose para la celebración de los oficios religiosos y ceremonias in nostra Sancta Mater Ecclesia.




Mas son múltiples los objetos sagrados que, in nostra Sancta Mater Ecclesia, contienen el anagrama jesuita como un elemento insustituible de reconocida presencia, como puédese apreciar, exempli gratia, en este hermoso relicario en cuya base distínguese el sacro trigrama «IHS» como signum fidei por el que reconócese su identificación jesuitica in honorem Christi.





En Cuenca del Ecuador, exempli gratia, puédese contemplar también el trigrama «IHS» junto al monograma de María, Mater Dei et Mater Nostra, en una atractiva vidriera francesa de la iglesia de San Alfonso, del siglo XIX, ícono emblemático de arte religioso ad gloriam Domini et super flumina Tomebamba. El acrónimo escogido constituye un ejemplo más de la rica iconografía católica romana que sobre el tema podémoslo hallar super orbis terrarum et in veritatis splendor.




Y en todas las épocas de la historia, la imaginación artística de nuestros creadores y artífices in mundum universum ha logrado sorprendentes variaciones del acrónimo jesuitico in honorem Christi et solus ad maiorem Dei gloriam in nostra Sancta Mater Ecclesia. Así pruébalo, exempli gratia, este contemporáneo mural realizado en cerámica, en donde puédese apreciar, ex admirationem, particularidades propias secundum artem et in nomine Iesu ad maiorem Dei gloriam.






En los presentes tiempos, el anagrama jesuitico inclúyese también en el escudo pontificio de Franciscus, per Divinam Providentiam Papam I. Francisco, el primer romano pontífice jesuita de la historia, precisamente explicó, ex tota claritas, la significación excelsa que para el mundo jesuita tiene el anagrama «IHS», en la santa misa celebrada in sollemnitate Sancte Ignatius a Loyola, el 31 de julio del año del Señor de 2013, a tres meses de su elección pontificia. In diebus illis, el Santo Padre expresó las siguientes palabras que las transcribimos ad peddem litterae: «Nuestro lema, el de los jesuitas, “Iesus Hominum Salvator(IHS). Cualquiera de vosotros podría decirme: “¡lo sabemos muy bien!” Pero este lema nos recuerda constantemente una realidad que no debemos olvidar nunca: la centralidad de Cristo para cada uno de nosotros y para toda la Compañía que San Ignacio quiso que se llamase “de Jesús” para indicar el punto de referencia. También al inicio de los Ejercicios Espirituales, nos pone de frente a nuestro Señor Jesucristo, a nuestro Creador y Salvador (cfr EE, 6). Y esto nos lleva a nosotros, los jesuitas y a toda la Compañía, a ser “descentrados”, a tener siempre delante a “Cristo siempre mayor”, el “ Deus semper maior ”, el “intimior intimo meo“, que nos lleva continuamente fuera de nosotros mismo, nos lleva a una cierta kenosis, a “salir del propio amor, querer e intereses” (EE, 189)».








Y como nunca antes in historia ecclesiae el anagrama de los jesuitas encuéntrase hoy in Roma semper aeterna, ex aedibus vaticanis, junto a San Pedro, en los propios jardines del Palacio Apostólico Vaticano, donde ad sollemnitatem contémplase el escudo pontificio del Santo Padre Francisco I con el acrónimo del nombre de Jesús, ícono jesuitico par excellence que el papa lo adoptó como elemento esencial de su escudo pontificio. 




 Así, ad concludendi, digamos entonces que el monograma de la Compañía de Jesús tiene una interesante historia atiborrada de anécdotas y hechos paradigmáticos in honorem Christi, Pontifex in aeternum perfecte, y el acrónimo devino, in historia Societatis Iesu, como un verdadero «signum fidei» o «signo de fe» para todo el mundo jesuita, en donde inclúyense, a mucha honra, sus viejos estudiantes sicut antiqui Societatis Iesu alumni ad maiorem Dei gloriam et solus in honorem Sanctissimi Nominis Iesu.


Diego Demetrio Orellana
In Concha, super flumina Tomebamba, mensis Iulii, die XXXI, Anno Dominicae Incarnationis MMXVII, in sollemnitate Sancte Ignatius a Loyola, primus praepositus generalis Societatis Iesu.



OPINIONES CIUDADANAS


De: Jorge Suarez
Para: DIEGO DEMETRIO ORELLANA  
Enviado: Martes 1 de agosto de 2017 1:28
Asunto: Re: UN ACRÓNIMO DE SIGNIFICACIÓN SALVÍFICA AD GLORIAM AETERNAM

Cuanta sapiencia. Felicitaciones.
saludos, Jorge
************************************************************************************


No hay comentarios:

Publicar un comentario