lunes, 21 de mayo de 2012

LA CATEDRAL DE CUENCA OTRA VEZ MAL HISTORIADA


Santa Ana de los Ríos de Cuenca, Ecuador, mayo 20 del año del Señor de 2012
In sollemnitate Ascensionis Domini

Dr. Nicanor Merchán Luco
Director de diario «El Mercurio»

Lcda. Marina Merchán Luco
Gerente de diario «El Mercurio»

De mi consideración:

«Salutem dicit»
 CATEDRAL DE CUENCA ECUADOR

Me dirijo a vosotros una vez más en defensa de la historia de Cuenca, puesto que en la edición de diario «El Mercurio» del día viernes 18 de mayo se publicó un artículo de opinión intitulado «La Catedral cuencana», de autoría de Javier de la Torre Prado, el cual se encuentra, a calvo ad calvum, atiborrado de horrorosos errores históricos que no deben aceptarse y que vosotros no deberíais permitir que se publiquen, pues el prestigio de vuestro propio matutino es el que desciende, diem per diem, al abismo de las huestes infernales a causa de estos permanentes despropósitos que ponen en evidencia, al parecer, la imposibilidad que tenéis para cuidar la calidad intelectual de diario «El Mercurio».


En esta imagen obsérvase, al fondo, a la antigua iglesia de la Compañía de Jesús 
en Cuenca del Ecuador durante el siglo XVIII

El señor de La Torre Prado dice una de las cosas más falsas que se hayan escrito alguna vez acerca de la Catedral de la Inmaculada Concepción de la ciudad de Santa Ana de los Ríos de Cuenca, al afirmar contra veritas que: «El P. Rafael Borja en el año de 1866 recibe la orden del Obispo Estévez la disposición de restaurar la iglesia de la Compañía que fuera casi derruida por un terremoto en el siglo XIX. Surge como arquitecto de la restauración el Hermano Juan Stielhe, encontrándose con la imposibilidad de ejecutarse la encomienda, debido a que las torres y la cúpula se encontraban cuarteadas por los sismos que azotaron en esa época a Cuenca».


El texto antedicho está mal redactado y no solo es causa de estupefacción ad infinitum, sino que espanta hasta los límites de la indignación superlativa, pues, en primer lugar, en nuestra historia no existió jamás ningún Reverendo Padre Rafael Borja sino el Dr. Rafael Borja Villagómez, esposo de la señora Rosa Malo Valdivieso, quien jamás recibió ninguna orden del Obispo Remigio Estévez de Toral para restaurar la iglesia de la Compañía, como equívocamente afirma el editorialista de La Torre. Este dato es terriblemente falso y seguramente la fuente de donde se lo extrajo debe ser un documento ligero, anodino y de dudosa credibilidad.

Tampoco es verdad que en el año 1866 el Obispo Estévez de Toral haya dispuesto la restauración de la iglesia de la Compañía y que haya surgido como arquitecto de la restauración el Hermano Juan Sthiele, pues este religioso redentorista no vivía en Cuenca en dicho año de 1866, ya que su llegada a la urbe se dio en 1875, nueve años después. Cabe decir que la Congregación del Santísimo Redentor, a la que pertenecía, llegó a la capital de la morlaquía en 1873 para construir el convento y la iglesia de dicha comunidad religiosa sobre la antigua iglesia de San Agustín, la cual se convirtió desde entonces en la iglesia de San Alfonso, en honor al Doctor de la Iglesia, San Alfonso María de Ligorio, fundador de los padres redentoristas, los cuales, dicho sea de paso, vinieron al país gracias a la iniciativa del presidente Gabriel García Moreno, quien los trajo al Ecuador.

Anagrama de la Compañía de Jesús
In illo tempore, ciertamente, en la década de 1870, el Obispo Remigio Estévez de Toral plantea al Cabildo Catedralicio de Cuenca la necesidad de erigir una nueva catedral para la urbe, pero dicha intención no fue consolidada en su obispado que termina en el año del Señor de 1883, con su muerte, por lo que existen muchas imprecisiones en este artículo de marras y una afirmación falaz llena de contradicciones cuando se afirma «que la iglesia de la Compañía  fue casi derruida por un terremoto en el siglo XIX», catástrofe nunca registrada en la historia cuencana decimonónica, para luego decir «que las torres y la cúpula de dicha edificación se encontraban cuarteadas por los sismos que azotaron en esa época a Cuenca» ¿Cómo entender este absurdo galimatías que refleja notoria incapacidad para redactar, al decir que dicho templo fue casi derruido por un terremoto y luego señalar que las torres y la cúpula estaban cuarteadas por los sismos que azotaron en esa época a Cuenca?

