sábado, 5 de noviembre de 2011

DÍA INTERNACIONAL DE LA CORRECCIÓN DE ESTILO

Una de las 14 obras de misericordia que la Santa Madre Iglesia prescribe para los fieles cristianos es el mandato de «corregir al que se equivoca», humanitaria tarea que no siempre es entendida por los humanos mortales cuando alguien ejerce su «animus corrigendi» o «intención de corregir», en los variopintos aspectos de la existencia del hombre o en las diversas ciencias del conocimiento, a fin de que la verdad brille con todo su esplendor en cualquier campo del saber.


Y esa tarea incomprendida por el ejercicio de «corregir» es la que enfrentamos los escritores, editores y correctores de estilo cuando tratamos de reivindicar a la lengua o a la historia, con ese acucioso espíritu investigativo que, de profundis, nos acerca a la experimentación del llamado «gaudium de veritate» o «gozo de buscar la verdad», que no es otra cosa que la íntima y conmovedora experiencia personal de sentirse solazado con el descubrimiento de la verdad y su prístina belleza.


Y en esta perspectiva, la corrección de estilo es, ciertamente, un duro ejercicio que realizamos los hombres y mujeres de pluma, a fin de limpiar de toda impureza a nuestra lengua de Castilla, verdadero instrumento de poder comunicacional para la transmisión de las ideas y los pensamientos de todo el mundo hispanohablante urbi et orbi.

En tal medida, la labor de la corrección de estilo se vuelve apasionante y ardorosa mientras más amamos al idioma, ex tota fortitudine, y lo apreciamos como algo reverencial que necesita ser respetado, tanto por los lectores de los escritos de quien ha cogido la pluma para expresar sus pensamientos, cuanto por los escritores y escritoras, para quienes la palabra es la materia prima de las hermosas creaciones que somos capaces de producir cuando el lenguaje es carne de nuestra carne y sangre de nuestra sangre.


Así, los correctores de estilo buscamos, de vehementi, en el ejercicio diario de nuestra labor, no alterar el estilo literario de quien escribe, pues cada texto lleva implícita la personalidad de su autor y eso es inalienable; por ello, el dicho precioso de la lengua de Castilla dice: «el estilo es el hombre» y así, de momento ad momentum, en cada escrito nuestro dejamos parte de nosotros mismos como seres que transitamos por el mundo en esta maravillosa e insondable travesía de la vida.


Y sin alterar el estilo de cada quien, los escritores y correctores de estilo solo cuidamos los posibles errores gramaticales (ortográficos, sintácticos y semánticos) del escrito que corregimos, buscando siempre una armonía auténtica para cada texto y manteniendo el uso homogéneo del léxico, al cual lo habremos de enriquecer cuando sea menester, a fin de que esa armonía alcance también a lo que los hombres de pluma llamamos «los giros idiomáticos», que contribuyen a la adquisición de una correcta precisión semántica y a una perfecta construcción sintáctica, sin las cuales no existe esa exquisita sindéresis que debe haber, ab aeterno, entre las palabras utilizadas y el concepto o idea que, a través de ellas, queremos expresar para que la veracidad sea la coincidencia esencial entre lo que se dice y las cosas que definen lo que deseamos expresar ex toto corde.


Mas, huelga decir que la precisión semántica es el «fons et culmen» o la meta final que tenemos cuando cogemos la pluma y, en esa suprema aspiración, los escritores y correctores de estilo estamos siempre alertas a vigilar que los equívocos causados por las palabras inapropiadas que a veces se utiliza en el ejercicio de la pluma no alteren la individualidad del escrito o provoquen que el texto se vuelva abstruso o devenga en un escrito farragoso que vulnera al brillo y esplendor que, debido a su exquisita versatilidad, tiene a su haber nuestra maravillosa lengua de Castilla in Concha et in mundi.



Por todo lo dicho hemos de concluir que corregir no es sobrevolar o sobrebarrer un texto. La corrección es un verdadero trabajo intelectual que requiere de mucha acuciocidad, paciencia y vasta cultura. Es una tarea en la cual la «accurata diligentia» permite que los textos sean de veras, un real homenaje a nuestra incomparable lengua de Castilla.


Así, hoy sábado 5 de noviembre, en el DÍA INTERNACIONAL DE LA CORRECCIÓN DE ESTILO, saludamos a todos los colegas escritores, escritoras y correctores de estilo para que continuemos trabajando por prodigar elegancia y distinción a la incomparable lengua castellana, hablada hoy por casi 500 millones de personas en el mundo, las cuales son los actores indispensables para que nuestro idioma maternal perviva sano y vigoroso in saecula saeculorum.



VIVAT HISPANICA LINGUA

DIEGO DEMETRIO ORELLANA

Datum Concha, apud flumina Tomebamba, mensis novembris, die V, reparata salute Anno Dominicae Incarnationis MMXI, in vesperas XXXII Dominica per annum

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