La verdad sea dicha, señores directivos de El Mercurio: en todo el siglo XIX no ocurrió jamás ningún terremoto en Cuenca, mientras sismos y movimientos telúricos como temblores siempre han sido usuales en la urbe, pero la historia de la capital azuaya nunca ha registrado, durante el siglo XIX, sismos que hayan cuarteado a las iglesias y casas de la urbe. Lo que se sabe es que la antigua iglesia y convento de la Compañía de Jesús, en parte de cuyos terrenos se levantó la Catedral de la Inmaculada, estaban en muy mal estado para la década de 1870, pero no precisamente por sismos ni terremotos sino por la incuria y el descuido en mantenerla desde el año del Señor de 1767 cuando los padres jesuitas fueron expulsados de Cuenca, en obediencia a la Pragmática Sanción del rey Carlos III de España, por la cual la Compañía de Jesús salió al destierro desde España y todos los territorios de las colonias españolas en América, siendo fácil advertir que hubo un siglo de descuido para mantener la iglesia de los beneméritos padres jesuitas de Cuenca y lógicamente, para la década de 1870, cien años después, la edificación religiosa estaba bastante maltrecha.
Ilustrísimo Monseñor Miguel León y Garrido, Obispo de Cuenca del Ecuador
Pero más adelante, el irresponsable articulista dice otra infamia en contra de la historia cuando afirma ad peddem litterae: «En el año de 1868, el Arcediano Miguel León presenta un informe detallado de la imposibilidad del arreglo. En 1880 el Obispo Toral consigue del Cabildo la autorización para la construcción de la actual Catedral, pero lamentablemente el P. León muere y deja la posta al Obispo León quien a su vez confía la elaboración de los planos al Hermano Redentorista. Juan Stielhe, de origen alemán».

Ex admirationem, las confusiones existentes en este parágrafo dejan atónitos a cualquier ciudadano que se interese por la historia de Cuenca, puesto que jamás ha existido en la historia de la Atenas del Ecuador un religioso que fuera homónimo del Obispo Miguel León y Garrido, menos en la época en que éste vivió. Así entonces, el Arcediano Miguel León es el mismo Obispo Miguel León, ideólogo de la construcción de nuestra santa iglesia catedral, y no el «P. León que muere lamentablemente y deja la posta al Obispo León, quien a su vez confía la elaboración de los planos al Hermano Sthiele» como dice de La Torre Prado, el cual se equivoca terriblemente al decir que en 1868 aquel Padre León era Arcediano, pues el Obispo Remigio Estévez de Toral fue quien lo elevó a esa dignidad, pero en el año del Señor de 1873, por recomendación del presidente García Moreno. Para más señas, en 1868 Miguel León residía en Guayaquil, donde fue Presbítero y Capellán del Coro de la Catedral durante el obispado del Dr. José Tomás de Aguirre Anzoátegui. 

Ergo, las afirmaciones del señor Javier de la Torre Prado son absurdas desde todo punto de vista y más allá de causar hilaridad reflejan poca acuciosidad investigativa a la hora de hablar de asuntos históricos que no tenían por qué ser entremezclados, enrevesados y confundidos como un río revuelto que todo se lleva por la fuerza de la corriente y en el que nada distínguese con la claridad meridiana que todos exigimos.

Hermano Juan Bautista Stiehle


La verdad histórica siempre ha señalado que la idea de levantar el actual templo catedralicio de Cuenca fue de Monseñor Miguel León y Garrido, quien pidió al Hermano Juan Sthiele, C.SS.RR, que elaborara el plano respectivo en el año del Señor de 1885, una vez que fue consagrado como Obispo de Cuenca. Como el egregio prelado quería para la ciudad tradicionalmente católica «una catedral que fuera tan grande como su fe» dícese que León y Garrido rechazó dos propuestas previas de Sthiele, porque le parecieron edificaciones de proporciones pequeñas para su propósito, y aprobó una tercera, que es la que corresponde a la actual edificación. Las excavaciones y trabajos de construcción se iniciaron el 25 de octubre de 1885, mas el 12 de diciembre de 1886 se colocó la primera piedra. Los padres redentoristas de San Alfonso, celosos guardianes de los documentos relativos a la vida del hermano Juan Bautista Sthiele, conservan una carta de este religioso, fechada justamente el 12 de diciembre de 1886, en la que, in corpore et in anima, cuenta que ese día se colocó la primera piedra del templo catedralicio. Me permito transcribir, de verbo ad verbum, parte de esta importante misiva dirigida a su hermano Chrisostomus Sthiele en Dachingen, Alemania: «…El día 12 de diciembre de este año 1886 se celebró con una ceremonia muy grande la bendición de la primera piedra. Nuestro Excmo. Señor Obispo hizo colocar una placa de mármol al  lado del altar. Esta placa lleva su nombre y el mío en conmemoración a los fundadores (autores) de esta catedral». (Traducción del Alemán, por Werner Richter).



Pero Javier de La Torre Prado vuélvese a equivocar cuando dice:  «Se lleva a cabo el tercero y definitivo plano aceptado por las autoridades y el prelado y del cual se levanta la hidalga Catedral de La Inmaculada, existiendo una maqueta por el hábil escultor Ángel M. Figueroa, bajo la dirección del hermano Juan».

Esto es completamente falso, puesto que la maqueta de la Catedral de Cuenca, realizada en madera de cedro, fue elaborada a principios del siglo XX, ciertamente por Ángel María Figueroa, pero nunca bajo la dirección del hermano Juan, quien había fallecido en 1899 cuando Cuenca como el país entero se hallaban bajo el sistema liberal. Cuando la exacerbada clerofobia radical alfarista disminuyó in diebus illis, en el año del Señor de 1907, en la segunda presidencia del General Eloy Alfaro, fue nombrado como Obispo titular de Cuenca Monseñor Manuel María Pólit Lasso, quien es el pastor que se empeña en dar nuevamente impulso a la construcción de la Catedral de la Inmaculada y es por esta época cuando el escultor Ángel María Figueroa realiza dicha célebre maqueta.

Ad interim, de La Torre Prado dice un asunto contradictorio a más no poder cuando afirma que los planos de la Catedral de Cuenca fueron hechos en 1888 y que existe un documento histórico que lo confirma, firmado en Cuenca el 20 febrero de 1888 y certificado por Manuel M. Cuesta, secretario. La pregunta lógica que deberíamos hacernos es la siguiente: ¿Cómo entender que el propio Hermano Juan Sthiele escriba en una carta del 12 de diciembre de 1886 que ese día se puso la primera piedra de la catedral si los planos de la edificación religiosa recién se contratan en febrero de 1888? Para solucionar el enigma deberíamos inferir dos cosas: que de la Torre Prado citó mal el documento histórico o lo transcribió mal o la fuente de donde la copió está errada, pues nunca podríase colocar la primera piedra de ningún edificio sin que se manden a realizar previamente los planos.


Rosa Malo Valdivieso viuda de Borja

Pero de La Torre Prado va más allá con sus equivocaciones y así dice ad litteram: «…Juan Stielhe el hermano redentorista fue el arquitecto y diseñador de la catedral, pues los Padres Redentoristas recibieron y alojaron a la llegada de los Jesuitas a Cuenca, Rafael Borja fue benefactor y colaborador con los Jesuitas».

En este texto en el que el apellido del benemérito hermano redentorista está mal escrito se encuentran más equivocaciones y confusiones inauditas, pues Rafael Borja nunca fue benefactor y colaborador de los jesuitas, mientras que no se comprende qué es lo que quiso decir el señor articulista de La Torre Prado cuando afirma «los Padres Redentoristas recibieron y alojaron a la llegada de los Jesuitas a Cuenca», ya que los padres jesuitas vivieron en Cuenca entre 1869 y 1876 dirigiendo el colegio «San Luis», que hoy es el colegio nacional «Benigno Malo», por lo que, ad absurdum, cuando los redentoristas llegan a Cuenca, en el año de 1873, los jesuitas no tenían por qué ser recibidos ni alojados por los redentoristas, puesto que ya estaban viviendo en la urbe antes de éstos. Eso es un contrasentido que hace desubicarse al lector de dicho artículo sobre las reales intenciones del señor Javier de La Torre al momento de coger la pluma para ultrajar a la historia de Cuenca.

Por otro lado, ad concludendi, el Dr. Rafael Borja Villagómez nunca fue benefactor de los jesuitas como ya se dijo ut supra. Lo que la historia ha consignado es que su esposa, doña Rosa Malo Valdivieso, hermana del Dr. Benigno Malo Valdivieso, al enviudar del Dr. Borja convirtióse en benefactora de los padres jesuitas, al donar sus bienes para la fundación de un colegio de la Compañía de Jesús en Cuenca. Una carta de la mencionada dama al P. San Vicente, Provincial de la Compañía de Jesús, fechada el 4 de agosto de 1897, lo prueba in stricta veritas y ad effectum videndi un extracto de ella lo copiamos enseguida: «Yo amo a los jesuitas, porque así lo aprendí desde niña, de mis padres y le he oído a mi hermano Benigno –que fue un gran hombre- y se lo he aprendido a mi estimabilísimo esposo, el Dr. Rafael Borja, y porque yo misma estoy convencida que ese instituto es el mejor de todos por la profesión que hace de la educación de la juventud, para la cual tienen ustedes esos dotes de virtud, ciencia y civilidad…».

Demás está decir que cuando esta distinguida mujer murió y el colegio por ella soñado se fundó, decidióse bautizarlo con el nombre de su esposo, ya que como iba a ser un colegio de varones no se quizo que se llamara «Rosa Malo viuda de Borja» sino mas bien «Rafael Borja», con lo cual quod erat demonstrandum, queda claro de parte nuestra que el Dr. Rafael Borja Villagómez nunca fue benefactor sino admirador de los padres jesuitas, lo cual es diferente.


 No puedo dejar de deciros que sería bueno que se detengan ya los permanentes atropellos que se cometen en contra de la historia, la cultura y la lengua de Castilla en este diario cuencano que nuevamente nos ha entregado un artículo que atenta a la verdad y desinforma a vuestros lectores, por lo que sería bueno que hagáis las respectivas rectificaciones por el respeto que se merecen quienes consultan  «El Mercurio».

Agradeciéndoles por la atención, suscribo de vosotros con un cordial saludo y mis sentimientos de respeto y consideración.

Atentamente,

Pax Christi in Iesu, Pontifex in aeternum perfecte


Diego Demetrio Orellana
Datum Concha, super flumina Tomebamba, mensis maii, die XX, currentis Anno Domini MMXII, In sollemnitate Ascensionis Domini
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OPINIONES CIUDADANA
S

De:
Para: "DIEGO DEMETRIO ORELLANA"
Asunto: RE: LA CATEDRAL DE CUENCA OTRA VEZ MAL HISTORIADA
Fecha: martes, 22 de mayo, 2012 17:31

Hola Diego:
Muy bien por las aclaraciones sobre la Catedral de Cuenca. Ojalá aprendan.

Oswaldo
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Para: "DIEGO DEMETRIO ORELLANA"
ASUNTO: RE: LA CATEDRAL DE CUENCA OTRA VEZ MAL HISTORIADA

FECHA: martes, 22 de mayo, 2012 05:35


Diego...

¡Felicitaciones!
Que buen artículo: ilustrativo, cierto y didáctico.
Saludos,

Jorge Suárez.
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3 comentarios:

  1. Señor Diego Demetrio Orellana:

    Su artículo es digno de felicitaciones tanto por la verdad histórica que contiene y defiende cuanto por su elegancia y fluidez idiomática.
    Atentamente. Doctor Manuel Ignacio Neira

    Agosto 02/2012

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    1. Santa Ana de los Ríos de Cuenca, agosto 2 del año del Señor de 2012
      In octava XVII Dominica per annum, AD MMXII

      Muchas gracias, Dr. Manuel Ignacio Neira, por sus apreciaciones en torno a esta entrada de mi blog que solo intenta defender la historia de Cuenca, urbis semper amata et intemerata.

      DIEGO DEMETRIO ORELLANA
      IN OCTAVA XVII DOMINICA PER ANNUM, AD MMXII

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  2. Que bien haya quien conozca y defienda a que la verdad se peremnice.

    Hernan A.Arteaga Albornoz

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